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Myanmar. Segunda estación: Los templos de Bagan

Llegamos a Bagan tras 8 horas de sinuosa carretera a las 2 de la mañana.

En el hotel, ya nos esperaban, y pudimos dormir un poco antes de que el amigo Meré nos despertara al ritmo de: “Chicoooos!!! Bagan nos esperaaaa!!!!”

La primera parada fue la pagoda dorada muy cercana de Old Bagan, dónde empezaría nuestro  recorrido el primer día:

Al salir de la ciudad (o pueblecito, según se mire), nos dimos cuenta de dónde estábamos, y empezamos a ver lo que tantas horas de viaje nos prometían: una llanura polvorienta donde emergen como hongos miles de templos budistas.

La antigua Bagan es el nombre de la abandonada capital de los reinos que integraron la actual Myanmar. En medio de una gran meseta árida, emergen entre la vegetación miles de cúpulas de templos y estupas en una de las ciudades religiosas más extraordinarias del planeta.

Se calcula que hacia el siglo XI, unos 13.000 templos, pagodas y estupas fueron construidas en la región. Actualmente sólo podemos observar en ruinas unos 2.000 templos, distribuidos en un área de 25 kilómetros cuadrados. Dado el poco relieve que ofrece la zona, subirnos a alguno de los templos nos permitió observar el extraordinario paisaje.

Paseando por la llanura, se encontraban por doquier pequeños templos como este:

La mejor manera de moverse por Bagan, sin duda es la bicicleta. Por un módico coste se puede pasear sin limites entre más templos de los que se puedan contar. Lástima, de nuevo, de los pequeños terroristas que nos empapaban sin piedad con sus cubos de agua y mangueras. En algunos casos, uno de nosotros podía esquivarlos, aunque a pocos metros un nuevo ataque le devolvía a la humedad. Llevando cámaras de fotos resultaba un poco pesado, pues teníamos que envolver nuestras cosas con bolsas de plástico…

El primer día hay que pagar 10 dólares de fee por pasear por la zona.

Aquí podéis ver a Patri aún seca:

Cada uno con su estilo.

Aquí ya un poco más empapados:

De tanto calor, nos desenfocamos:

El interior de algunos de los templos más grandes se mantiene conservado, y se encuentran peregrinos que vienen a rezarle a buda:

Las bicicletas alquiladas no son ninguna maravilla, y como cabía esperar, la mayoría de nosotros pinchó alguna rueda durante los dos días de excursión (todos menos yo, si es que hay que aprender a ir en bici…). Afortunadamente por 20 céntimos de euro, te arreglaban la rueda en cualquier parte.

Niños monjes paseando:

Una pequeña terrorista recargando pilas antes de arremeter contra los pobres viandantes:

Entrando en otro de los templos:

Subidos en las alturas de uno de los templos, la vista era única. La verdad que lo que me impresionó más de Bagan no fue ni la arquitectura ni antigüedad de los templos (como en Camboya), sino la incontable cantidad de ellos, extendiéndose más allá de dónde alcanza la vista. Creo que la siguiente imagen describe a la perfección esa sensación.

Los atardeceres son sin duda uno de los mejores momentos para observar la llanura de Bagan:

Esta es una panorámica que hizo Pablo, si pincháis en la imagen podréis verla más grande:

Al día siguiente, ¡más bici, más agua y más templos!

Una foto los 4:

Aquí podéis observar el deterioro dental que supone mascar las raíces esas que os comentaba.

Como en toda Asía, cualquier superficie en un vehículo es susceptible de ser ocupada para viajar.

Pinchando la bici de Pablo, aterrizamos en un pueblo del interior que recordaba al más viejo Oeste de las películas de Cowboys:

Ya es que ni en los restaurantes te salvabas de ser atacado con agua:

Y con eso nos fuimos de vuelta a Yangon, dónde pasamos quizás la experiencia más dura de todo el viaje…

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Myanmar. Primera estación: Inle Lake

He tardado un poco en escribir sobre este país, pues quería coger un poco de perspectiva sobre la aventura que compartimos Patricia, Jorge, Pablo y yo. Y es que Myanmar es el viaje más duro que hemos hecho hasta el momento. Los motivos que ayudaron a darnos esa sensación fueron principalmente los siguientes:

- Llegamos en plena celebración del año nuevo budista, o Water Festival, lo que implicó recibir manguerazos y cubos de agua por encima allá por donde pasábamos (si eres blanco y chica es un incentivo para atacarte, preguntadle a Patricia). Sin duda esta es la principal razón que complicó el viaje. Puede parecer muy divertido al principio, pero no solo esta el agua: durante esta semana, el país esta de fiesta, los conductores no quieren llevarte porque van borrachos, los restaurantes están cerrados y todo es un 300% más caro. Mi recomendación es que no viajéis a Myanmar en esta época. No obstante, si decidís hacerlo, os recomiendo llevar un chubasquero, una mochila impermeable y barritas energéticas.

- La falta de preparación para el turismo occidental es, en algunos sitios, exagerada. Sin duda normal para un país que lleva abierto tan poco tiempo (y eso si consideramos que ahora lo está…). En Yangon ni encontramos un sitio normal en el que cenar. De nuevo, parte de la culpa pudo ser por la época en la que nos encontramos.

- El calor que hizo estos días fue insoportable.

Con el tiempo recuerdas las cosas de otra manera, y me encuentro escribiendo estas lineas recordando con nostalgia el país.

La primera parada del viaje fue el famoso lago de Inle Lake. Antes de colgar las fotos, he de decir que se me estropeó la cámara antes de llegar, y que por tanto el mérito es principalmente para Pablo, que hace unas fotos espectaculares. He seleccionado principalmente paisajes, pues he opinado que eran suficientemente bonitos como para no estropearlos con nosotros delante.

Patricia y Pablo se nos adelantaron un día y nos esperaron en Inle Lake. Jorge y yo hicimos una parada técnica en Bangkok (para variar, no hay vuelo directo desde Yakarta), y aterrizamos en Yangon, la antigua capital del país, dónde cogimos un tercer avión (esta vez más pequeño) que nos llevaría a Heho, a unas pocas horas de Inle Lake.

Los paisajes de este lugar hablan por si solos…

Como veis, las urbes están formadas a lo largo de las rías, que a modo de calles entrelazan toda la zona del lago. Básicamente puedes ir en barca de una casa a otra.

