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Nueva York y Boston

Publicado en 28 febrero 2009,

Este año sigo matriculado en la UNED y el sitio mas cercano a Ottawa para hacer los exámenes es el centro Cervantes de Nueva York. Por casualidades de la vida el otro becario también tenia que hacer un examen de la UNED así que alquilamos un coche juntos y nos fuimos para allá.

Por otra casualidad, una de las pocas fiestas que tenemos coincidía ese fin de semana, era el Family Day en Ontario, así que teníamos un fin de semana largo. Habiendo ido ya a Nueva York, Washington y Filadelfia en navidades nos decidimos por aprovechar e ir a Boston. Así que el plan era llegar a Nueva York el viernes, hacer el examen el sábado y tener domingo y lunes libres para turistear.

El viernes a las 8 de la mañana nos montamos en el coche rumbo Nueva York. Antes de llegar a la frontera nos perdimos un poco (nada, 10 minutos para volver a estar bien) y aprovechamos este desvío para hacer una parada. Acabamos en un casino de Ontario que a las 10 – 11 de la mañana estaba lleno de jubilados canadienses. No nos pudimos resistir a echar una tragaperras. No perdimos nada pero tampoco ganamos.

Continuamos hacia Nueva York sin mucho mas que destacar que la parada en un pueblo que se llamaba Homer donde nos tomamos una pizza rica rica.

Llegando a NY nos enfrentaríamos a nuestros primeros problemas, entrar en la ciudad, encontrar el hotel y aparcar el coche.

Para entrar en la ciudad el GPS nos mandaba por un túnel (Lincoln tunnel) pero justo cuando estábamos llegando un pequeño fallo en tomar un desvío nos llevo a cambiar el túnel por un puente (George Washington Bridge) por lo que nos comimos los atascos de los dos sitios.

Una vez en Manhattan el trafico no era tan malo como esperábamos pero aun con no demasiados coches los taxistas locos hacían la ruta un poco complicada.

En el papel que teníamos no venia muy clara la dirección del hotel y además el GPS que nos dieron no era una maravilla tecnológica así que tuvimos que dar unas cuantas vueltas alrededor de las calles cuarenta y tantos con tan mala suerte que alguna de estas vueltas (más de una) nos llevo directos a Times Square que siempre esta hasta arriba de coches, turistas, taxis…

Aparcar el coche se convirtió en la prioridad pero estábamos mas céntricos de lo que pensábamos y no iba a ser tarea fácil, además en cada calle las normas de aparcamiento eran diferentes y había que pararse y leer la señal y o bien no se podía aparcar a las horas que queríamos o bien no se podía aparcar mas de un número determinado de horas. Al final nos decantamos por dejar el coche en la 44 con la 3ª, teníamos que pagar aparcamiento hasta media noche y luego volver al día siguiente y pagar desde las 8 hasta que quisiéramos. No era caro y como el hotel, el aparcamiento y el sitio del examen estaban más o menos cerca no nos importaba ir hasta el coche a dejar el ticket.

Cogemos nuestras maletas y vamos hacia el hotel, bastante lujoso (el hall por lo menos) para lo habíamos pagado.

En navidades solo nos dejamos pendientes (de las grandes atracciones turísticas) subir a uno de los rascacielos. Habíamos oído que la vista desde el Rockefeller era mejor que desde el Empire State así que allí nos fuimos. También estaba cerca del hotel.

Una vez allí la vista es impresionantes con toda la ciudad iluminada hasta donde alcanza la vista.

(Vistas desde el “Top of the Rock”)

Al volver al hotel nos damos cuenta de que no tenemos la dirección exacta del centro Cervantes sabemos que es la cuarenta y tantos y no muy lejos del hotel pero nada más. Sin comentarios. No tenemos Internet pero como al día siguiente tenemos que estar pronto donde el coche para dejar el ticket ya lo preguntaríamos entonces en recepción o buscamos algún sitio con Internet.

El sábado por la mañana hacemos el checkout del hotel y preguntamos en recepción que nos busque donde esta el centro Cervantes. Nos da una dirección.

También vamos cambiar el ticket y dejar las maletas, vamos a la calle 44,. El coche no esta. Pánico. Espera un momento, esta no es la calle donde lo dejamos. ¿45?. Tampoco. En la otra dirección tampoco hasta la 42, que era donde debería estar el centro Cervantes. Al final con mucho alivio encontramos el coche en la 46. Ahora tocaba buscar el centro Cervantes.

