El día 4 de octubre, y contra todo pronóstico, abandonaba España rumbo a la “Perla del Caribe”, con ilusión, aunque también con cierta pena por cuanto dejaba, mejor dicho por cuantos dejaba. Cosas del castellano, que en ocasiones consigue que pluralizar signifique algo más, algo totalmente diferente. Una de las cosas que siempre me he preguntado es cómo hacen los cartógrafos para dibujar sus mapas. Probablemente sea una pregunta estúpida., como la mayoría de las que me hago, pero lo cierto es que nunca he sabido si, al menos en los tiempos en que no se contaba con los medios actuales, contrataban a un tipo para que se diese el rulo por todo el país dibujando todo cuanto veía o se llamaban de pueblo en pueblo estilo Gila preguntándose cosas al estilo:
- Oiga, ¿es usted de Fontibre?
- Sí
- Y, ¿me podría decir cómo nace el Ebro por allí?
- Estrechito, pero fuerte, con una pequeña curva a izquierdas.
- Muy bien, pues felicíteme usted a la madre.
Bueno, chistes malos aparte, la cuestión es que me impresionó comprobar cómo la silueta que dejaba atrás se parecía a la que tantas veces había visto en los mapas.

Sin embargo, al llegar a Cuba uno tiene la sensación, o al menos yo la tuve, de llegar a un lugar conocido, en cierto modo. El paisaje, en general, recuerda al de películas de tipo bélico, al de guerras como la de Vietnam, ambientadas en manglares o llanuras pobladas de arbustos que sirven de improvisada trinchera.

Cuba es un país de película, o más bien de anuncio (comercial que dicen por aquí). Y, puestos a buscar un anuncio, ninguno mejor que aquel de MasterCard:

Pasar un día en la playa: poco más de 10 CUC, cerveza Bucanero (realmente buena) incluida.
Cena a base de langosta rehogada, previamente, con piña colada: 5 CUC del ron y la buena voluntad de la gente, ingrediente básico de la velada.


Que te “boten” de la que esperas sea tu casa la primera semana: amigo, eso no tiene precio. Bueno sí, el doble de lo que pagaba antes y la mitad de buen rollo. La primera en la frente, colega.
Esta que veis es la que probablemente acabe siendo mi residencia aquí, aunque todavía no está muy claro cuando podré decir que tengo casa; ya se sabe, ritmo cubano, me estás estresando y demás.
En mi tercer día aquí, la gente de mi ex casa (aunque yo todavía ignoraba mi destino) me invitó a acudir a un cumpleaños cubano. Los cumpleaños en este país son ocasiones muy especiales. Acude toda la familia al completo y aquí lo que en España se llama núcleo familiar (padre, madre, la parejita, el perro y la televisión LCD) está compuesto por, al menos, tres generaciones. Vamos, que cuando te vas de la fiesta aún te queda gente por conocer.

El fin de semana pasado fue bastante “heavy”. Aquí el 10 de octubre es la fiesta que conmemora el inicio de la lucha contra España por la independencia. Y como el 13 fue fiesta en España, conmemorándose el inicio de las aventuras de Cristobalito por estas tierras, tuve un acueducto de jueves a martes. Tremenda ironía la coincidencia de estas dos fiestas. Aquí, de todas formas, no lo llaman el Día de la Hispanidad, sino el Día de la Raza. El lunes, después de cuatro días de playa, mojitos, bucaneros y bucaneros, playa, mojitos, decidimos darle un toque más cultural a la cosa (el cuerpo ya pedía clemencia a gritos) e irnos a ver una exposición de Alberto Korda. Alberto Korda es el fotógrafo oficial del, de la revolución. La famosa foto del Che que todo el mundo conoce es suya.


Antes de llegar al museo, pasábamos por la plaza de armas y vimos a un tipo haciendo fotos con una cámara antiquísima; creo que de esas que, por su sistema de funcionamiento, se denominan daguerrotipos. La plaza de armas tiene una historia: hay un tramo en que el suelo en vez de empedrado es de madera. Se dice que se debe a que al capitán general español que residía en ella en otros tiempos le molestaba mucho el paso de los carruajes durante la siesta, así que ordenó construir ese tramo de madera para que los carros no perturbasen su sueño. Volviendo a la historia del daguerrotipo, ahí os dejo unas fotos para que veáis la cámara en sí y parte del proceso.



Aquí los museos cierran domingos y lunes, así que de nuevo, y muy a nuestro pesar, el destino nos empujaba a tener un día “golfo”. No obstante, justo al lado del museo donde tenía lugar la exposición de Korda hay un edificio alto que en el ático tiene un ingenio de Leonardo da Vinci realmente curioso y digno de visitar. Lo llaman la cámara oscura y consiste en un sistema de espejos colocados de tal manera que, desde una cámara de forma circular, son capaces de enfocar toda la ciudad para que puedas ver todo lo que en ese momento está sucediendo en varios kilómetros a la redonda. Muy interesante, la verdad. Os pongo unas fotos para que os hagáis una idea, aunque es mejor que vengáis a verlo vosotros mismos, para algo estáis más que invitados.