Entre tanto, los niños aparecían como tortugas de debajo del agua. Incluso vimos a uno lavándose los dientes en el agua marrón del río. Una imagen impactante…

Las mujeres, con pelos negros y largos, se acercaban en estas pequeñas estructuras de madera para asearse.

Sin palabras…

Este es nuestro hotel, el Paramount Inle Resort, un lugar que os recomiendo fuertemente. Para nuestra sorpresa, todo el personal hablaba español, y nos ofrecía nuestro desayuno al ritmo de: ¿Cómo quiere los huevos: tortilla, revueltos, frito?

El interior del hotel recuerda una antigua casa colonial, todo de madera barnizada y cuidado al más mínimo detalle.

Las excursiones por el lago se pueden contratar en el mismo hotel. Tienen diversas rutas según el tiempo que se tenga. Patri y Pablo pudieron hacer la siguiente ruta, mientras esperaban nuestra llegada:

La gente saludaba sin parar:

Cuando llegas a Myanmar, tres cosas resaltarán visualmente: el “LONGHI”, la falda que visten la mayoría de los hombres); los dientes rojos y terroríficos de la mayoría de los hombres que mascan constantemente “BETEL NUT” (una especie de nuez mezclada con una hoja y cal que al masticarse genera un líquido rojo repugnante que hay que escupir en plena calle); y la pintura amarilla (“THANAKHA“) que casi todo el mundo se pone en la cara para protegerse del sol. Aquí podéis ver a una niña con la cara untada de Thanakha:

Los utensilios para arar la tierra, de una época que ya no recordamos.

Ni en el último rincón del mundo te salvas de ver a un niño con una Coca Cola…

Patri y Pablo nos esperaban viendo el atardecer:

Jorge y yo llegando al hotel

Al día siguiente cogimos uno de los tours que abarcaba más destinos, y nos prepararon una barca para nosotros solos. Así como los birmanos pueden llegar a meterse 30 en una de estas pequeñas embarcaciones, para el turismo están limitadas a 5 personas.

Nos llevaron a ver como trabajaban la plata:

Lingote de plata
Orfebres trabajando la plata

Cómo os he comentado, el water festival estaba vigente, y aparecían niños de debajo del agua como pequeños terroristas para lanzarnos agua con cubos, vasos, o sus propias manos. En esta foto aún nos parecía gracioso, aunque ya vimos la necesidad de protegernos. La gente hace vida cerca o EN el agua:

Visitamos una pequeña pagoda, dónde no dejaron a Patricia sentarse a meditar.

¡Chócala que estamos en Myanmar!

Se podía comprar todo tipo de artesanía local, que a diferencia de otros países como Tailandia, en cada puesto era distinta.

Fans del Barça se encuentran en todo el mundo, incluso algunos le añaden la bandera de su país.

Otra cosa impactante fue la visita a ver las mujeres jirafa. Dicen que como más largo sea el cuello más bonitas son. En mi caso el sentimiento era inversamente proporcional…

Curiosos de como se utilizaba la pasta amarilla que llevan los birmanos en la cara, preguntamos, y rápidamente nos enseñaron como se hacía: utilizando la piedra que veis en la fotografía y un poco de agua, se frota el trozo de madera de un árbol especial, y tras mojar los dedos en la pasta resultante, los aplicas en la cara a gusto del consumidor. Cada uno de ellos llevaba formas diferentes.

Así quedamos nosotros, aunque no se aprecia bien:

Con la cara un poco amarilla

También nos hicieron visitar un taller flotante de ropa hecha con flor de loto. Esta chica se encargaba de hacer un pequeño entramado que acababa siendo un hilo. Los precios, incluso ahí, prohibitivos.

La gente siempre saludando:

Nos abordaron en un par de ocasiones con barca/tiendas para intentar colocarnos un pequeño souvenir.

A la tarde, nuestra idea era irnos a Bagan, dónde se encuentran los famosos templos. Ahí vivimos una larga odisea para conseguir un driver, pues por culpa de la fiesta estaban todos borrachos. Conseguimos uno por 250 dólares que nos llevaba en una pick up (coche de dos plazas con un maletero al descubierto muy largo), y en el que tras 5 minutos, vimos que no era posible viajar 8 horas seguidas. Conseguimos una furgoneta de lujo por 300 dólares, lo que seguía siendo un 200% más caro que en cualquier otra ocasión, aunque no teníamos tiempo ni otra opción, así que tuvimos que aceptar.

A continuación un par de fotografías del pueblo celebrando la fiesta del agua. En ese momento, con el cabreo de tener que pagar tanto dinero, ya no nos parecía tan gracioso.

Próxima estación: ¡BAGAN!

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Graduación Licenciatura en México


Hola a todos!

El viernes estuve con Santi, Ana, Marc, Juan y Bárbara en la graduación de Miguel, compañero de trabajo de Juan y amigo nuestro a su vez.

El sitio donde se celebraba la graduación eran los Jardines de Floresta, más allá del Bosque de Chapultepec y de camino a Santa Fe. Y la celebración era lo más parecido a un banquete de bodas; con comida y barra libre.

El menú, a base de hojaldre relleno de salsa de cangrejo con mermelada de melocotón, crema de cilantro con nueces, lomo de cerdo al oporto y macedonía de verdura y mousse de chocolate y helado de menta.

Para la fiesta de despúes de la cena, no faltó la típica orquesta con salsa... y nuestros queridos mariachis!

Dos asuntos que me llamaron la atención y que vienen al caso:

- A diferencia de nosotros, que bailamos en grupo/corro, la gente local está acostumbrada a bailar en pareja. Lo digo porque llamaba bastante la atención vernos bailar entre una muchedumbre de parejas. Quizás es porque no sabemos bailar salsa...

- Los mariachis en México es lógico que sean Patrimonio de la Humanidad porque es lo más parecido a una religión. Aunque pueda parecer algo como turístico, ellos sienten devoción y lo viven como si fuese la primera vez.

Os dejo algunas fotos de la celebración. Y enhorabuena al "Lisensiado"!!

Mañana más!


Todos con Miguel

En la entrada del banquete

Con Santi y Ana en la cena

Chilaquiles a las 04.00h!!

