Penang, la Perla de Oriente

Penang, en la costa noroeste de Malasia, es un destino bueno, bonito, y barato para volar desde Yakarta con Air Asia. Me cogí este vuelo a principios de beca por menos de 60 euros. No es un destino de ensueño, pero para rellenar un fin de semana en el que no se tenga nada que hacer da el pego. La verdad es que resultó ser un fin de semana de lo más divertido el que pasé con Jorge mano a mano.

La isla es famosa por su gastronomía, y menos el primer dia que cené unos fideos en una bolsa de plástico (la verdad que no estaban nada malos, pero la presentación no ayudaba…), comimos muy bien.

 Mis Char Koay Teow en una bolsa:

El sábado nos fuimos a hacer un pequeño trekking de una hora por el Parque Nacional de Penang.

Suerte que Jorge se entera más que yo para llegar a los sitios.

Nosotros cogimos los caminos de la derecha, un paseo que iba bordeando la costa hasta Monkey Beach.

En Monkey beach pues había…monos.

La playa era fea de narices (lo siento pero después de las playas de Lombok, El Nido, Koh Phi Phi, etc. me he vuelto algo exigente). Además en esta época del año el agua esta tan turbia que no veías ni tu cuerpo cuanto te bañabas. Eso sin contar lo caliente que estaba, una decepción con el calor que teníamos.

Nos encontramos con muchísimas mujeres ninjas como la de la foto. Con el calor que hacía una vergüenza que las hagan vestir así…

Para volver, en vez de andar nos cogimos un barco de vuelta al punto de partida. Una inversión de la que no nos arrepentimos nada.

Decidimos pegarnos un homenaje, y fuimos a comer a un sitio de esos en los que escoges el pez que quieres (como si supieras diferenciar entre 10 peces iguales el que sabe mejor). Una práctica algo cuestionable si lo pensamos bien, pero mas fresco imposible.

La comida estaba INCREÍBLE:

Por Penang moverse es muy fácil, y hay un servicio de autobuses que funciona a la perfección por menos de 3 RGT. Algunos medios de transporte tan originales como siempre:

Por la noche salimos por Georgetown, la capital de Penang. Hay una calle con varios bares con terraza (el primero con banderas rastafaris es el más barato, con happy hour toda la noche) y una discoteca que cierra a las 4 de la mañana. Por suerte conocimos a un par de chinas locas que nos llevaron a desayunar una auténtica bomba: Roti Hong Kong, un plato altamente recomendable para bajar las copas a esas horas. Es un combinado de huevos fritos, salsas extrañas, pan tostado y que se yo que mas llevaba eso. Ahí teneís una foto:

La herencia colonial es más que evidente, y quizás es de los lugares en la que más la he notado por el sudeste asiático. La isla fue propiedad de los ingleses hasta 1957, y resulta muy curioso el cruce de culturas que aún permanece, ya sea a nivel arquitectónico, gastronómico y étnico.

En Penang puedes encontrar a un malayo musulmán cruzando tras un comerciante indio, en la calle de los armenios a la altura de un templo chino, de camino a su mezquita (un antiguo asentamiento inglés). Si no más, curioso.

Penang esta lleno de Food Courts con todo tipo de comida de influencia china, india, malasia e indonesia a precios de risa: cenamos por 1 Euro.

Nuestra última visita fue el Fort Cornwallis:

Por último pego una de esas imágenes que me siguen chocando por el sudeste asiático. Una iglesia católica (St. Paul’s nada menos), con letras chinas. Lo siento, ¡pero no puedo imaginarme a un chino dando una misa!

Una de volcanes: Bromo + Kawah Ijen

Viaje de fin de semana sobre ruedas (literalmente), en el que nos reunimos los de Yakarta y Bangkok para ver dos de las maravillas de Indonesia: los volcanes Bromo y Kawah Ijen.

Una agenda apretada que fue posible gracias a nuestro guía y chófer Tommy. Os dejo su contacto por si queréis hacer el viaje. Totalmente recomendable.

