¡Este blog cumple dos años!

Parece que fue ayer, pero han pasado dos años desde que creé este blog-diario para contar mis peripecias por Asia. Desde aquel “hola desde China” de hace dos años, he escrito un total de 197 entradas y me habéis escrito casi 500 mensajes. ¡Muchas gracias a todos!

Como celebración, he decidido hacer una breve recopilación de mis entradas favoritas y recordar el que fue, sin duda, el año de mi vida.

Es divertido leer de nuevo La llegada al aeropuerto y recordar cómo todo era nuevo y sorprendente. O la primera comida en China, en el Jingkelon, un restaurante mítico delante de la Oficina que frecuentaríamos varias veces por semana. Aquella primera semana probé por primera vez el pato Pekín, y pronto empecé a descrubrir la grandeza de la auténtica gastronomía china.

Qué decir de la primera visita al Yashow, el templo fake de Pekín. Todo era fascinante, como describía en esta entrada camino de la Oficina. O cuando relataba la primera nevada del año.

Qué decir de aquella cena en el Matsuko cuando hice el primer “Vicente”. La noche anterior de visitar por primera vez el inigualable Palacio de Verano.

Pronto empezaron los primeros viajes, y tuve la suerte de cumplir uno de mis sueños: visitar Hong Kong. Había visto tantos documentales de la ciudad en los 90, había importado tantos accesorios desde aquella remota ciudad en el instituto… y por fin pude maravillarme en persona con las vistas desde el paseo de las estrellas, puede ver en persona los míticos tranvías de dos pisos, subir por las mid-level escalators y visitar el Buda gigante en la isla de Lantau. Muchos meses más tarde volvería a la gran metrópoli, aunque en aquella ocasión visité la mejor playa de Hong Kong.

¡Cómo disfruté mis paseos por la capital china!Aquellas excursiones sin rumbo por la ciudad, cuando describía cómo era vivir en un pueblo dentro de la ciudad o cuando descubríamos por error parques como el Yuetang. Recuerdo perfectamente aquella tarde de sábado cuando me fui con la bici a dar una vuelta por el lago Houhai y lo visité por primera vez. Muchos meses separan aquel paseo de mi visita a la calle de las antigüedades de Pekín, unos días antes de volver a España.

Cómo echo de menos tener la oportunidad de viajar a Pekín cada fin de semana, cuando aprovechaba para visitar increibles templos, algunos budistas como el Yong He Gong, o templo de los Lamas, otros taoístas como el Dongyue o cristianos como la catedral de San José. Ajenos a las hordas turísticas, podíamos disfrutar con calma de lugares como el antiguo palacio de verano y el jardin botánico, o tan interesantes como el 798, el distrito artístico. El 798 se convertiría en mi escapada favorita los fines de semana, especialmente los domingos.

Pero sin duda la gran oportunidad fue descubrir China y poder visitar una mínima porción de la inabarcable oferta de pueblos, paisajes y maravillas naturales. Así tuve la suerte de poder visitar la región de Guanxi y sus montañas cársticas, una zona en la que me hubiera podido quedar varios meses viendo pasar la vida. Sensación que también tuve cuando descubrí otra región maravillosa como Yunnan, aventura que empecé a relatar pero quedó inacabada en parte 1 y parte 2. Tampoco encontré las palabras para relatar los paisajes de las montañas de Zhangjiajie, aquellos paisajes que inspiraron a la película Avatar y que mostré a través de unas pocas fotos que no le hacían justicia.

No sé la suerte que tengo de haber podido visitar ciudades o regiones de las que jamás había oido hablar, como nuestro viaje a Hoh Hot y el desierto en Mongolia interior junto a los shanghaineses, un viaje que recuerdo con mucho cariño y del que me acuerdo cada vez que como sandía. Qué decir de Chengde (donde sufrimos el “chengdenazo”, una anécdota que quedó en el tintero) o Harbin, donde visitamos el festival de hielo. Pero hubo más, mucho más, como el viaje a Xian, la antigua capital donde se encuentran los famosos soldados de terracota, aunque en el blog solo escribí sobre el curiosísimo mercado de pájaros. Quedó también sin ser relatado el divertido festival de la cerveza de Qingdao, donde vimos que para los chinos la playa es un concepto muy diferente. Otro pueblo pictórico que me encantó, Pingyao, quedó en el blog reducido a una divertida foto saltando.

También pudimos por fin visitar Shanghai, la capital económica china, ciudad que nos sorprendió gratamente y nos gustó mucho más de lo que esperábamos. “Nada mal para lo que fue un pueblo de pescadores hace poco más que un siglo”. Me hubiera gustado haber escrito mucho más sobre Shanghai, pero que no supe como abordar tal cantidad de fotos (más de 300) y experiencias que disfrutamos allí, gracias en gran medida al buen hacer de nuestros anfitriones shanghaineses.

Sin duda, nuestros viajes por China no hubieran sido lo mismo sin las genialidades chinas y su capacida para sorprendernos. Sin duda “estos chinos” fue una expresión que repetimos una y otra vez cuando vimos su peculiar chinglish I y II o nos sorprendimos cuando hacían lo imposible por escalar y tocarlo todo.

Por si ésto no fuera suficiente, pude viajar y conocer un poco más Asia. Así hice mi primera incursión en el sudeste asiático, conociendo Bangkok y la antigua capital (Ayutthaya) de Tailandia. Y viajamos a un país fascinante como Camboya, donde por fin pude visitar Angkor Wat, otro de los lugares mágicos a los que había soñado viajar desde que hacía muchos años. Aunque no pude relatar todo lo que vivimos, al menos describí nuestra llegada y la visita al mercado flotante en el lago Tonle Sap. Por seguir el orden cronológico, describí el primer día en Angkor Wat, cuando fuimos a los templos Rolous Group, los más antiguos y menos “impresionantes” del complejo.

Visitamos Kuala Lumpur en Malasia, donde vimos las famosas torres petronas, pasamos unos días en Singapur, donde grabé varios videos en la bahía de noche y disfrutamos de la ciudad-jardin, visitando entre otras cosas el jardín botánico.

Volví de nuevo a Japón, donde recordé mis primeras experiencias en uno de mis países favoritos. Volví a cruzar el famoso cruce de Shibuya y pasamos allí la nochebuena y disfrutamos de la belleza de los templos de Kamakura.

También visité un país al que le tenía muchas ganas: Corea del Sur. Aparte de la capital, Seúl, viajamos hacia el sur (en un tren con karaoke y máquinas recreativas) y disfrutamos de la tranquilidad de Gyeongju. También visitamos la capital del sur, Busan, donde deambulamos por uno de los mercados de pescado más grandes del mundo. También visité otro tigre asiático, Taiwán, pero solo escribí una entrada con los preparativos del viaje.

El último viaje fue a tierras indonesias, a Bali, donde disfrutamos del paraiso. Además de Bali, viajamos a las paradisiacas islas Gili, aunque no tuve tiempo para escribir sobre ellas.

En definitiva, un año inolvidable, que sin duda no hubiera sido igual sin las personas increibles que me acompañaron. Conocí gente excepcional, amigos para toda la vida y me reafirmé en mi intención de dejar Europa definitivamente y vivir en Asia, un continente que me fascina y del que no conozco más que una minúscula porción.

Seguiré contando cosas en el blog porque sirve para no olvidar los buenos recuerdos que conservo. Para los que quieran viajar a China, escribí este post con recomendaciones de viaje.

¡Gracias a todos!

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