Juan y Bárbara

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Una visita al barrio de Cazenga


Cazenga. No hay mes en lo que llevo acá que ese nombre no haya salido a la luz. Que si un niño de 10 años lleva una pistola a la escuela y encañona a un profesor, que si en la fiesta de fin de año se lanzan decenas de disparos al aire en Cazenga, que si asesinatos, que si en una manifestación antigubernamental de marzo se arma la de Dios con disparos incluidos y heridos graves,… Unánimemente (o casi), es considerado el barrio más chungo de Luanda y en el imaginario colectivo es un barrio lleno de bandidos

A los 2 meses de estar acá, conocí a unos pibes de Cazenga. Les dije que quería visitar Cazenga a ver si era tan chungo como lo pintaban. Se mostraron extrañados y pensaban que estaban de coña. Tras insistir en varias ocasiones y al ver ellos que iba en serio, ya me dijeron de ir un día a tomarnos unas cervezas allá pero lo pospuse porque no tenía coche en aquel entonces e ir en moto era un poco temerario –lagos de mierda, arena, lodo, baches inmensos, obviamente nada de asfalto,…) y en candongueiro (furgona-taxi donde van apelotonadas una docena de personas) bastante incómodo.

Hace unos cuantos días llegó el momento. Tras haberme recorrido la mayor parte de Angola de norte a sur y de oeste a este, ya mis fines de semana fuera de Luanda tienen cada vez menos sentido (léase, las distancias son muy largas y salir un viernes por la tarde para volver el domingo por la noche para disfrutar los sitios espectaculares que ya conozco pues ya no me motiva tanto –mas que nada porque significa que la mitad o más del tiempo lo pasaré en carreteras, que sí muy bonitas y con paisajes espectaculares, pero por las que ya he pasado decena de veces-) Me encontré con uno de mis amigos a las afueras de Cazenga (decía que no me permitiría entrar solo al barrio y ya que como a él le conocen hasta los bandidos, yendo con él no me pasaría nada. Una afirmación un tanto pretenciosa considerando que en Cazenga es bastante grande y en él viven cientos de miles de personas. Le dije que gracias pero que no tenía miedo de entrar en ningún lado solo y que no es la primera ni la última que entraba a un musseque -barrio chabolista, gueto,…- en Luanda –aunque es cierto que Cazenga no es un musseque cualquiera-. Al final, me convenció porque me dijo que me perdería y sí, la verdad que el camino hasta su casa era una puta locura). Entramos a Cazenga. Como todo musseque de Luanda, las condiciones de vida son horribles pero uno ya está acostumbrado y no se sorprende de nada. A decir verdad, me lo esperaba aún peor, pero aún así es un firme candidato al peor musseque que he visto en Luanda (aunque Sambizanga y Boavista no se quedan atrás).

Aprovecho para comprar unas zapatillas de deporte usadas por 20 dólares (un bisnazo en Luanda, la ciudad más cara del mundo). Voy por el mercadillo callejero descojonado teniendo que oír que como aquí no se ven blancos que por eso tengo que andar con guardaespaldas –voy con mi amigo-; niños de 2 o 3 años diciéndome “hola chino!”; todo el mundo diciendo “¿quién es ese?”, “¿qué hace un blanco aquí?”,… Vamos, una situación no muy diferente a la que ya había experimentado en varias ocasiones en Sambizanga (otro musseque de los más changos de Luanda).

Me presenta a su familia. Casa típica de musseque de Luanda. Ya perdí la cuenta de cuantas he visto. Ya no me sorprende. Ese calor infernal, esos olores indescriptibles, esos bidones de agua para contrarrestar la falta de agua canalizada, esa oscuridad perpetua,… ¿10 años de paz para esto? Voy a la casa del otro amigo y vecino. Mismo rollo. A comer funge toca (comida nacional con cierta similitud al gofio). Todo muy bien.

Nos vamos a tomar unas cervezas con mis amigos y amigos de mis amigos a una “terraza”. Y aparece de nuevo la confusão como no puede ser de otra forma en Luanda. Se acerca una persona mayor con una gorra del MPLA (movimiento de liberación nacional angoleño que proclamó la independencia de Angola y partido político en el poder desde la misma) diciéndome “portugués de mierda, no te basta con controlar toda Angola como para venir a esclavizarnos también a Cazenga”. Lo de portugués no es nuevo. Ya me lo conozco. Participo en la confusão como de costumbre. “Oiga kota a mí no me insulte” –“kota” es una fórmula de respeto en el argot angoleño para tratar con una persona mayor que tú-. Mis amigos descojonados (ya saben que me gusta participar de la confusão), los amigos de mis amigos insultando al viejo. El tío se sorprende ante mi respuesta. El tío se interesa por mi lugar de procedencia. Sorprendentemente, sabe donde están las Islas Canarias (de las pocas personas que he visto en toda Angola que lo supiera. Bueno, realmente no sé si sabe donde están pero sí saben que forman parte del Estado español). Veo que el tío es una fuente de sabiduría (teniendo en cuenta que es una persona que no tuvo acceso a la educación, el tío sabe mucho mas sobre África que cualquier titulado superior medio de un país desarrollado). Casi no ha salido de Angola, pero es un apasionado de la descolonización de los pueblos africanos (me habla de Libia, Argelia, Egipto,… no entra en muchos detalles pero no comete ningún gazapo histórico. Conoce los pormenores básicos de la descolonización de muchos pueblos africanos). Llega a mencionar hasta a Franz Fanon en su discurso. Además, es de las pocas personas (probablemente, la única que conozco) que es capaz de contar sus vivencias de la Guerra Civil angoleña dentro del marco global de la contienda. No es un intelectual ni mucho menos pero tiene una cultura básica africana (africana porque comprobé que de otras partes del mundo no tenía ni idea) que mas quisiéramos muchos… Veo que tiene razones personales para interesarse por estos temas. Me confiesa que familiares suyos murieron masacrados por los portugueses en Malanje en 1961 (http://en.wikipedia.org/wiki/Baixa_de_Cassanje_revolt) cuando eran “contratados” (el esclavismo que mantuvieron los portugueses en sus colonias hasta finales de los 60) del algodón.

Se interesa por Canarias. “Si hasta Cabo Verde, en la que no hay petróleo ni nada, es independiente cómo es que Canarias no?” Le comento que la españolidad de Canarias ha peligrado en el pasado pero ahora no está en cuestión porque la mayoría de los canarios se ha conformado con la autonomía.