Tommy –  correo: blueisland_024@yahoo.com, teléfono: +62 85257753783

Tras aterrizar el viernes por la noche en el aeropuerto de Surabaya, hicimos noche en la furgoneta para llegar a primera hora a los pies del primer volcan: Kawah Ijen, al que llegamos después de 8 horas de tortuosa carretera. En mi caso dormí bien poco.

Se trata de un volcán de 2.148 m de altitud que produce sulfuro, un elemento completamente tóxico y que recogen a mano un grupo de hombres cuya esperanza de vida no pasa de los 40-50 años. Por desgracia ese día no estaban, pero si pudimos hacernos una idea de las horribles condiciones en las que trabajan.

La ascensión dura aproximadamente 2 horas y no es más que un tranquilo paseo. Aunque a esas horas y sin haber dormido ni desayunado…

Por el camino encontramos unas canastas con las que transportan las piedras de sulfuro. Los trabajadores suelen llevar 80 kilos por viaje y hacen dos al día. Por ello les pagan aproximadamente 600 rupias por kilo, es decir que con suerte ganan 98.000 rupias al día por jugarse la vida (menos de 9 euros).

Las vistas durante el paseo, impresionantes:

Nos encontramos con un lugar dónde podías intentar levantar las canastas llenas de sulfuro. Alzarla fue fácil, pero bajarla mas de 2.000 metros, ya debe ser otra cosa…

Nuestro guía:

Por fin llegamos al cráter del volcán, y pudimos ver con nuestros propios ojos lo que tan solo habíamos admirado en fotografías. Pese a lo espectacular que me pareció, la verdad es que de tanto ver fotos acabó ni superando ni defraudando expectativas. Por ello recomiendo no estudiarlo mucho antes de ir, para dejar que impresione más al llegar.

Tal y como nos habían prometido, el agua turquesa del cráter, y el sulfuro humeante…sin palabras.

Decidimos bajar un poco para verlo más de cerca. Aunque recientemente prohibieron llegar hasta abajo porque 2 turistas perdieron la vida.

Este era el punto más bajo al que se podía llegar:

De regreso, nos llevaron a ver una cascada y a comer a un pueblo a pocas horas del volcán.

Incluso nos pudimos remojar en unas aguas termales (vaya si estaba caliente el agua):

Luego de nuevo a la furgoneta, de camino al pueblo dónde pasaríamos la noche cerca de Bromo.

La mañana empezaba muy temprano: 3:30h. Nos llevaron en unos jeeps a un monte delante de Bromo, para poder ver el amanecer. Este es un volcán activo, aún humeante, que entro en erupción recientemente en 2003, 2010, y 2011. Esperábamos que no empezara de nuevo con nosotros dentro. Todo se veía muy negro a esas horas.

Por fin empezó a hacerse de día:

El mirador, repleto de turistas:

Había que pelearse con las asiáticas para poder hacerse fotos:

Y cuando por fin desapareció la niebla (el volcán es la montaña marrón a la izquierda, la que saca humo, no la de la derecha como nos pensamos hasta pasado un buen rato):

Luego nos bajaron los jeeps hasta los pies del monte, para poder andar hasta el cráter.

Ofrecían caballos para evitar el paseo, por unas 50.000 rupias (4,2 euros), que los más vagos cogieron.

Ríos de lava por el camino:

Patri a caballo:

Ríos de gente subiendo al volcán:

Soraya, otra del club del vago:

Una foto con el que pensábamos que era el Bromo:

Al llegar arriba, nos quedamos boquiabiertos contemplando el cráter humeante del volcán:

Después del volcán, tuvimos tiempo para pasear por el pueblo, nada que ver con la Indonesia pobre y descuidada que conocemos:

Con todas las actividades terminadas, nos subimos a la furgoneta para ir a Surabaya dónde pasaríamos la noche, ya que teníamos el vuelo a las 6 de la mañana (para ir directos a la oficina).