Llegamos a la dirección que nos dio el tio del hotel, preguntamos en la recepción del edificio porque nos vimos ningún cartel. La de recepción no sabe decirnos en que piso esta pero dice que le suena el centro Cervantes. Convencidos de que estaba allí perdemos 10 minutos buscándolo. A la mujer debía sanarle porque su primo iba a clases de español o algo así. Llamamos a Ottawa a ver si nos los pueden buscar en internet. Vaya es otra calle. Corriendo hacia allí. Llegamos a la dirección nueva pero no encontramos el numero (el 122) tenemos enfrente el 121 pero del nuestro ni rastro. Vueltas y mas vueltas por allí a ver si lo vemos. Le preguntamos a un policía que no tenia muy claro por donde podíamos mirar. Otros diez minutos buscando. Ya son las 9. Llamo a mis padres a ver si me lo pueden mirar ellos. Me dan una tercera dirección y un teléfono. Llamamos y nos confirman que esa es la dirección, así que corriendo para allá, al llegar vemos una enorme bandera de España. Que felicidad. Ya el resultado del examen nos daba igual, nos conformamos con hacerlo.

Yo salí el primero de los exámenes así que me fui a hacer un desayuno de media mañana en el primer sitio que encontrara. El afortunado fue, como no, un McDonalds. Cuando Jose termino comió algo y para el coche, rumbo a Boston. La salida de Nueva York no tuvo mas problema que dar una pequeña vuelta por el Bronx pero el GPS nos saco bien.

Esta vez si teníamos la dirección del hotel bien y el GPS nos llevo a la puerta donde había sitio para aparcar y por el día que era no había que pagar. Que bien.

Dejamos las cosas en el hotel y cogemos un tranvía que para a la puerta del hotel y nos plantamos en el centro de Boston. Nos damos una vuelta por allí, cenamos y nos volvemos que estamos un poco cansados de los dos días anteriores.

Al día siguiente volvemos a Boston, vemos el centro de la ciudad y el puerto. Boston no es muy grande pero merece la pena verla si se va de paso. Se puede ver todo el centro en una mañana. Después de comer fuimos al MIT y a Harvard.

(Boston)


(Foto típica en el MIT)


(Luego nos metimos dentro, pasillos, aulas…)


(Harvard)

Al día siguiente, lunes, nos levantamos sin prisas para comenzar el viaje de vuelta. En Ottawa vimos que podíamos escoger entre dos rutas para volver a Ottawa: la mas obvia, seguir todo hacia el norte hacia Montreal y luego a Ottawa o bien, desviarnos al oeste hasta Albany y, en principio, pasar también por Montreal.

La segunda ruta, por Albany, nos llevaría por un parque natural muy grande así que nos decidimos por esa.

Primero llegamos a Albany que es la capital de estado de nueva york. Allí no hay mucho que ver pero nos hicimos las fotos de rigor y de vuelta a la carretera. A los pocos kilómetros ya entramos en el parque pero como somos tan grandes planificadores de viajes no sabíamos muy bien donde parar.


(Albany)

La primera parada la hicimos en el lago George. Parecía un sitio que en verano debe estar hasta arriba de gente. Toda la orilla estaba llena de casas y embarcaderos. Ahora por supuesto estaba todo lleno de nieve y hielo y no se veía un alma. Aun asi creo que fue una buena parada.

(En el lago)

La siguiente parada la hicimos gracias a una señal de “vista pintoresca” de estas que se ven en las autopistas. Paramos con la cámara preparada para ver una vista increíble pero allí no había mas que un camión y unos servicios cerrados. Volvemos al coche.


(Conduciendo por el Adirondack)

Continuamos hacia el norte por el parque hasta que el coche necesitó repostar. Vimos una señal de gasolinera pero nos volvieron a engañar, como con la señal de la vista pintoresca, después de desviarnos había otra señal, un una dirección había una gasolinera a 7 millas, en la otra había una gasolinera pero no ponía nada.

Después de un buen rato conduciendo (al menos era en la dirección buena) llegamos a un autentico publaco americano cutre cutre. Echamos gasolina y no nos podemos resistir a tomar una cerveza en el bareto del pueblo. Amablemente nos sirven una cerveza y se ve que por allí no llegan muchos mejicanos porque no nos pillaron el acento y nos decían algunas palabras en francés (merci…), creerían que eramos de Quebec.