Una media hora muy interesante. Se marcha el viejillo. Seguimos vitolando (tomando unas birras). Se va acercando la noche. Salgo de Cazenga antes que anochezca (no tengo miedo a salir de noche sino que de día es la única forma de no perderme en el laberinto teniendo en cuenta que es la primera vez que voy a las casas de mis amigos. Pese a todo, tengo que pararme varias veces para confirmar que no me estoy equivocando de camino).

Primera incursión en Cazenga y sé que no será la última. Sin contar con mi visita a pueblos perdidos de la isla de Príncipe (4000 y pico habitantes) en el Estado archipielágico de São Tomé y Príncipe (que recibe 7000 y pico turistas anuales y ni siquiera una décima parte de ellos va a Príncipe), jamás en mi vida me he sentido tan observado como cuando en esta visita a Cazenga y en mis visitas a Sambizanga (otro musseque). Ni siquiera en encuentros con las tribus mukuvale, mamuila,… en regiones perdidas del Sur de Angola. Y es que la Luanda real sigue siendo impenetrable para los extranjeros. A decir verdad, a nadie se le pierde nada entre tanta miseria. Y a ellos no se les pierde nada en la Luanda postiza. Bueno, a los bandidos sí: ¡extranjeros y angoleños pudientes a los que asaltar!

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Poniendo el culito duro en SRI LANKA …

Mientras que el sol aprieta ya con ganas en Delhi, los mosquitos se pelean por ver quién coge cacho antes, aumenta la frecuencia de cortes de luz y empiezo a echar el ojo en la ropa de los tailors a medida ... pues qué mejor que una escapadita a uno de los países que cubre la Oficina Comercial en la que me encuentro destinado, Sri Lanka. De hecho, desde Delhi he tenido que tramitar un par de cosillas sobre empresas españolas interesadas en la isla.

No se asusten, el título simplemente quiere reflejar que nuestro viaje fue bastante físico, una mezcla entre las clases de aerobic de Eva Nasarre y las ascensiones al Anapurna de Juanito Oiarzabal.

SRI LANKA, la antigua Ceilán, independiente desde 1948, tiene una gran influencia budista. Es un país VERDE, tropical, a poco que dejas la caótica y bulliciosa Colombo (capital del país), te adentras en una selva continua. Muy parecido al sur de India, todo vegetación. Vamos, un gustazo! Eso sí, en general, es más caro que India aunque bastante asequible para pasar unos días. Iria (con quién me entiendo muy bien en los viajes y en la vida en general) y yo aprovechamos el puente de mayo para la escapada. Planeamos hacer la parte central del país, la montañosa, dejando de lado las tranquilas playas del sur. Una sorpresa de isla todavía poco colonizada por el turismo en masa.

Llegamos el viernes a medianoche y no nos quedó otra que coger un taxi para ahorrar horas y aprovechar el sábado. Tras una siesta nos plantamos en Dambulla, a unas 3 horas de la capital. Los hostales están a lo largo de la carretera que atraviesa el pueblo, pero a las 2:30 am ... no quedaba ni un alma. Tras intentar llamar a varias guest houses con ayuda del taxista, decidimos meternos en una finca a llamar a la puerta de otra. Fue un momento muy de espectador de película cuando piensa "no os metáis ahí gilipollas, que os van a MATARRR!", todo negro, una puerta que se abre de repente ... y aparece un miniGhandi, eso sí, que tenía finalmente habitación libre. Y con la bienvenida de la señorita tenista de abajo empezamos la excursión!


Sorpresa mañanera nada más empezar con un encuentro de los que hacen ilusión, la CASLAAA!!! Laura, exbecaria de SPRI (País Vasco) en Delhi y que está de segunda fase en Pune (sur de India). Con ellos visitamos las cuevas budistas de Dambulla y Sigiriya, primera roca del viaje, patrimonio de la humanidad. Pagas unos 30 dólares para entrar pero las vistas son espectaculares. En la roca hubo en su día una ciudad fortaleza, estudiada para evitar la conquista por parte de los enemigos.





Ya soy un hombre! a parte de tragar pastillas puedo jugar con furiosos perros asesinos!!!







voooolareee!


A última hora cogimos un bus atestado de gente, eso sí, por 1 euro hicimos un viaje de 3 horas hasta Kandy, una de las ciudades más importantes del país y que tiene un templo que guarda un diente de Budha! extraído cuando le incineraban, por supuesto ha causado guerras y milagros de todo tipo ... esto de las religiones siempre tan "movidito".






Y tras otro viaje en autobús y un trayecto de hora y media en rickshaw por caminos de montaña ... llegamos al Adam's Peak, la gran prueba de fuego. Adam's Peak es un pico de 2.200 metros que tiene un sendero de peregrinaje formado por escaleras y zonas donde básicamente vas trepando a cuatro patas. En lo alto hay un pequeño templo budista peor también es venerado por musulmanes, hindúes y cristianos ya que se cree que el pico fue el lugar donde recayó Adan tras ser expulsado del jardín del edén.


Los peregrinos lo suben a cualquier hora, los turistas, normalmente, lo empezamos a trepar sobre las 2 de la madrugada para llegar al amanecer aunque en nuestra ocasión lo alto estaba nublado lo que añadió un plus de "sufrimiento" aunque la sensación es igual de increíble aunque no viésemos las vistas. Desde el hotel salimos cuatro parejas (Iria y yo fuimos los primeros en tocar la cima), y al principio vas cagado, llovía, no ves la cima porque es de noche y está nublado. Al principio no había nadie, solo el sendero de luces y encima, a los pocos minutos de empezar, SE VA LA LUZ! Menos mal que fueron solo unos segundos pero no hizo más que incrementar las dudas ¿y si pasa luego llegando a lo alto y en medio de un chaparrón? Pasan los minutos, y subes, y subes, calado, parando, respirando. Cada 15 minutos había zonas de descanso, con tiendecitas y lugares para los peregrinos y es que allí suben hasta ancianas en brazos de sus hijos y bebés a hombros de sus padres, la locura. Mientras tanto solo ves un camino de luces pero sin fin ...



Cada vez que vas subiendo hay más y más gente pero la incertidumbre ¿llegaremos? sigue presente.


