Viaje a Yunnan. Día 1: Shangri-La

Ya estoy de vuelta en Pekín tras nuestro viaje a Yunnan. El viaje superó nuestras expectativas y lo pasamos muy bien. Lástima que solo tuviéramos cuatro días, y no pudimos disfrutar con mayor tranquilidad de la belleza de la región y sus pueblos. Puedo certificar la veracidad de la frase de la lonely planet: “si solo tienes tiempo para visitar una región de China, que sea Yunnan”. Paso a relatar una parte del primer día de viaje:

El viernes por la tarde salimos de Pekín, un poco asustados porque al ser un puente festivo, millones de chinos se desplazaban ese día. En la parada de autobuses de Dongzhimen había colas infinitas:

Yunnan 001 (Large)

Para evitar los atascos de salida de Pekín, decidimos ir en metro al aeropuerto. Normalmente vamos en taxi porque si vas 4 te sale más barato, pero el metro es una opción que nunca falla, además por 2,5 euros no respresenta un gran desembolso. Eso sí, se notaba el incremento de desplazamientos, ya que tuvimos que ir de pie la media hora de trayecto.

A las 23:30 de la noche aterrizamos en Kunming, la capital y motor económico de Yunnan. La ciudad, de más de 1 millón de habitantes, es la típica ciudad china de nueva construcción: rascacielos horribles, autopistas elevadas, tráfico y polución. Se debe evitar pisar Kunming a toda costa, pero las conexiones con Pekín y el precio nos llevaron a pasar por allí. El hostal tenía una amplia terraza y pese a que al día siguiente nos teníamos que levantar a las 5am, nos dejamos llevar por el buen rollo que se respiraba y caimos ante la tentación de los batidos de mango a 1 euro. Y cómo resistirse a los pasteles de banana y muffins a 5kuais!

Yunnan 007 (Large) Yunnan 012 (Large)

Durante el viaje no paramos de comer en ningún instante, cualquier excusa era buena para parar y tomarnos unos batidos o lo que fuera. 

Ésta es una de las razones por las que suele decir que Yunnan es un paraíso backpacker, por 3euros/noche puedes dormir en hostales limpios, nuevos y que están realmente bien:

Yunnan 013 (Large) Yunnan 011 (Large)

Por la mañana, todavía de noche, cogimos un par de taxis y nos fuimos al aeropuerto. El nombre de la compañía no daba muchas confianzas:

Yunnan 014 (Large)

Pero tuvimos suerte y llegamos a Shangri-La sin problemas. En la novela “Horizontes perdidos” de James Hilton se hacía referencia a un lugar en el Himalaya, cerca de la frontera con Tibet con paisajes maravillosos, yaks y nómadas tibetanos. Los chinos han decidido que la ciudad a la que se refería en el libro era Zhongdian así que ni cortos ni perezosos le han cambiado el nombre al pueblo para incrementar el turismo. Y vaya que si lo han conseguido, cada vez hay más hostales, restaurantes y tiendas en el casco antiguo de Zhongdian, quiero decir, de Shangri-La.

Por si acaso te has olvidado en casa el abrigo, nada más bajar del avión te puedes comprar uno en la misma terminal:

Yunnan 016 (Large)

Cogimos un par de taxis para que nos llevaran al centro. El taxista estaba así de contento por llevarnos (claro, le estábamos pagando el triple o más de lo que probablemente le hubiera pagado un nativo):

Yunnan 017 (Large)

El pueblo está a 3380 metros de altitud, lo que hace que puedas sufrir el llamado “mal de altura”. Al andar por la ciudad notamos que costaba más respirar, y a la mínima que hacías algo de ejercicio te faltaba el aire. Para acostumbrarnos a la altura nada más llegar compramos una especie de churros a un señor:

Yunnan 018 (Large)

Hacía un poco de frío en la calle, así que entramos en una cafetería de las que tanto nos gustan a disfrutar de un desayuno occidental: creps, café, chocolate, etc. Nos inventamos una teoría de que empapuzarnos de comida nos ayudaría a pasar el mal de altura. No lo creímos ni nosotros, pero bien que lo gozamos.

Una vez aclimatados, pusimos rumbo al monasterio de Songzanlin. Antes dimos una vuelta por la zona nueva de Shangri-La, que aunque no tenía ningún encanto era curiosa. Han construido un lago artificial, con puentes, farolillos y demás parafernalia que les gusta a los chinos:

Yunnan 025 (Large) Yunnan 026 (Large)

Este gran edificio no supimos qué era porque estaba cerrado. Maite estaba convencida de que era una gran fachada de cartón sin nada detrás, como los escenarios del teatro ¿qué será en realidad?

Yunnan 019 (Large)

Finalmente tomamos un bus regular, y por la irrisoria cantidad de 1yuan (0,10 céntimos) llegamos al monasterio.