En resumen, el viaje fue una auténtica paliza, con muchísimas horas de carretera y poco dormir, pero valió muchísimo la pena, y lo recomiendo sin lugar a dudas. Venir a Indonesia y no ver algún volcán es imperdonable. Además, hacerlo con 10 amigos fue un detalle que hizo mucho más llevadero el viaje. El próximo volcán: el Rinjiani (Lombok), ¡dicen que es espectacular!

Finalizo con una foto de la última erupción del volcán (2011):

It’s more fun in El Nido!

Nos disponíamos a poner la bandera en un nuevo país: ¡Filipinas!

Si bien es cierto lo que dicen, “it’s more fun in the Philippines”, también es todo bastante más lento. Os recomiendo altas dosis de paciencia antes de viajar a este país. Aunque para mi, acostumbrado a Indonesia, tampoco resultó muy complicado. 

El viaje empezó con un retraso de más de 3 horas por parte de la famosa “Cebu Pacific”, la compañía aérea filipina más barata del sudeste asiático (ahora entiendo porqué). Como el vuelo salía originalmente a las 12 de la noche del viernes, nos quedamos con poco más que hacer en el aeropuerto de Yakarta:

Llegamos finalmente a las 8 de la mañana, listos para coger nuestro vuelo de conexión a Puerto Princesa. Ahí nos encontramos con nuestro anfitrión: Kino, compañero y germá de clase del máster. Bueno con él, y sus 10 amigos que también venían.

Una vez en Puerto Princesa, buscamos una furgoneta para meternos todos, por un precio total creo recordar de 10.000 PHP. Una barbaridad de dinero para un vehículo en el que íbamos como ratas:

Aunque quien iba a quejarse viendo como van los locales:

Tras unas interminables 6 horas de viaje, llegamos a El Nido, un pueblecito que se encuentra al norte de la isla de Palawan. Aquí es dónde se concentra el 95% de la oferta hotelera y gastronómica de la zona, y con una playa que no prometía demasiado. Afortunadamente solo es el punto de salida de todos los tours que recorren la zona, que esta sí, es impresionante.

Poniendo “pié” en Filipinas por primera vez:

Los taxis locales son parecidos al resto de países del sudeste asiático:

En la playa, de la cual salen los barcos de los tours, se encuentran la mayoría de restaurantes del pueblo, y fue dónde cenamos todas las noches. La oferta era amplia, predominando el pescado, la fritanga, y las copas de ron a menos de 2 euros…

Una foto para el álbum ”Children of the World”, que parece estar de moda entre las mujeres de hoy en día.

Los tours, se contratan en pequeñas tiendas a lo largo del pueblo, y tienen precios fijos que pueden regatearse muy poco. Cada uno va a una zona distinta del archipiélago. Los precios suelen ser los siguientes:

- Tour A: 600P/700P x persona
- Tour B: 700P/700P x persona
- Tour C: 800P/900P x persona
- Tour D: 800P/900P x persona

Los tours empiezan sobre las 9 de la mañana y finalizan entre las 4 y 5 de la tarde, incluyen la comida y el material para hacer snorkel. En nuestro caso hicimos el Tour C el primer día (dicen que es el mejor), y un mix del D con algo de buceo para 4 de nosotros el segundo día.

Los dos tours los hicimos en el mismo barco, que no estaba nada mal la verdad. Era suficientemente ancho para todos nosotros. El personal fue muy discreto y atento.

La zona, me recordó a Tailandia, concretamente a la provincia de Krabi, con sus espectaculares rocas saliendo del medio del mar.

Estos somos yo y Kino dirigiéndonos a la primera parada:

Foto de la comunidad ICEX: Shanghai, Malasia, Indonesia y Filipinas:

Las paradas que tuvieron lugar a continuación, ya no recuerdo en que orden iban. Los nombres todos parecidos: secret lagoon, hidden lagoon, secret beach, big lagoon, small lagoon, paradise beach, helicopter beach, etc… Muy original.