Finalmente llegamos arriba minutos antes de que aclarase, exultantes y empapados en una mezcla de sudor y lluvia tras la decena de chaparrones intermitentes que nos cyeron. La verdad que fue un esfuerzo y toda esa incertidumbre de enfrentarte a lo desconocido le dio un morbo muy especial. El destino no quería que nos fuésemos sin alguna recompensa y en un momento de claridad vimos que estábamos POR ENCIMA DE LAS NUBES!



La bajada es jodida, más aburrida que la subida (aunque vas viendo los parajes que son veeeeerdes) y más dolorosa porque las rodillas y los tobillos sufren del impacto, son miles de escalones, o cuasi escalones. Me gustaría volver, subirlo con claridad y hacerlo acompañado de Laurich "la gemelos" a ver si sus amiguitos se montan o no ajjajaja.







Desayuno y siesta y de vuelta a Hatton en el recorrido de ricksaw montañoso pero esta vez de día, disfrutando de unas vistas increíbles y recorriendo las miles de hectáreas de campos de té de la zona.





Para acabar llegando a Negombo, pueblo playero y pesquero a escasos kilómetros de la capital y pegadito al aeropuerto, donde, por fin, descansamos y nos atiborramos en el buffet del hotel antes de partir de vuelta a casa.



En definitiva, un viaje corto, intenso y muy buenas sensaciones d un país que nos sorprendió para bien!

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La confusão


En cualquier estancia en Angola, por corta que ésta sea, el visitante se verá envuelto en la confusão. Es la causante que la inmensa mayoría de los expatriados vean necesario salir de Angola cada x meses. Si bien es cierto que la confusão es más acusada en Luanda porque tiene el poder de atrapar a más almas por metro cuadrado, ésta realiza acto de presencia por todo el Estado angoleño incluso en las regiones más inhóspitas. La única forma de escapar de la confusão es salir de Angola. Vivir en Luanda significa inexorablemente enfrentarse a decenas de actos provocados por la confusão cada día. Según tu forma de ser, la confusão puede amargar tu estancia en Angola o puede hasta hacerla más divertida si te dejas llevar por la misma.

No conozco mejor análisis de la confusão que el llevado a cabo por Ryszard Kapuściński en su obra magna “Un día más con vida” (1976) (en español: Editorial Anagrama). Relato excepcional de este periodista polaco que se instala en Luanda pocos meses antes del día fijado para la Independencia de Angola y permanece en el país hasta su proclamación. A continuación, una transcripción de la mejor explicación del término:

Confusão es la palabra clave, una palabra que lo sintetiza todo. En Angola, tiene un significado específico y, a decir verdad, es intraducible. Simplificando mucho, confusão quiere decir desorden, desbarajuste, estado de caos y anarquía. Se trata de una situación creada por las personas pero que, sin embargo, acaba por escaparse al control de esas personas, las cuales, finalmente, se convierten en sus víctimas. La confusão encierra cierto fatalismo. Uno quiere hacer algo pero todo se le escapa de entre las manos, quiere actuar pero hay una fuerza que lo paraliza, quiere crear algo pero lo que crea no es sino más confusão. Todo se confabula contra la persona y aun cuando ésta demuestre su mejor voluntad, a cada momento cae en la confusão. Puede apoderarse de nuestros pensamientos, y entonces dirán que tenemos la cabeza llena de confusão. Puede penetrar en nuestro corazón, y entonces nos dejará nuestra enamorada. Puede adueñarse de una multitud, ejerciendo su poder sobre ingentes masas humanas, y entonces se producirán luchas, muertes e incendios. A veces, la confusão transcurre de un modo bastante más suave, y entonces cobra forma de riña, cierto que caótica y deshilvanada, pero no sangrienta. Es un estado desorientación total y absoluta. Las personas que se ven envueltas en la confusão no saben explicar lo que ocurre a su alrededor ni dentro de ellas mismas. Tampoco saben definir fehacientemente lo que la ha provocado en ese caso concreto. Existen portadores y sembradores de confusão; a éstos hay que rehuirlos, cosa harto difícil pues en realidad todos y cada uno de nosotros puede convertirse en un momento dado en causante de confusão, aun en contra de su propia voluntad. También se esconde bajo ese término nuestro estado de perplejidad e impotencia. Henos aquí viendo campar por sus respetos a la confusão en torno nuestro y nada podemos hacer para ponerle fin. Camaradas, oímos una y otra vez, no alimentéis la confusão. ¡Conque no!, ¿eh? ¿Acaso depende de nosotros? El parte del frente más preciso: ¿Qué hay de nuevo? ¿Que qué hay de nuevo? ¡Confusão! Todo aquel que haya comprendido el sentido de esta palabra ya lo sabe todo. A veces ocurre que la confusão se extiende sobre territorios muy vastos y se enseñorea de millones de personas. Entonces estalla una guerra. Semejante estado no se puede borrar de un plumazo, es imposible eliminarlo en un abrir y cerrar de ojos. Aquel que intente hacerlo demostrando un celo desmedido caerá él mismo en la confusão. Lo mejor es actuar despacio y esperar. Al cabo de un tiempo, la confusão perderá fuerza, se debilitará y acabará por desaparecer. Salimos de ella agotados, aunque también en cierto modo, satisfechos de haberla superado. Y volvemos a acumular energías para la siguiente confusão.

¿Cómo explicar todo esto a personas que llevan en Luanda varias horas apenas? Así que una vez más, como si no lo hubiesen oído bien, preguntan a Félix:
-¿Cuál es la situación?
Y Félix:
- Si ya lo acabo de decir: confusão.

Se apartan meneando la cabeza y encogiéndose de hombros. Y menean la cabeza y se encogen de hombros porque Félix ha sembrado en ellos la confusão.”

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La anormal normalidad de un día como otro cualquiera en Luanda


Sábado 5 de mayo. Ya pasaron 7 meses y 1 día desde que puse los pies en este infierno de ciudad. Me levanto sobre las 9. Tengo una misión muy importante por delante: ir a buscar mi coche al taller en la otra punta de la ciudad. Sí, a la otra punta de una ciudad de unos 5 millones de habitantes, pero no de una cualquiera, sino de una ciudad donde no hay metro, ni tranvía, ni guaguas públicas con horarios o una frecuencia elevada o taxis que hagan ese trayecto. ¿Cómo voy entonces? Hay 3 opciones: incomodar a un colega para que me lleve, pagar al típico angoleño que te lleva en su coche a cambio de x dólares o ir en candongueiro (taxi-furgoneta donde van amotinadas más de una docena de personas). Me decido por esta última opción. Más económica y más divertida que cualquier otra.