(El maravillo pueblo en el que paramos)

Después de este turismo de America profunda volvemos al a carretera. Ahora al GPS le da por recomendarnos una ruta alternativa. Como le gustan los atajos a este GPS. En vez ir a Montreal nos siguiere desviarnos por carreteras secundarias y cruzar la frontera más al oeste, más cerca de Ottawa. Lo sopesamos un tiempo y como temíamos que pudiera haber un buen atasco en los alrededores de Montral nos lanzamos a las carreteras secundarias. Fue un error. Aunque no muy grave, ir por carreteras de un solo carril por sentido después de hacer 1000 km por autopistas fue un poco duro. Afortunadamente no había casi trafico y no creo que perdiéramos nada de tiempo, incluso quizás llegáramos un poco antes.

Alrededor de las 8 – 9 llegamos a nuestra querida Ottawa. Se nos antojo ir al sitio de Sushi “come-todo-lo-que-puedas” que hay en las afueras, para aprovechar que teníamos coche. Yo había ido alguna vez pero la verdad es que no tenia muy claro por donde estaba y en el GPS por supuesto no venia. Fuimos a casa, dejamos las cosas y miramos la dirección. No teníamos muchos tiempo para aprovechar el come-todo-lo-que-puedas pero aguantamos hasta que eramos los únicos en el restaurante. Salimos bastante satisfechos.

Del restaurante a casa y a la cama.

(Resumen del viaje del GPS)

Por cierto, espero aprobar los dos exámenes (programación declarativa y sistemas informáticos II) solo faltaría que me tocara ir otra vez para esto en septiembre (además de en junio).

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Lunes de Carnaval

Publicado en 28 febrero 2009,
El lunes de Carnaval seguíamos en Dusseldorf. Yo lo había pedido libre en la oficina para poder disfrutar de la cabalgata (qué le voy a hacer, soy como un niño), así que más valía que mereciera la pena el gasto. Como el día anterior, desayunamos tranquilamente hasta que se hizo la hora de despedir a Jon. De hecho, lo hicimos casi demasiado tranquilamente, y a punto estuvo de perder el autobús al aeropuerto. Por lo menos así nos ahorramos la despedida lacrimosa por la pérdida.
No faltaron tractores en el desfile de Carnaval

Con Jesús, Patricia y Lorena (los locales) fuimos hacia la principal avenida de la ciudad, la “” (hay que ver qué pijos son estos de Dusseldorf), donde nos dedicamos un rato a esperar la llegada del desfile. Según teníamos entendido debía empezar a las 13:30 unas calles más atrás, pero nadie por allí tenía muy claro a qué hora llegaría hasta nuestra posición. Después de un buen rato de espera en balde nos acabamos hartando y decidimos ir a buscar la cabalgata nosotros mismos (ya se sabe, eso de Mahoma y la montaña…).

Haciendo sitio en los bolsos para la que se nos venía encima

Como veíamos que la cosa iba para largo, buscamos una posición estratégica en una calle bastante despejada y nos metimos a tomar un café para no esperar más en la calle bajo la lluvia. Cuando vimos que el público fuera empezaba a ponerse nervioso pagamos la cuenta, le dimos esquinazo a la pobre Patri que justo había ido al baño, y salimos a ver el espectáculo.

Estos fueron de los pocos que no tiraron caramelos, tenían que tocar…

Y vaya espectáculo… Al principio se respiraba tensión en el aire por ver quién conseguía hacerse con las mejores chocolatinas, y hasta cogíamos las cosas que habían caído en los charcos (vaya muertos de hambre…), pero poco a poco fuimos tomando conciencia del calibre del asunto. Ya ni nos agachábamos y empezamos a aplicar la política de no coger caramelos ni nada demasiado pequeño, y limitarnos a guardar lo que pudiéramos atrapar al vuelo. Aplicamos también la técnica del paraguas para aumentar nuestra eficacia, y acabamos con los bolsos tan repletos que casi no cabía ni un Sugus.

Con qué poco se nos hace felices…

La cabalgata fue un derroche de medios. Parecía que ya se acababa, cuando de repente volvía a girar una nueva carroza al final de la calle… No sé cuántos caballos veríamos, ni cuántas carrozas, pero después de unas dos horas decidimos que ya estaba bien y que era hora de ir a comer. En general he de decir que no me pareció particularmente bonita, aunque había muchas carrozas muy trabajadas.