Las fotos están pues en un orden algo aleatorio:

Para las comidas, nos dejaban en una playa, dónde la tripulación improvisaba una barbacoa y nos daban: arroz, verduras, plátanos, carne (con cuentagotas) y poco más… Suerte que por las noches cenábamos bien.

Tras la comida, una pequeña siesta…

Aquí uno que no pierde el tiempo:

Jorge, con la energía que le caracteriza:

La geología de la zona, era lo que más me llamó la atención, con sus rocas negras y afiladas:

Para que os hagáis a la idea de lo afiladas que estaban las rocas:

Kino se hizo el valiente y quiso hacerse una foto desde abajo (creo que no pasó de ese punto):

¡Becarios de Yakarta en Filipinas!

El buceo, fue un escándalo de barato. 20 euros por inmersión. Eso sí, uno se quedó sin aire, a otro casi lo perdemos por atropello de barco por subir demasiado deprisa, y casi tengo que sacar al Dive Master del agua porqué se mareó a 20 metros bajo el mar…

Todo eso siguió valiendo la pena por una razón: la transparencia del agua era tal, que nos faltaban ojos para ver el final del mar. Como submarinista veterano después de 10 años buceando por todo el mundo, he de reconocer que en rara ocasión he visto nada igual. Quizás ni el fondo ni la biodiversidad eran los más espectaculares, pero la visibilidad realmente impresionaba. Vimos tortugas, mantas, morenas, barracudas, e incluso un banco de peces amarillo tan grande que al atravesarlo no vimos nada más.

Popeye el marino:

Los buceadores:

La parada que más me impresionó fue el Big Lagoon, sin duda imprescindible en todo viaje a El Nido:

Un bañito todos en el Big Lagoon:Y por la noche a disfrutar de las puestas de sol entre pescaditos, copas, y amigos:

Muy a nuestro pesar, abandonamos El Nido para pasar un día en Manila, de la cual no teníamos grandes expectativas. Nos habían prometido que el cementerio del norte era un lugar místico e imprescindible, dónde viven cientos de personas como si aquello fuera su casa (y de hecho lo es). Aunque salimos algo decepcionados, no sabemos si porque aquel día estaría todo el mundo de vacaciones o simplemente no le encontramos “el qué”.

 Tras repetirle 4 veces al taxista que realmente queríamos ir a un cementerio (lógicamente no lo creía), y mentir al guarda de la entrada diciendo que nuestra familia estaba enterrada dentro, nos dimos un paseo por el recinto.Nos tardamos demasiado en salir de ahí.

La gente por Manila, muy maja:

Empezó a diluviar, así que nos refugiamos en el interior de una cadena Fast food local, dónde comprobamos que la obesidad infantil esta bien vista en Filipinas. Parece mentira, pero en Indonesia pasa lo mismo, ya que significa que se tiene dinero para alimentar a los niños…Una pena.

Al terminar nos dimos una vuelta rápida por Intramuros, una de las zonas turísticas de Manila, y poco más de lo que ofrecía la ciudad…

Es extraño reencontrarse con una catedral después de pasar un año rodeado de mezquitas. Algo que despertó mi curiosidad en Filipinas, es la enorme cantidad de iglesias llamadas: “Iglesia ni Cristo”, y la gran devoción de sus habitantes.

La vuelta fue muy dura, con escala en Kuala Lumpur, y tuviendo que dormir en el suelo del aeropuerto por unas horas antes de ir directamente al trabajo:

Una cama algo mejor apañada:

Y aquí termina este viaje de 4 días. Sin duda recomiendo este viaje a todo aquel que pase por el sudeste asiático, principalmente por las impresionantes playas, el agua cristalina, la autenticidad del pueblo filipino y las bebidas baratas. Eso sí, es un viaje duro y más vale de rodearse de buena compañía para no aburrirse en la enorme cantidad de horas muertas que aparecerán por el camino…

¡Hasta la próxima!