Salgo de mi casa. Voy parando a un candongueiro tras otro preguntando adonde van. Ya llega uno que va hacia donde tengo que ir. Me subo. Por suerte, la parte de alante está libre así que me siento en medio del conductor y de la copiloto (mucho más cómodo que atrás). La de al lado empieza a filtrear conmigo. La otra decena de pasajeros, el conductor y el cobrador asisten al espectáculo. ¿Qué si mi mujer está en Europa? Claro, con 25 años ya debería tener 4 hijos aquí. Normal que pregunten. Me bajo del candongueiro. Tengo que hacer un “transbordo”. Es la guerra. Medio centenar de personas están a la espera de coger un candongueiro en la misma dirección que yo. Hay empujones y todo. La cuestión es lanzarse sobre la furgona-taxi desde que oigas al cobrador decir la zona a la que vas. Tras alrededor de una decena de intentos fallidos logro subirme a uno. Vuelvo a ser el centro de atención del candongueiro. ¿Cubano? No, no, soy de las Islas Canarias, en el Norte de África, en el Atlántico a unos 100 kilómetros de la costa de Marruecos y del Sahara. Nadie tiene ni puta idea. Digo al sur de Madeira y al norte de Cabo Verde. Alguna gente se va situando, otra sigue perdidísima. Otro “transbordo” por delante. Aquí no hay lucha. Subo sin problemas pero la policía tiene que joder el asunto. Piden los papeles al conductor de mi candongueiro. No tiene carnet. Bien empezamos. Estamos en Luanda, nada mejor que destinar parte de la colecta de la mañana a sobornar al policía. El policía quiere discreción así que se apartan al quinto coño y se hace la entrega. Los pasajeros están desesperados, hace un calor infernal y en este candongueiro no se puede abrir las ventanas. Avanzamos. Le digo que pare para bajarme. Hago levantar a la mitad del taxi para yo poder salir. Tras 3 candongueiros aún queda lo peor. 4 kilómetros a pie por una zona industrial donde no hay candongueiros (las empresas de la zona tienen guaguas para los trabajadores) al mediodía con un solajero infernal. Decido pedir “boleia” (autostop) mientras avanzo porque estamos en Luanda y aquí todos somos potenciales bandidos y nadie te va a dar “boleia”. Sorprendentemente, el quinto conductor o así para. Me subo a su camión. Me deja en la puerta de la casa de mi coche chino-angoleño. No me pide dinero, cosa rara. Aún así le doy 100 kwanzas para que se tome una “Cuca” (cerveza nacional).

Entro pero todos los chinos están fuera comiendo. A la hora del almuerzo los chinos de mi coche no trabajan. Se los llevan a todos a un edificio de la empresa a unos pocos cientos de metros a comer en guagua (autobús) y los traen en guagua. Al final de la jornada, volverán a ese edificio donde duermen. Su vida no va más allá de la zona industrial donde están confinados. Me pongo a ver la tele un rato hasta que espero a que lleguen los chinos. Llegan. Pago y me llevo mi coche. Doy “boleia” a unos que dejan su coche ahí porque el motor está jodido.
Les dejo cerca del centro y continuo a casa de un amigo en Sambizanga, el barrio más jodido de toda la ciudad junto a Cazenga. Es la única forma que tengo de encontrarme con mi amigo. Desde el martes 1 de mayo mi móvil está desparecido. Tengo la sospecha que un colega con el que juego al baloncesto a menudo me lo robó cuando fuimos a la playa. Ya hablé con él hace 2 días preguntándole y no acusándole. Lo niega pero estoy convencido que me lo tangó. Sé que el móvil estaba en el coche en el asiento de atrás y luego ya no estaba y no lo bajé a la playa. No le culpo, al fin y al cabo, el otro día me pidió 500 kwanzas (5 dólares) para comprarse unas zapatillas y no se los di. Sí, juega al baloncesto descalzo. No soy tacaño pero no me gusta dar dinero así como así y menos a una persona que se pasa todo el día en el parque sin hacer nada. No me gusta fomentar la cultura del dinero fácil tan angoleña. A lo que iba, no tengo forma de contactar con mi amigo de Sambizanga; la única forma es ir a su casa. Además, le prometí que llamaría –a él no, a su hermano, porque él no puede permitirse tener un móvil- para quedar para jugar al baloncesto este mismo sábado. Nunca me gustó faltar a la palabra dada.

Pero, ¿qué es Sambizanga? Pues un musseque (barrio chabolista, gueto –pero no uno de esos de risa de las películas yankis-) pero no es un musseque cualquiera. Aquí nació el Presidente de la Repúblicade Angola y aquí estaba el mercado más grande de toda África hasta que lo destruyó el Gobierno hace 3 años en aras de la seguridad pública (el mercado estaba lleno de bandidos). Aquí un blanco es un extraterrestre; aquí no llegan. Tiro para Sambizanga. Primer problema: la calle principal para entrar a Sambizanga está cortada y están abriendo el suelo. ¿Por qué es un problema? Sé donde está la casa de mi amigo, pero Sambizanga es un laberinto. Sambizanga, como todos los musseques de Luanda, es un laberinto de infraviviendas superpoblado por aquellos que se refugiaron en Luanda de la Guerra de Angola. ¿Qué significa eso? Pues que si no me meto por las calles que conozco, tengo que probar con otras que no sabes adonde dan o ni siquiera si tienen continuación. Y pese a que es un laberinto, con un buen sentido de la orientación y teniendo en cuenta la posición del sol, pues te ubicas pero no sabes si por la calle que te metes te va a llevar en la dirección deseada o en la opuesta. En definitiva, hay que asistir a un ejercicio de prueba y error durante unos 40 minutos por la inmundicia. Finalmente, doy con la casa de mi amigo. Se me acercan los niños del barrio que ya conozco. Espero a mi amigo fuera. Se queda sorprendido de verme en su casa. Le cuento la movida del móvil y me dice que lleva días llamándome. Le digo de ir a jugar pero que primero tengo que ir a arreglar los indicadores del coche que ya lo voy a vender y no funcionan. Se viene.