Los niños de enfrente se han debido de poner las botas esta semana

Si he de criticar algo (qué bonito es criticar), tengo que decir que en cierto modo la cabalgata era la hipocresía hecha espectáculo. De las muchas carrozas dedicadas a temas de actualidad que desfilaron, la mayoría hacían mención de un modo u otro a la actual crisis, a cómo el Estado se ha visto “obligado” a empeñar hasta los dientes para rescatar bancos y grandes empresas, etc. Y sin embargo, crisis o no de por medio, se gastan una pasta gansa en organizar semejante evento… Muchas de las carrozas estaban patrocinadas por empresas, así que no creo que el Ayuntamiento tuviera que gastarse mucho dinero en todo aquello, pero no deja de ser paradójico ver semejantes despliegues de medios en un momento como éste en el que se hacen llamadas constantes a la austeridad y la moderación…

Críticas al Konjunkturpaket y las ayudas contra la crisis

Cabalgatas aparte, después de despedirnos de las compañeras de Dusseldorf fuimos a comer un kebab de los que Jesús considera los mejores de la ciudad. Y no sé si serán los mejores, pero sólo por ver cómo los preparan ya merece la pena pasarse por allí. En mi vida he visto un bar, un restaurante o un local de comida rápida donde se trabaje a esa velocidad. Es cruzar por la puerta y ya casi te han plantado un kebab en la boca de un tortazo… Qué estrés, hay que ver.

Europa a la cola de E.E.U.U., literalmente…

Con eso recogimos los bártulos, le dejé los periódicos a Jesús para su próxima visita (ahí, hurgando en la herida, je, je) y nos cogimos el autobús para ir al aeropuerto (aeropuerto que por supuesto estaba donde Cristo perdió el mechero; si no, no sería de RyanAir). Antes de salir sacamos dinero para pagar los billetes, y tuvimos la suerte de que un error del cajero nos descontara dos veces el importe de la cuenta. Ahora resulta que nos lo han devuelto pero sin la comisión (¡7,5 €! ¡Qué ladrones los del Reisebank!) que nos cobraron también dos veces… A ver si lo solucionamos con el banco, que ya me estoy hartando de que me roben en este país.

Esperas en el aeropuerto

Así cerramos un fin de semana muy grande. Era difícil organizar a tanta gente, pero al final salió todo bastante bien y creo que todos lo disfrutamos mucho, así que gracias, Jesús, y hasta la próxima.

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Estamos de crisis….

Publicado en 28 febrero 2009,

Eso parece…. estamos de crisis. Agárrense, señores, que vienen curvas. Yo, a decir verdad, vivo en una especie de burbujita de trabajo, ingresos y experiencias de alguna manera ajena a la situación que se está viviendo en España, pero no por ello la historia se me antoja menos preocupante. De hecho, en Diciembre, papá ICEX soltará la manita por la que me tiene bien asida ahora y pronunciará esas temidas palabras….”ya es hora de que el polluelo vuele solo”. A decir verdad, aún nos quedará (a algunos polluelos) el recurso de tirar del freno de mano llamado “segunda fase” en el inevitable derrape hacia la tarea de abrise camino en el mundo laboral en tiempos nada prósperos. Lo dicho, a algunos polluelos. Somos 300 personas ahora mismo en oficinas comerciales y no todas conseguirán la fase de gracia.

Yo, por mi parte, aún sigo sumida en lo que es para mí la pregunta trascendental por excelencia desde el momento en que fui consciente de que los padres no son esa institución que vela por los hijos, sus futuros y sus ingresos de por vida…¿qué quiero ser de mayor? ¿qué quiero hacer en la vida? Sigo sin saberlo…y sigo trabajando en encontrar respuestas a una pregunta que no sé si las tiene. Yo no tengo una vocación clara (buena estaría si la tuviera y no estuviera ya luchando por hacerla mi realidad). Siendo honesta, de hecho, tengo que manifestar mi admiración hacia aquellas personas que sí la tienen, que sí tienen claro lo que quieren hacer y están en ello. Yo sólo tengo una vocación muy clara no profesional que se titula “Ser feliz” (como todo ser humano, supongo). Y mi teoría es la siguiente: A no ser que se de una de las siguientes situaciones…

- que me toque la primitiva, el euromillón, el gordo de Navidad o similares (a los que, por cierto, nunca juego)
- que tenga lo que hay que tener (y lo que no hay que tener) para atracar un banco
- que cambie mi estado de soltería perpetua a status marital con un señor de buen dinero (lo cual veo muy muy muy improbable)

