Myanmar. Tercera estación: Yangon

Yangon, la que fue la capital de Myanmar hasta 2005, año en que fue sustituida por Naypyidaw, ha quedado bautizado por nosotros como el mayor agujero del sureste asiático. ¡Y vivo en Yakarta! El problema es que cualquier viaje aéreo a Myanmar pasa por esta ciudad, pues posee el único aeropuerto internacional del país.

La wikipedia dice que el término Yangón proviene de las palabras birmanas yan y koun que significan “ciudad sin enemigos”. Normal, a ver quien se acerca aquí…

La impresión fue como si hubieran abandonado totalmente una ciudad, pero siguiera viviendo gente. Nuestro hotel, situado cerca de China Town, nos acogía con una lujosa entrada:

Acto seguido nos fuimos a cenar, no pudiendo encontrar ni un solo restaurante, así que comimos unos noddles de dudosa procedencia. Las ratas, más grandes que los gatos, parecían decir: “¿y estos que hacen aquí?”.

Por la mañana, tras un sorprendente no tan mal desayuno, cogimos un taxi para ir a ver la gran pagoda dorada. La guerra del agua seguía activa, y los terroristas iban mucho mejor preparados que en Inle Lake o Bagan.

Por la ciudad circulaban sin cesar furgonetas tipo pick-up, abarrotadas de gente con una única misión: que les empaparan hasta las trancas.

La gran pagoda Shwedagon (vaya nombre), que nos sorprendió gratamente por cierto, es un enorme complejo de edificios dominado por la estupa Shwedagon Paya, con sus 100 metros de alto y completamente bañada en oro. La leyenda dice que fue construida después de la muerte de Buda cuando dos hermanos llegan con ocho pelos de él como reliquia. Actualmente la estupa está rodeada de diferentes edificios y templos, decorados con cientos de esculturas, relieves y figuras. Por si no fueran suficientes las toneladas de pan de oro, en la punta de la estupa se encuentran diamantes y rubíes.

Mi opinión es que si vendieran todo este tinglado podrían lavarle un poco la cara a la ciudad…

 La segunda foto de los 4 que tenemos:

Por el recinto se encontraban gran cantidad de monjes budistas, obligados a  venir a esta pagoda al menos una vez en su vida.

Con el calor que hacia, y lo que quemaba el suelo en nuestros pies desnudos, nos paramos a descansar un poco:

Y a echar unas risas, ¡que ya tocaba!

Nos paró un monje, que nos explicó la historia de la pagoda, y de cuales eran los rituales que debíamos seguir.

Uno de ellos era tirar un montón de cazos de agua en la estatua del día en que naciste. Cogimos por comodidad la más cercana…

Al terminar, nos pidió una donación de 10USD por persona, que evidentemente nos negamos a darle. Le ofrecimos una cantidad inferior, a lo que nos respondió que o todo o nada. Nada fue.

Sin otra cosa que hacer, pasamos las horas que nos quedaban en la ciudad intentando comer alguna cosa, sin mucho éxito.

La ciudad daba algo de miedo, y no había calle por la que pasar sin el riesgo de calarse entero. Decidimos pasar las 4 horas que quedaban en el aeropuerto, dónde pudimos comer y descansar un poco.

Y aquí termina la tercera entrega del viaje. Como ya dije al principio, la última etapa se nos hizo dura. He de destacar que pese a que fueron los mismos birmanos con su fiesta los que nos lo hicieron pasar mal, en todo momento me parecieron gente entrañable, divertida y acogedora, y  por extraño que parezca debido a su situación política y social, con una felicidad digna de un pueblo orgulloso.

El viaje lo recomiendo 100% a todo el mundo, incluso dedicaría unos días más a perderme por las entrañas del país. Eso sí: ¡no vayáis durante el water festival!

2 pensamientos en “Myanmar. Tercera estación: Yangon

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