Una gélida mañana de un sábado cualquiera

anciano calle
Un anciano coloca con delicadeza la última silla que falta en su composición. Sobre el frío pavimento, varias mesas y sillas de madera en miniatura emulan pequeños salones inhabitados. En la otra mano un cigarro se consume lentamente. Detrás han quedado unos guantes que necesitará para soportar la gélida mañana de un sábado cualquiera. Cientos de transeúntes pasan junto a él sin inmutarse, absortos en sus pensamientos. Pasada media hora se acerca por fin un curioso y pregunta el esperado “¿duo shao qian?” (¿cuánto cuesta?)

2 criticas en “Una gélida mañana de un sábado cualquiera”

  1. muy bueno ;)

  2. tai gui le!!