… soy consciente de que tendré que trabajar el resto de mis mejores años durante al menos OCHO horas diarias, lo cual supone un BUEN porcentaje del tiempo que me queda. La conclusión es: si no me gusta mi trabajo………es imposible que sea feliz!!!!!! Es más, creo que debería encantarme mi trabajo para poder ser feliz, con todo el tiempo que me voy a pegar llevándolo a cabo.
En base a esta teoría, el buscar soluciones a la GRAN PREGUNTA me parece un tema muy serio e importante, y el no tener una vocación clara no es una gran ayuda a la resolución de la misma. De momento, me dedico a confeccionar listas de lo que me gusta y lo que no, y, de hecho, me llevan a concluir que me he equivocado de carrera. ¿Economía?¿Empresas?…. pero si yo odiaba las Mates de pequeña!!!!! y de mayor!!!!!….. pero si mi padre se desquiciaba intentando explicarme que cinco sugus de piña más tres chicles Boomer hacían un total de ocho chucherías, y que si Juanito comía dos chicles y se le caía un sugus al suelo, se quedaba con tan sólo cinco!!!! Si me pasé una buena parte de la carrera metida en academias que pudieran explicar Macroeconomía para “lentitos” o Econometría II para “lentitos también” (oye, todo hay que decirlo, los profesores de la Universidad no es que explicaran la cosa en cristiano, eh…) Pero sí, ahora, de repente, me doy cuenta que me encanta escribir, que me encanta leer, que me encanta psicoanalizar a las personas – y me acuerdo de cuando era pequeña (bueno, más pequeña…..que aún sigo siéndolo) y quería ser periodista o psicóloga – o ahora, de repente, me doy cuenta de que valoro mi tiempo libre por encima de todo – y me acuerdo de lo tajante que sentencié que nunca estudiaría oposiciones aunque creyera que la vida de funcionario era un chollo (mamá no te enfades, sé que también puede conllevar algo de estrés….¿y qué trabajo no?) – y entonces me pregunto….¿me habré equivocado? La respuesta es NO si tengo en cuenta todo lo que he vivido hasta ahora. La respuesta es NO si tengo en cuenta que siempre hay tiempo para encauzar una carrera hacia otros fines o hacia otras direcciones. Pero es que aún no sé hacia dónde…..

Seguiré pensando……….no obstante…….¿a alguien se le ocurre o sabe de algún trabajo en el que, habiendo estudiado Administración y Dirección de Empresas, pueda escribir, pueda viajar, pueda practicar idiomas, no haya estrés y tenga tiempo libre para mí……. y encima pueda solicitar un puesto en tiempos de crisis????? Por favor, dejen un comentario si es así…..

De momento, mientras sigo pensando, os dejo con un artículo que me ha encantado leer….de Pérez Reverte, escrito en el 98:

http://blogs.periodistadigital.com/tizas.php/2008/12/02/arturo-perez-reverte-profecia-gobierno-z-4747

Mi frase favorita: “Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena”………………… simplemente brillante!!

Un besito a todos!!!

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Carnaval tardío

Publicado en 28 febrero 2009,

Ayer había una fiesta de carnaval q hacían unos italianos y decidimos ir a última hora,y empezamos a disfrazarnos con nada, que era todo lo que teníamos, y aqui no hay tiendas de disfraces..Fueron unas risas la verdad, y causamos sensación, sobre todo dani..
Y más sensación causamos aun cuando entramos en el Mojito con esas pintas, no sé ni como nos dejaron entrar jja..
Gran noche
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Chipre y la RTNC

Publicado en 27 febrero 2009,

Recientemente estuve dando una vuelta rápida por Chipre en modo de turista dominguero y primerizo, y aprovechando que estaba allí pude observar algunas cosas que me llamaron la atención.
Flota en el ambiente que hay un halo superior que envuelve sin querer cualquier conversación. La división de la isla, las dos comunidades enfrentadas, ambas soportadas por [...]

