Fin de semana muy indo: Pulau Tidung

Como ya habréis comprobado, a mi lo de quedarme un fin de semana en Yakarta no me gusta. Por ello decidí apuntarme a un plan de última hora de un amigo indonesio, mi gemelo asiático David (¡nacido el mismo día y año que yo! Al plan se añadió Ina, compi de curro, y con David iban un español (nuevo fichaje: Imanol), un francés y una australiana chillona.

El plan era levantarse a las 5 de la mañana, coger un barco en el puerto de Yakarta, e ir a una de las 1000 islas: Pulau Tidung, a unas dos horas de camino.

No es ninguna novedad la indiferencia de los asiáticos por el espacio personal, la comodidad en los medios de transporte, ni la seguridad en los mismos. ¡Pero esto era exagerado! Todos en una habitación de un metro de alto, sin sillas y con 4 salvavidas…

Al llegar a la isla, nos dimos cuenta que no nos íbamos a encontrar con ninguna de las comodidades occidentales a las que estamos acostumbrados…

Lo primero fue ir a negociar una habitación, en un…..no se ni como llamarlo. Era una casa con habitaciones, colchones en el suelo, y un agujero para hacer ya sabéis que. Aunque por 4 euros la noche quien se va a quejar…

Dejamos el Resort y nos fuimos a dar una vuelta por la isla.

Hicimos un poco de snorkel, dónde vimos algún que otro coral, pero peces pocos… También saltamos desde el puente (no es que hubiera mucho más que hacer…):

Pues como esta:

La vuelta la pudimos hacer en un barco algo mejor, con asientos y todo, aunque nos subimos a tomar el sol ante la horrorizada mirada de los indonesios, que buscan cualquier manera para volverse más blancos (nadie esta contento con lo que tiene).

Al llegar al puerto, nos fuimos a hacer una mariscada a Anchor, aunque antes tuvimos que pasar por el lugar con peores olores que he estado en mi vida. ¿A quien se le ocurre secar el pescado al sol?

Sin duda un fin de semana obligado para los que vivimos en Yakarta, y una excelente manera para vivir al estilo indonesio al 100%. Eso sí, ¡una vez es suficiente!

Y de nuevo en Lombok

Desde que la vi por primera vez con Adriana, la isla de Lombok me encantó. Es por ello que cuando Patricia y Jorge decidieron darse una vuelta por Indonesia, aproveché la ocasión para traerles aquí. Al final se acabaron apuntando Axel, Jacobo, María, Laura y Martina, y pese a algún incidente por el camino, lo pasamos genial.

Cogimos el primer vuelo de la mañana, un taxi hasta Kuta Lombok,

y llegamos al hotel de siempre: el Surfers Inn:

Tomando un zumo antes de salir

La única manera de moverse por la zona del sur de Lombok, es alquilando una moto. No es una zona para principiantes (excepto Jorge que es un profesional nato), ya que la carretera no es la mejor, y hay que ir con mucho cuidado. Tuvimos un par de accidentes por el camino a lo largo del fin de semana…

Ejemplo de carretera casi impracticable

Fue agradable volver a encontrarme con las bonitas playas paradisíacas de Lombok:

Con Patricia decidimos ir a dar una vuelta:

así que nos subimos por un camino de cabras,

para admirar las bonitas vistas:

dónde nos encontramos con unos simpáticos monos:

Amelio pasándolo en grande

Decidimos subir hasta la cima nada más que con nuestro traje de baño y descalzos (con protestas de Patri incluidas):

¡y valió la pena!

Que se te cruce una manada de búfalos por la playa empieza a ser algo habitual en Indonesia…

El atardecer, lo vimos en el Novotel muy cerca de dónde nos alojábamos, en Kuta Lombok. Impresionante.

La única foto de grupo que tenemos fue en la cena, y de calidad pésima por cierto:

Al día siguiente, más de lo mismo. Coger la moto ¡y a la aventura!

Jorge…muy profesional

La idea era irse parando en las playas que nos apetecieran. La isla estaba desierta de turistas, y nos íbamos encontrando a gente local que nos recibían siempre con una sonrisa.

La carretera a veces algo complicada

Patri y jorge siguieron disfrutando de Indonesia hasta el miércoles, mientras los demás nos fuimos a nuestra vieja Yakarta a trabajar. Añado una foto suya en Bali como despedida de esta entrada. :)

De paseo por Disneylandia (Singapur)

Ya me habían avisado, pero hasta que no lo ves no lo crees: Singapur es como una isla aparte en el sureste asiático, que se rige por otras normas y leyes. Un paraíso del orden, la limpieza y lo artificial para quien le guste. Personalmente, y aunque yo prefiero la locura de Yakarta dónde todo es imprevisible, creo que hay que verlo. Un fin de semana es sin duda suficiente, y fue una buena ocasión para reunirme con Jorge y airearnos un poco.

Lo único que nos costó un poco fue encontrar un hotel barato (menos de 50 euros por persona y día ni existe), así que por primera vez en mi vida me metí en un albergue de backpackers, con otras 10 personas en la habitación. Todo por un módico precio de 25 euros la noche. Eso sí, incluyendo desayuno. La mayoría de estos lugares se encuentran en Lavender street (noreste de la ciudad) o por China Town. El nuestro, The Green Kiwi Backpackers, no estaba mal.