Cámara oscura desde dentro

Imágen proyectada por cámara oscura
Después de esto, y siguiendo los designios del destino, fuimos a tomar unas cervezas a la Casa de la Cerveza, en la misma plaza (La Plaza Vieja) donde se encuentran esta cámara oscura y el museo. Es un lugar con mucho encanto. En el interior tiene un montón de silos donde fabrican su propia cerveza y el patio interior y la decoración son muy pintorescos. En el exterior, músicos realmente buenos con instrumentos realmente viejos que vienen a demostrar que el virtuosismo está en el intérprete, no en el instrumento. Y en medio de este panorama, lo sórdido pero irremediable: comportarse como un guiri y pedir los famosos metros de la casa, cilindros de 5 metros de alto llenos de cerveza (creo que de esto también hay en Madrid en algún sitio). Y ya puestos, aprovechamos y comimos allí a base de brochetas. Otra guirufada. Qué se le va a hacer.



En estas estábamos, cuando apareció otro artista camuflado que se sumaba a los músicos, sólo que se trataba de un dibujante. Sin dirigirse a nosotros comenzó a dibujar y al poco me mostró su trabajo. Una caricatura mía que debe ser buena, porque es difícil que uno se vea reflejado en una caricatura. Todo el mundo cree: yo no tengo esa nariz, pero si mi cabeza es mucho más pequeña y cosas por el estilo. Bueno ahí os la dejo, juzgad por vosotros mismos.

El artista

Un servidor
Después de comer nos fuimos a dar un paseo por la Habana Vieja. Esta zona es un museo en sí mismo. Un museo de gente, de casas, de coches, de costumbres. Una de las costumbres más arraigadas aquí es el ajedrez. El Ché inculcó mucho este juego a la población cubana, pues observaba que todas las grandes naciones del mundo contaban con grandes ajedrecistas. Hoy día es uno de los pasatiempos nacionales junto al dominó y la sobremesa (algún legado como veis si que dejamos los españoles por aquí).


La Habana, y sobre todo La Habana Vieja, es un lugar de contrastes. Las casas medio caídas contrastan con emblemáticos edificios, los autobuses de turistas con aquellos para los cubanos y los coches… Bueno, los coches son otra historia. Esto es un gran salón del automóvil. Hay auténticas joyas, aunque en la mayoría de los casos en malísimas condiciones. Y es normal. La mayor parte de los coches tiene más de 40 o 50 años de historia a sus espaldas. O a sus maleteros, mejor dicho, supongo. Aquí quien más quien menos ejerce de mecánico. Creo que yo mismo volveré después de este año con algunos conocimientos de mecánica. Quizá con más que de economía, jeje.





También puede decirse de La Habana que, probablemente, sea una de las ciudades más seguras del mundo. En España nos dio por poner un bar en cada esquina; aquí en vez de bares hay policías.
Ese mismo día, el 13 de octubre, tuvimos una recepción en casa del embajador español con motivo del Día de la Hispanidad. La verdad es que le ha quedado muy “cuca” la casita (jeje). No llevé la cámara, así que no os puedo mostrar unas fotos para que la veáis.

Un edificio emblemático de La Habana es el Capitolio. Es casi idéntico al de Washington. Pero lo mandaron construir más grande que el de los americanos.
Una de las más bellas vistas de la ciudad es El Malecón y cuantos edificios quedan detrás vistos desde el Faro del Morro. Y también es interesante acudir al famoso cañonazo que se escenifica allí cada día a las 9 de la noche. Es una tradición que data de siglos atrás cuando se impuso en la ciudad el toque de queda para defender a la población de un posible ataque de los ingleses que asediaban la ciudad desde sus barcos. Los soldados disparaban el cañonazo para advertir a la gente y que ésta se apresurase a entrar en la ciudad, pues en ese momento levaban los puentes y cerraban las puertas de las murallas que defendían la ciudad. Por el mismo precio (5 CUC) y dentro de este recinto amurallado, uno puede visitar también un pequeño museo dedicado al Che y el despacho que éste utilizó. Se dice que allí se firmaron muchas de las sentencias de ejecución contra aquellos considerados contrarrevolucionarios o afines a Batista.

Bueno, creo que me he demorado bastante en este primer post, pero he contado bastantes cositas también. A partir de ahora, y cuando logre ya tener mi casita, el visado en regla y demás asuntos, espero teneros informados más a menudo. Hasta la próxima. Ah, os dejo con unas fotos panorámicas de la ciudad desde la Plaza de la Revolución. Son fotos de Hugo, un colega, porque yo aún no he estado. Pero me parecía interesante que las vieseis. Lo dicho, hasta pronto.