Esta mañana vi un cartel donde ponía electricista así que tiro para allá. Finalmente, me paro por el barrio de Palanca (barrio conocido por sus falsificaciones de pasaportes, carnets de identidad,…y por esta plagado de inmigrantes de los Congos) en un sitio de mala muerte que tiene neumáticos usados fuera a la venta. Me paso casi 2 horas allá. Los tíos no son electricistas pero a base de fijarse como están los cables de los indicadores que funcionan arreglan los que no funcionan. Hablo con ellos bastante para matar el tiempo: uno que nació de Brazaville me cuenta la ruta que hizo hasta llegar a Luanda cruzando la República Democráticadel Congo, otro angoleño de una provincia limítrofe con la R.D. del Congo me cuenta que de pequeño vivió en Francia pero sus padres se separaron y se quedó en custodia de la madre que se volvió a Angola y ahora el tío añora aquello pero no tiene forma de ir “legalmente” para allá; al tercero le pregunto donde contrajo la polio – tiene un brazo totalmente deformado por la polio, una enfermedad que sólo precisa una vacuna tirada de precio para erradicarla y que es de vergüenza que el país con mayor crecimiento del mundo en la última década no haya comenzado a vacunar a la población hasta ayer mismo-. La polio es una enfermedad erradicada en muchos países súper-pobres pero en Angola te la encuentras a diario.

Ya es casi de noche y no he comido en todo el día así que voy con mi amigo de Sambizanga a comprar un pollo asado. Nos lo comemos. La movida se ha demorado bastante y al final decidimos dejar lo de jugar para el día siguiente. Le digo que le llevo a su casa (es el último día que podré ir a su casa sin peleas de candongueiros ya que voy a vender ya el coche). En moto no es viable entre la arena, los baches, las aguas fecales que forman lagos y fango,… Por el camino, hablamos de muchas cosas. Él juega en la selección angoleña de baloncesto –no absoluta sino categorías inferiores-. Es el único jugador de musseque de la selección y del equipo de élite en el que juega. Me cuenta que todo el mundo en el barrio le pregunta que quien soy yo, que como nos conocimos,… Normal, como ya dije, ver un blanco en Sambizanga es totalmente excepcional. Le comento que me siento muy cómodo, que me he recorrido Angola de arriba abajo y todo el mundo me ha tratado excepcionalmente bien. Que no tengo miedo a nada ni siento sensación de inseguridad pero que no me cabe la menor duda que Sambizanga es más seguro que las zonas de la ciudad llena de blancos y angoleños adinerados. Al fin y al cabo, los bandidos van a Sambizanga (y otros musseques) a dormir pero van a asaltar allá donde está el dinero y está claro que no está en Sambizanga. “Filosofamos” un rato sobre el tema hasta que la policía me para. Me piden los papeles. La policía me quiere llevar a la comisaría aunque tengo todos los papeles en regla; de hecho, el policía se va con mis documentos a la comisaría que está a 100 metros. Le digo desde la ventana que va a tener un problema que tengo cartón diplomático y me está deteniendo teniendo todos los papeles en regla así que me los entregue ya. Él me dice que es policía de Angola y yo le digo que voy a llamar a la policía diplomática. Podría haberlo hecho pero además de la pérdida de tiempo, probablemente arruinaría la vida del pobre policía que sólo busca dinero así que tras esperar un rato a ver si venía, decido ir a la comisaría. Allá me da una charla de que él es policía y que tiene que velar por el cumplimiento de la ley angoleña,… le digo que me diga en que incumplo la ley angoleña,… Al final, me da los documentos y me voy no sin antes pedirme dinero que, obviamente, no le doy.

Tras dejar a mi amigo en su casa, vuelvo a la mía. Salgo de los musseques y cojo una de las arterias principales de la ciudad y de repente oigo: “Bajate del coche o te mato”. Un tío, aprovechando de que hay una mínima retención porque hay personas cruzando la calle, me dice esas palabras desde la puerta del copiloto. Tengo la ventana bajada –en Luanda hace un calor infernal incluso de noche e ir todo el rato con el aire acondicionado no es lo mío- y el tío tiene las 2 manos apoyadas en la puerta del coche. Realmente, iba tan cansado y ni siquiera vi llegar al tío que tardé –en torno a 1 segundo o así- en darme cuenta que me estaban asaltando. Cuando me doy cuenta, intento reaccionar subiendo la ventana pero no va (luego me percaté que le estaba dando a subir a la venta del asiento de atrás) mientras le sigo mirando fijamente en actitud calmada. Por dentro, me pregunto porque no sube la ventana (vamos, entre mi tardía reacción inicial y equivocarme en lo de la ventana pasan como 3 segundos) y comienzo a ver al bandido extremadamente nervioso (empieza a temblar) porque no consigue la reacción de mí esperada. Su nerviosismo hace que deje de mirarme fijamente de forma amenazante, y mira hacia el interior del coche. Sus ojos se viran hacia la bolsa de plástico que hay en el asiento del copiloto. Mete la mano y yo instintivamente hago lo mismo. Atrapamos los 2 la bolsa y ésta se rompe saliendo volando una docena de trozos de huesos de pollo. Sí, era la bolsa donde estaba la basura del pollo que me comí con mi amigo. Debería saber que ahí no hay nada pero reaccioné instintivamente. Yo puedo arrancar porque el coche de adelante avanza y el bandido se va, el coche que iba detrás de mí se pone a mí lado y una pareja me pregunta si estoy bien y si se llevó algo,…

Después de 7 meses y 1 día, llega el primer asalto. Seguramente, este bandido de poca monta no se me hubiera acercado de tener la ventana subida, pero por mucha ventana subida y cierre de puertas con seguro que tengas, ante un asalto de verdad, estás siempre vendido. El asalto sirvió para reafirmarme en mi creencia: más seguro que el musseque no hay nada. El asalto se produce en una vía por la que pasan a diario miles de extranjeros y de angoleños adinerados, en una vía cuya única alternativa es otra que es considerada como más peligrosa porque tiene musseques más cercanos. El bandido sabía donde actuaba. ¿El mismo bandido, si me hubiera visto en Sambizanga con las ventanas bajadas como también iba por allá hubiera actuado igual? Lo dudo mucho.

En fin, un día como otro cualquiera en Luanda si no fuera por lo del asalto.