Yunnan 027 (Large) Yunnan 028 (Large)

Antes de llegar tuvimos que bajar del autobús y pagar la entrada, para que nos subieran con otro autobús hasta arriba de la montaña. Fuimos poco avispados porque si no bajas del autobús de línea llegas sin problemas, pero es lo que tiene ser turistas, que pagas de más en todas partes. De todas formas como buenos españoles hicimos la triquiñuela de hacernos pasar por estudiantes con el dni y la mastercard para conseguir las entradas a mitad de precio. No lo hubiéramos hecho si nos hubiera parecido un precio razonable, pero 12 euros por entrar a un monasterio, comparado con el nivel de vida en China no pareció una barbaridad.

Resultó que aparte del monasterio, el complejo está formado por veinte templos y muchas casas de estilo tibetano en el que viven unos 600 monjes:

 Yunnan 042 (Large) Yunnan 040 (Large)

Yunnan 041 (Large)

Yunnan 031 (Large)

No hice fotos dentro de los templos por respeto, aunque los carteles que me instaban a no flashear a los budas también influyeron. Nos gustaron mucho los templos y altares que habían por todas partes. En unas salas enormes había budas de todos los tamaños. Había un par que medirían 20 metros de alto y en una sala había más de 100 de unos 20 cms. En las paredes había cuadros gigantes con demonios y otras deidades tibetanas (que por cierto dan bastante miedo), había también esculturas, reliquias, fotos de los monjes, etc. El budismo tibetano es una rama única del budismo, en la que a diferencia de otras “variantes” como el Mahayana o Theravada (en las que no hay sacerdotes), está jerarquizada teniendo por encima al Dalai Lama y al Pantchen Lama. Ambos hicieron funciones parecidas a los papas de antaño, teniendo el poder político y religioso al mismo tiempo. Es también interesante reseñar que en el budismo tibetano se integraron las creencias populares anteriores y por eso hay príncipes demoníacos (los que dan miedo) y muchísimas divinidades menores como los guardianes de los puntos cardinales o Yama, el juez de los muertos y señor de los infiernos. Hice esta foto en modo furtivo:

Yunnan 044 (Large)

Los demonios acechan en todo momento y por eso hay que tener talismanes, quemar inciensos y dar ofrendas para que no se porten mal con nosotros. Todo esto lo vimos en el interior de los templos, en los que vimos cómo los monjes hacían sus rituales en silencio, como por ejemplo el recitado de mantras. Éstos son fórmulas escritas que tienen algún tipo de poder y los hay con muchísimos objetivos concretos. Los mantras se encuentran escritos en cuadros, casas y en las vestiduras de los monjes. Aquí un monje en los alrededores:

Yunnan 046 (Large)

Las vistas desde el monasterio eran increíbles, montañas de más de 4000 metros de altura con el pico nevado se alzaban majestuosas en el horizonte :

Yunnan 038 (Large) Yunnan 037 (Large)

Con Jose y Laura a las afueras del monasterio:

Yunnan 045 (Large)

Foto de grupo:

Yunnan 048 (Large)

Había muchas mujeres de la minoría Naxi vestidas al modo tradicional:

Yunnan 032 (Large)

Volvimos a la ciudad y pasamos a visitar la “old town”, la zona antigua de Shangri-La. Casas de estilo tibetano con tiendas, restaurantes y hostales por doquier. Precioso:

Yunnan 061 (Large)

Yunnan 062 (Large) Yunnan 065 (Large)

Yunnan 066 (Large)

En una plaza vimos varios puestos de comida y nos decidimos por unos pinchitos de verduras y carne que nos cocinó esta señora tan simpática:

Yunnan 058 (Large)

Luis optó por unos creps o tortitas con queso, no recuerdo muy bien qué era, pero estaba muy rico:

Yunnan 056 (Large)

Y tendremos que añadir a este joven a nuestra lista de chinos que salen en las fotos riéndose:

Yunnan 057 (Large)

Parece ser que el hombre estaba tan contento y feliz de vernos por allí que se acercó a ver cómo Jose compraba pulseras y colgantes, para volver a sonreir ante mi cámara:

Yunnan 060 (Large)

Yo me comí 5 pinchitos por 1euro, un poco picantes pero muy ricos. José comió varios de carne de yak, animal que trató de probar en todas sus variantes durante el viaje (leche, yogurt, carne asada, pinchitos, ¡hasta pegó un mordisco a un cinturón de piel de yak hasta que desistió por miedo a dejarse los piños!).

El cielo azul, aire fresco, increibles montañas en los alrededores. Un ambiente relajado y tranquilo, totalmente opuesto al bullicio de Pekín nos invitaba a pasar algunos días sin prisas en aquella ciudad, pero desgraciadamente no disponíamos del tiempo para poder saborear la paz de Shangri-La. Debíamos partir sin demora hacia Lijiang, ya que queríamos hacer además una parada a medio camino para ver la Garganta del Tigre. Así que buscamos a un señor con una furgoneta y negociamos que nos llevara. En total serían unos 400kms, así que creíamos que sería una negociación dura, pero fue muy fácil y sencillo. Quizá como no había turistas el señor no tenía mucho trabajo y sabía que no podía pedir más. Nos dijeron que esperáramos conseguirlo por 700 yuanes, pero al final por 500 (50euros) nos llevó a los 5 en su furgoneta:

Yunnan 070 (Large)

Continuará…..

Criticas cerradas.