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Mi nuevo movil americano…

Publicado en 27 febrero 2009,

Estoy alucinando con las compañias telefonicas en EEUU.Nada mas llegar me hice con un numero americano ya que me hacia falta para que se pudieran poner en contacto conmigo para responderme a alguna oferta de trabajo, aun estoy esperando….¬¬Bueno e…

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De cómo acabamos saltando a la comba con pelucas rojas

Publicado en 27 febrero 2009,
El domingo en Dusseldorf era día de despedidas. Josemi, famoso en el mundo entero por su fútbol violento de indudable calidad técnica, fue el primero en abandonar el barco (aunque sus buenos euros le costó subirse a él desde Turquía). Mientras esperábamos que se hiciera la hora desayunamos debajo de casa, y después lo despedimos en la parada de autobús.

Desayuno con Apfelstrudel incluido

Continuamos la jornada con un paseo por la orilla del Rin junto a los edificios más típicos de la ciudad (hay que ver el tal Frank Gehry, sólo tiene obras de dos tipos: las que se parecen al Guggenheim y las que se parecen a la Casa Danzante de Praga; después es todo corta y pega…). De camino a la torre pirulí Jesús nos contó una historia que se acababa de inventar sobre la cantidad de conejos que hay en los jardines de esa zona de la ciudad, pero obviamente no vimos ninguno. Subimos a la torre con la esperanza de que la niebla que se veía desde abajo fuera un espejismo, pero como no fue así no tuvimos la suerte de poder disfrutar de las panorámicas de la ciudad que nos habían prometido.

Menudo panorama nos encontramos en la torre

Una vez visto todo aquello nos pegamos una pequeña carrerita para acompañar a Bea a la estación. Siguiente baja del día. Cuando partió su tren nos dirigimos a la zona más japonesa de la ciudad, donde tienen hasta sus propias peluquerías orientales, para buscar un sitio donde comer. Casi todo estaba cerrado por ser domingo de Carnaval, así que acabamos en un coreano que había por allí cerca. Nos hinchamos a comer unos cuantos platos diferentes, y he de decir que me pareció todo riquísimo. Yo hice la jugada habitual de pedir cosas al azar y el resultado fue inmejorable. El Pfannkuchen de marisco y la pasta con salsa negra (así se llamaba, y no sabría decir qué llevaba) estuvieron deliciosos. Además, nos pusieron un montón de entrantes gratis para picar mientras preparaban todo, así que se puede decir que triunfamos.

Buenísima la comida en el restaurante coreano

Kike y Vaquero dejaron la mesa con tanta prisa que casi no les dio tiempo ni a coger los palillos, pero tenían que poner rumbo al aeropuerto. Nos quedamos con Jesús y Jon, y al poco rato se nos unieron algunos becarios de internacionalización que pasaban por allí. Tras una pequeña vuelta por el centro nos despedimos de ellos y nos quedamos los informáticos restantes y los becarios locales. Dejamos los trastos turísticos en casa de Yaiza y empezamos la fiesta.

Mi piña colada y los informáticos supervivientes

La primera parada fue un curioso bar que pretendía ser asiático y con una decoración bastante hortera, donde sin embargo pudimos probar los mejores cócteles que degustábamos desde hacía tiempo. Mi piña colada era casi sublime, aunque tanta calidad tenía que verse obviamente reflejada en el precio… A partir de ahí nos pasamos ya a la fiesta callejera, y estuvimos unas cuantas horas por las cuatro calles con más ambiente del centro. Todas las fachadas tenían altavoces instalados conectados entre sí, por lo que por todas partes se escuchaba la misma típica música carnavalesca a todo volumen.

Mientras nos tomábamos alguna que otra cerveza íbamos disfrutando del gran ambiente y de los disfraces de la gente. Unos pollos gigantes de Essen nos invitaron a unos chupitos (por lo visto es costumbre en esos días llevar chupitos para repartir a la gente), y lo pasamos en grande con las absurdas canciones alemanas. Después de un rato nos fue entrando ya el gusanillo del hambre y fuimos a comer una pizza artesana y baratísima en la pizzería favorita de Jesús.

Las pizzas estaban muy buenas y eran de lo más barato

A la salida, sin que nadie supiera muy bien cómo, acabamos organizando un festival de salto a la comba con la cola gigante de un marsupilami amigo de los becarios. Al principio la utilizamos para jugar al limbo en plena calle, pero la cosa fue derivando hacia la comba. Unos demostraron más habilidad que otros, pero hubo sobre todo una patana que indignó especialmente a Jesús, ya que “¡le pesaaaaa el cuuuulo!” y no hacía más que hablarnos en italiano.