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Documental del D.F

Hola a todos!

Esta noche he visto con Ana el documental sobre el D.F. del programa "Callejeros" de Cuatro. La verdad es que muchas de las cosas que aparecen ya las he vivido, pero en un documental del D.F. echo de menos muchas cosas que no han mostrado: Chapultepec, el Azteca, mercado de San Ángel, Coyoacán. Y también cometen a mi gusto, dos errores bastante gordos: traducen toronja (pomelo) como tronca, y dicen que 1.000 EUR son 13.000 pesos, cuando dos sec. antes han dicho que 1 EUR son 17 pesos.

Pero bueno, está bien para hacerse una idea general de la ciudad.

Aquí os dejo los vídeos para el que tenga un rato.











P.D: El puesto de tamales del principio es uno de los que sufro cada mañana! xD

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Bangkok + Full Moon Party

Pasar mis 4 días de semana santa en Tailandia no eran mi primera opción, pero resultó ser un planazo. El objetivo principal del viaje era reunirme con algunos ICEX en la famosa Full Moon Party de Koh Phangan, que se celebraba el viernes santo, así que aproveché los dos días anteriores para visitar a Patricia y Lara en Bangkok y así patearme un poco la ciudad.

Con una ruta trazada por Patri con los puntos más turísticos de la ciudad, me fui de camino a la aventura, solo por Bangkok. El día empezó con un paseo en barco por el río Thon Buri. Ojo, ya que si te despistas te cuelan en un barco de unos piratas que te cobran 10 veces más. Hay que buscar el puesto oficial, que cuesta tan solo 30 Bhats. Se observaban ya algunos templos (al final de día acabé de ellos hasta arriba): De ahí llegué al famoso buddah reclinado de Wat Pho. Lo más divertido, las estatuas de la entrada: La estatua sin duda espectacular: Seguí el recorrido con la zona del Palacio Real. Más y más templos me esperaban…

Turistas por todos lados

Mandé hacerme una foto, para que se vea que estube. Esto de visitar solo es un rollo… Después me fui a pasear por Khao San Road, la mítica calle de backpackers dónde se pueden comprar camisetas, falsificaciones y demás a muy buen precio.

Una cosa buena de Tailandia es que se puede comer en la calle (no como en Indonesia). Así que me comí un rico Pad Thai por tan solo 40 bhats (1 euro). El rey, omnipresente como siempre:     Ropas de los monjes secándose al sol:

Al final del día, agotado de tanto andar, masaje por 3 euros y a la cama.

Después de Bangkok, tocaba la segunda parte del viaje: coger un avión hasta Surat Thani, un barco hasta Koh Samui (dónde estableceríamos el campamento base) y por la noche un fast boat hasta Koh Phangan.Las fotos de la Full Moon Party, como comprenderéis, no son públicas. Cuelgo solo alguna que me ha sido permitida.

El escenario: una playa muy larga con bebida barata y música a todo trapo.

El resultado:

Ina y un amigo

La gracia es pintarse el cuerpo con pintura fluorescente:

Stand de pintura

Francamente, he intentado poner alguna de nuestras fotos, pero es inviable. Así que os pongo un par de Internet para que os hagáis a la idea.

Espectáculos de fuego
De día la cosa tiene menos glamour…

Nos cogimos el último barco que iba de vuelta a Koh Samui, y nos fuimos directos a la playa. Los efectos de la resaca parecen evidentes.

 

Un baño para refrescarse…

Nuestro avión para volver a Kuala

Y good bye de nuevo Thailand!!! ¡Hasta la próxima!

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Gastronomía Mexicana (I): El pozole

Hola a todos!

Como ya adelanté ayer, voy a abrir un post sobre comida tipica mexicana (alguna muy diferente al concepto que tenía en mi mente antes de llegar). Hoy empezamos con el Pozole.

El pozole, que significa "espumoso" en nahuatl, es una sopa hecha con una base de granos de maíz de tipo cacahuazintle, a la que se añade carne (de pollo o cerdo) como ingrediente secundario.

Existen varios tipos de pozole según en qué parte de México nos encontremos: por ejemplo tenemos el pozole blanco en el Estado de Guerrero y el rojo que es tipico de los estados de Sinaloa y Jalisco.

El pozole blanco, se distingue de los demás porque su base es la sopa de maíz y carne a la cual se puede añadir salsas rojas/verdes dependiendo del tomate.

El pozole condimentado (rojo, por ejemplo) se distinguen por ser sazonados durante la cocción del maíz, por lo que el plato se presenta con un color caracteristico,rojo o verde dependiendo de los ingredientes para sazonarlos.

Todo ello se acompaña con la típica tortilla de maíz y con diferentes ingredientes a gusto del consumidor (lechuga, cebolla, cilantro, aguacate, queso panela y salsa/polvo de chile).

Aquí os dejo la receta del pozole por si alguien se aventura a hacerlo.

Ingredientes:
- 1 kilo de maíz cacahuazintle descabezado
- 1 cabeza de ajo entera
- 1.750 gr de lomo o de pierna de cerdo/pollo
- 1 cebolla partida a la mitad para cocer la carne
- Sal
- 6 chiles desvenados y despepitados.
- Orégano

Para acompañar el pozole
- 2 lechugas medianas en rebanadas delgadas
- 1 manojo de rabanos
- 2 cebollas medianas finamente picadas
- Limones
- Tostadas
- Salsa picante

Para la salsa picante
- 20 chiles de árbol asados y despepitados
- Medio vaso de vinagre
- Sal

Preparación
El maíz se enjuaga muy bien y se descabeza. Se pone a cocer cubierto y sin sal hasta que esté suave.
La carnes se pone a cocer partida a trozos en otra olla con cebolla y sal.Los chiles anchos se muelen, se echa oregano y se introduce en la olla donde está cociéndose el maíz. Poco después se introduce la carne ya cocida (con un poco del caldo de cocción): se vuelve a sazonar con sal y se deja hervir todo junto durante 15 minutos.
Se retira la cabeza de ajo y se sirve muy caliente acompañado del resto de los ingredientes.


Presentación del plato
Es típico presentarlo en una olla de barro y se sirve en tazones también de barro, llamados “pozoleros”. Aparte se ponen el resto de los ingredientes. La salsa picante se sirve también en una cazuela por separado.

Y aquí os dejo una foto del plato.


Pozole

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