Llegamos el viernes noche, y nos fuimos a dar una vuelta por el centro, a tomarnos una mítica cerveza del Seven Eleven en el puente que lleva a Clarke Quay, un recinto cerrado dónde se encuentran infinidad de bares y restaurantes:

Interior de Clarke Quay
Vistas del río que rodea la zona

Tras tomarnos alguna cerveza en uno de los locales a nada menos que 10 euros unidad (no muchas), nos fuimos a dormir, ya que al día siguiente habíamos quedado con Allison, una chica singapuriense que pasó por Yakarta hace un tiempo.

Jorge muy contento (a saber porqué)

Arte urbano
Pidiendo comida coreana en un Food Court

Extraños postres (por la cara de él incluso para ellos)

Le pedimos a Allison que nos hiciera una ruta de visita para el día, y la verdad quedamos muy satisfechos. Primero nos dejamos caer por el jardín botánico:

Hay quien nace un payaso
y no se molesta en ocultarlo

Igual hacía 6 meses que no veía un jardín:

Lo que vale más la pena del jardín botánico, es el jardín de orquídeas en el que hay que pagar 5 SGD, menos para estudiantes de universidad como nosotros que es gratis. No se miran el carnet así que enseñadles cualquier cosa si vais. A jorge le valió el carnet del colegio de abogados.

Patri, ¡faltabas tú!

The 3 wise monkeys
Aquí Jorge muy desfavorecido

Luego nos fuimos a otra de las visitas obligadas de Singapur: Marina Bay Sands, dónde se encuentra el famoso edificio con un barco en la cima:

Decidimos subir a lo alto del edificio. Cuesta 20 SGD pero vale la pena por las vistas de la ciudad.

Las asiáticas posando como siempre
Hasta en Singapur se pelean por hacerse fotos con nosotros
Celebrando el día de san Patricio

Al día siguiente nos dispusimos a realizar otro de los recorridos obligatorios de la ciudad: visitar los templos y los mercados de Little India y China town.

Joje con su mapa
Templo hindú

Caminando hacia China Town

Al entrar hay que prender un incienso
Así rezan: le dan la vuelta a la traca esta
Plato estrella del fin de semana: ¡Wantan Noodles!

Finalmente, la última parada iba a ser Sentosa Beach,y la última aberración de Singapur, y lo que fue en su día una fortaleza británica ahora convertida en parque de atracciones. Si pensábamos que el resto de la ciudad era artificial, Santosa se llevaba la palma. Sus playas, importadas de Malasia e Indonesia, y sus parques de atracciones son muy curiosos.

Se llega a través de un barato y cómodo monorail (esta en otra isla pero muy cerca).

En la “playa” de Singapur 

Como dice la Lonely Planet, sus playas invitan al descanso pero no al baño. Teniendo en cuenta que se se encuentra al lado de uno de los mayores puertos de Asia, se entiende.

Se puso a diluviar así que nos refugiamos en una de sus atracciones:

Al acabar la lluvia nos dimos un paseo por la playa, dónde pudimos observar las extrañas infraestructuras turísticas que tienen los singapurienses:

Aquí adjunto un vídeo de un chico con un doble backlip: DSCN3689

Lo siento, pero lo tenía que hacer. A continuación la cara de Jorge cuando se dio cuenta de que el vuelo no era para el domingo, sino para el lunes (sí, se equivocó):

¿He sido yo?

Anda que….

Y aquí acaba el viaje (al menos para mí, a Jorge le esperaba toda la noche en un bus para llegar a tiempo al trabajo).

Vagueando por la ciudad 4

Me he vuelto a animar con el tema del blog, y para que no se diga aqui va otra de la vida cotidiana en Yakarta. Hay que decir que cada vez las cosas que vivimos aqui nos sorprenden menos, y por tanto también tomamos menos fotografías por la calle.

El otro fin de semana decidimos con Lucia, Christiane y Axel ir al mercado de animales ilegales (Jatinegara market, en Yakarta oeste), famoso desde la visita de Frank de la Jungla. Esperabamos ver algún dragon de Komodo, y algún que otro bicho exótico.

Vistas desde un puente de la entrada del famoso mercado

En el mercado se encontraban todo tipo de animales de jungla, tales como monos, que podían comprarse por tan solo 200.000 rupias (unos 16 euros).

Pobre Amelio, encerrado en una caja…

Una tortuga gigante
Murciélagos gigantes

Aunque finalmente nos dimos cuenta que si no vas con alguien local, o con pintas de turistas que han perdido el vuelo a Bali como llevábamos, es imposible acceder a los animales ilegales. La próxima vez afinaremos más el tiro…

Otra de las cosas por las que vale la pena vivir en este agujero de ciudad, son los brunchs de los domingos, muy habituales de los hoteles 5 estrellas y populares entre los expats. El concepto es sencillo: pagas entre 300.000 y 500.000 IDR (26-45 euros dependiendo de si tomas bebidas alcohólicas), y te pones morado en un buffet dónde encuentras todo tipo de cocinas: indonesia, occidental, india, japonesa, etc. Aquí van algunos ejemplos del hotel 4 Seasons, aunque dicen que el mejor es el Shangrila:

Foie a la plancha
Sushi
Ostras a gogo
¿Quieres una crêpe?
Pablo disfrutando de un nutritivo postre

En la oficina tampoco comemos mal. De vez en cuando nos pegamos un homenaje (los llamados zafaranchos), y cada uno trae algo español que comer. Un verdadero placer descansar de la comida indonesia de vez en cuando…

Toda la oficina comercial

Y como la última vez, finalizo la entrada con un par de imagenes de los atardeceres desde mi ventana. Los colores y el volcán a lo lejos son impresionantes, ¿verdad?