Casi toda la noche fue de fiesta callejera; abrigados, eso sí

De allí fuimos ya a buscar un sitio donde entrar y echar el resto, y acabamos en un bar como otro cualquiera con algo de música variadita. Allí ya los disfraces empezaron a rotar y acabamos con pelucas, trapos y complementos variados repartidos entre todos. No sé cuánto tiempo estuvimos allí, pero acabamos destrozados. Dando un paseo nos fuimos hasta casa y dejamos que Jon siguiera desfogándose allí hasta el día siguiente (hay que ver lo que aguanta este tío…).

Muy sexys con las pelucas de Yaiza y Patricia

Todavía quedaba el lunes de cabalgata.

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Vicky Cristina Barcelona

Publicado en 27 febrero 2009,


Hace tiempo que debí ver Vicky Cristina Barcelona, porque cada vez que me presento a alguien en Singapur como español me dicen: ¡Cómo me gustó Vicky Cristina Barcelona! Y tienen razón, porque esta película ha conseguido algo que hace tiempo que estaba en el aire: introducir a Barcelona como uno de los grandes destinos turísticos del mundo.

La trama es muy simple, y narra la historia de un bohemio artista español que mantiene relaciones con una psicópata ex mujer española, y con dos amigas estadounidenses que han ido a Barcelona a pasar las vacaciones de verano. Entre lío amoroso y escena de cama, los personajes se pasean por Barcelona y Oviedo, ciudad que Woody Allen conoció cuando se le entregó el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2002. Es impresionante el uso de la luz y la belleza de las obras exhibidas en la película, creadas por Agusti Puig.

Una película entretenida, sin muchas pretensiones, con una gran polémica sobre la financiación (creo que ha sido la mejor inversión de fondos de un ayuntamiento en mucho tiempo) y por la que la gran Penélope Cruz se ha llevado un Oscar a la mejor actriz de reparto.

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De cómo acabamos corriendo encierros en una estación de tren

Publicado en 26 febrero 2009,
Nuestro primer Carnaval extranjero (porque el amago de Carnaval que viví en Viena no cuenta) concluyó el lunes después de tres días de intensa celebración y mucha alegría. Colonia y sobre todo Dusseldorf nos acogieron con los brazos abiertos, y Jesús, nuestro anfitrión, nos preparó un fin de semana para recordar.

Preparando el encierro en casa de Jesús

El sábado llegamos a Dusseldorf a las 11, después de salir sin problemas de Berlín a pesar de la nieve. Tras dos o tres vueltas a la Worringerplatz donde vive Jesús, por fin nos encontramos con el resto de la tropa ICEX en su casa. Mientras terminaban de ducharse nos pusimos al día con las últimas aventuras de los expatriados europeos y a mediodía salimos a la calle.

Esperando con hambre la comida para empezar el día con fuerzas

Pertrechados ya con nuestra ropa blanca y nuestros pañuelos y fajas rojos a base de manteles, camisetas, trapos y corbatas, nos dirigimos al restaurante que tan acertadamente habían elegido nuestros compañeros de Dusseldorf. Comimos en una Brauerei típicamente alemana y nos pusimos las botas con el mejor codillo que he probado últimamente y el surtido de salchichas y carnes variadas que nos sirvieron, regado todo ello por una Altbier tostada bastante rica. La única pena fue que no tuviéramos sitio para sentarnos con el resto de los comensales alemanes, puesto que al ser tantos (¡casi 40!) nos dejaron un salón para nosotros solos; vamos, que parecíamos una boda casi casi.

Salimos de comer rebosantes de sanas proteínas y no se nos ocurrió nada mejor que hacer que echarnos la primera carrerita del día para bajar el codillo. Después del tradicional cántico a San Fermín arrancamos el encierro en dirección a la plaza del ayuntamiento, ante la mirada divertida a la par que atónita de las decenas de alemanes que nos cruzábamos por la calle. Qué grande…

Sin heridos por asta de toro y todavía sin ningún caso de intoxicación etílica (vamos, que todavía nadie había cogido ritmo con la cerveza) fuimos dando una vuelta hasta llegar a la estación de tren. Compramos billetes en grupos de cuatro más uno (para evitar chistes innecesarios) y nos dirigimos hacia el andén. La estación era una fiesta en sí misma, con los disfraces bullendo por todas partes: era el escenario perfecto para otro encierro. Aun a riesgo de dejarnos parte de la dentadura en algún resbalón por el suelo pulido de las baldosas, o de que los policías 4 x 4 (no porque fueran todoterreno, sino por las dimensiones de su espalda) nos sacaran a porrazos de allí, el “uno de Enero, dos de Febrero…” (y así sucesivamente) volvió a sonar allí.

La media hora de tren a Colonia ya presagiaba lo que nos íbamos a encontrar. La ciudad, igual que ya lo vimos en Dusseldorf, estaba tomada por los disfraces. A partir de ese momento comenzó la ardua labor de tratar de mover a cuarenta personas con ganas de fiesta por una ciudad abarrotada con gente de lo más pintoresco. Cuando no se perdía uno, otro había ido al baño; cuando uno no había quedado con no-se-sabe-muy-bien-quién, otro estaba comprando algo en el súper

Nos pusimos como lechones en la Brauerei

Primero pasamos nuestra buena media hora bajo la catedral de Colonia, imponente en su inmensidad (hay que repetir Colonia sólo para poder visitarla como Dios manda). Luego ya empezamos a callejear hasta que encontramos una plaza con mucho ambiente, chiringuitos carnevalescos y música machacona alemana. Allí nos quedamos un buen rato celebrando hasta que el chunta-chunta folclórico pudo con nosotros y decidimos movernos. No sabíamos lo que hacíamos.

Dando vueltas por la ciudad entre encierro y encierro

Siguieron varias horas en las que nos recorrimos buena parte de la ciudad sin ton ni son y sin rumbo fijo entre esperas y paradas técnicas. Intentamos ir hacia otra zona que nos habían recomendado, y tras conseguir que un conductor de metro hiciera bajarse a todo el mundo porque los vagones iban ya saturadísimos, al final acabamos llegando al destino. Allí nos encontramos con una placita rodeada de cuatro bares, pero no era lo que buscábamos. Hicimos compras básicas de avituallamiento (unos “compraron” más que otros, todo hay que decirlo) y nos pusimos de nuevo en marcha.

Con tanta vuelta la noche empezaba a correr peligro. Había gente que empezaba a hartarse de esperar y no hacer nada… hasta que llegó uno de los momentos cumbre del fin de semana. Mientras esperábamos (otra vez) al tranvía que nunca llegaba, en el andén de enfrente apareció otro grupo de sanfermines. La emoción nos embargó (qué poco hace falta para hacernos felices) y nos pusimos a cantar como locos. A las típicas salvas a San Fermín siguieron una tras otra todas las canciones de “¡Camarerooooo!” que nos sabíamos, para cerrar con un “¡Yo soy español, español, español!” enorme. Grandes minutos que nos levantaron el ánimo a todos.

Cada nueva espera amenzaba con hundir la noche

Desde allí llegamos por fin de nuevo al centro, donde ya sí lo vimos todo de otro color. Con el estómago lleno de nuevo con un gyros bastante rico pero algo escaso nos decidimos a entrar al bar más grande que había en la plaza. Era un club de dos pisos y la música que dejaban oír los altavoces que tenían en la calle pintaba bien. Diez minutos y cinco euros después nos encontrábamos en el piso de arriba montando el espectáculo. Aunque la música degeneró y acabaron pinchando hasta la Lambada lo pasamos muy bien.

Encuentros fortuitos en Colonia

Cuando había más gente sentada en las mesas que de pie, decidimos que era un buen momento para emprender el camino a casa. Lamentablemente, la noche terminó con algunas malas noticias: aprovechando la confusión de abrigos, algún desgraciado que ojalá se pudra en el Infierno más repugnante le había robado la cámara a Kike. Al día siguiente nos enteraríamos que otra de las chicas se quedó sin móvil ni cartera. Eso, unido a la pelea espectacular de borrachos, porteros y policías que presenciamos en la puerta del local, dejó una imagen un poco peor de la noche de Colonia.

Casi no había gente en el metro…

La vuelta a casa fue durilla, aunque peor lo pasó alguno que yo me sé y que casi me iba babeando en el hombro sentado a mi lado en el S-Bahn. Pudimos comprobar eso sí que el ambiente general durante las fiestas es inmejorable (si descontamos los casi 800 incidentes que hubo el día anterior y en los que tuvo que intervenir la policía, claro), y que para ligar en Carnaval basta con un frenazo del tren y poco más. Una vez en casa preparé mi nidito en el suelo con los periódicos que habían sobrado del disfraz y allí encima me tumbé con el saco cual vulgar mendigo berlinés.

Todavía quedaba mucho por delante.

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Now playing: John DebneySong of complaint