Entre templos en Camboya

Camboya, simplemente, me ha enamorado. Mis expectativas de sentirme como Lara Croft en los templos no fueron defraudadas en ningún momento y además la compañía fue inmejorable.

Compañeros de viaje: Patricia (AKA Bangkok), Jorge (AKA Kuala Lumpur) y el último día Pablo, ex-becario en Kiev y al que le he robado alguna foto para esta entrada.

El viaje de ida fue un poco pesado: salí el viernes tarde de Yakarta, dormí en un hotel en el aeropuerto de Kuala, y por la mañana cogía el primer vuelo hacia Phnom Penh, la capital de Camboya. Entre retrasos, comida proporcionada por Air Asia que sabía a rayos, y dormir 4 horas en una habitación de hotel de 4 m2, llegué, aunque no por ello menos ilusionado. Ahí me esperaban desde el día anterior mi team favorito: ¡Patricia y Jorge!

Primera parada: PHNOM PENH Primer error del viaje: compré Rieles camboyanos. ¡No compréis jamás moneda local! En este país se paga todo con dólares americanos (los cajeros dan la opción de darte dólares). Además, ¡casi todo vale un dólar! La visita a Phnom Penh iba a durar tan solo medio día (a las 5 cogíamos el bus hacia el sur, la zona de templos) así que había que hacerla valer. Cogí un taxi para recoger a Patricia y Jorge en el hotel dónde se encontraban. Durante el viaje vi cosas de esas a las que uno se acostumbra cuando viaja por el sureste asiático (menos en Malasia, que no mola nada).

Tras la habitual sesión de besos y abrazos, nos fuimos a visitar el Palacio Real y la Pagoda de plata (que aún no sabemos si vimos o no…). Advierto a las mujeres que tenéis pensado visitar los templos de este país que debéis ir cubiertas de hombros y rodillas. Sino tendréis que apañaros comprando in situ alguna camiseta como le pasó a Patricia:

Nos lo pasamos muy bien tomando fotos: y recibiéndolas:

Luego fuimos a buscar un par más de templos (en mi opinión totalmente prescindibles).

Por último decidimos ir a los “killing fields” o “Centro del Genocidio”, conocido también como Choeung Ek Memorial, que señala una de las principales zonas de exterminio del genocidio camboyano.

Parece mentira, pero hace tan solo 40 años los denominados Jemeres Rojos (liderados por Pol Pot) revolucionaron el país con un régimen comunista de lo más radical. Su discurso hablaba del fin de dos mil años de historia y el comienzo de una nueva época (Camboya Año Cero). Bajo esta perspectiva, absolutamente todo lo que pudiera representar pasado debía desaparecer: la moneda, el mercado, la educación, las maneras de vestirse, la religión, los libros, lo que viniese del extranjero, las formas tradicionales de gobierno, la familia, etc.

Resultado: en tan solo 4 años desaparecieron entre dos y tres millones de personas.

En este lugar se encontraron 8.000 cadáveres. Las personas ejecutadas lo eran principalmente por contusiones o armas blancas para ahorrar munición. En el lugar también están conservados los vestidos y zapatos de las víctimas y por tierra pudimos ver algunos huesos humanos.

Pese a lo que acabo de describir, el lugar no es para nada macabro, sino más bien un monumento para honrar a las victimas de la tragedia. La visita fue un poco autista por culpa de los auriculares de auto guía:

Con un sentimiento algo amargo nos fuimos a coger el bus para Siem Reap. No se entiende como la carretera entre las dos principales ciudades del país no está asfaltada. Tras 7 horas, y con el culo algo dormido del pesado viaje, llegamos al segundo y último destino de nuestro viaje:

Segunda parada: SIEMP REAP Si de Phnom Penh no esperaba mucho y me encantó, lo de Siem Reap no tiene nombre. Llegamos bien entrada la noche y nos recogió un amigo de un Tuk tuk que habíamos cogido. Aquí todo funciona así. Nos llevó gratis al hotel con la esperanza que al día siguiente lo contratáramos como chófer personal en nuestras visitas a los templos. No le decepcionamos. Negociamos un precio para todo el día de 15 dólares y al día siguiente nos esperaba con su Tuk Tuk en la puerta del hotel.

Me impresionó sobremanera lo cuidado que esta el país. A diferencia de los países de los alrededores en los que no tienen ninguna consideración por el medio ambiente, Camboya es limpia. Algo de agradecer cuando vienes de la sucia Indonesia…

El primer templo que visitamos fue el mítico Angkor Wat, el más grande de todos y el que aparece en la bandera del país. No es de extrañar al visitarlo que lo hayan declarado en UNESCO Patimonio de la Humanidad. Lo malo: no eramos los únicos.

Luego nuestro querido guía nos llevo a un número incontable de templos más pequeños. Me sorprendieron en general varias cosas:

  • En la entrada de cada templo había una avalancha de niños (y no tan niños) vendiendo souvenirs. siempre TODO valía un dólar. Desde collares, imanes, postales, guías de los templos (con su precio original detrás de 25 dólares), a incluso lo que más nos sorprendió: un plato con nuestra cara impresa en él. Nos robaron una foto en alguno de los templos. Evidentemente no lo compramos.
  • La impresionante libertad de movimientos que uno tenía en los templos. Apenas había prohibiciones en cuanto a sitios a los que pasar, o piedras a las que escalar. Es de extrañar que no se mate algún turista de vez en cuando, pero me pareció un detalle espectacular. Un sistema impensable en el mundo occidental, en el que habría una linea de 1 metro de ancho por la que se podría pasar en fila india cómo borregos.
  • El cuidado de la vegetación y la restauración de los templos, aunque ya lo he mencionado, son dignos de repetir. Viven del turismo y lo saben. En un país en el que hace 40 años se asesinó a todo aquel que tuviera estudios, no es de extrañar que dependan tanto de él.

El último del día fue el famoso templo de Ta Prohm, dónde se rodó la película de Lara Croft. ¡Esto es lo que yo estaba esperando! Un templo que se ha conservado tal y como se encontraron los demás cuando el país fue colonizado: piedras caídas y los gigantes árboles Spung con sus raíces aéreas… Sin palabras…

Al final del día el guía nos llevó a visitar lo que para nosotros fue la guinda en un día que ya era perfecto: un pueblo vietnamita/camboyano flotante. Nos llevó durante una buena hora con su Tuk Tuk jungla adentro, hasta llegar a un pequeño embarcadero con lanchas de madera. Nos llevaron por 15 dólares por persona. Algo caro para lo que venía siendo el resto del transporte en Camboya, pero valía la pena.

Nos dejaron en una de las casas para tomar algo y nos ofrecieron llevarnos en una barca más pequeña entre las malezas:

Por último nos llevaron a ver la puesta de sol:

Tras un cansadísimo día, le pedimos al guía que nos llevara a un restaurante y le dejamos irse a casa. Luego nos tomamos unas copas en un par de garitos: uno lleno de transexuales, y pese a sus intenciones de tocarme el culo divertido, y otro lleno de niños en el que no duramos casi nada. Lamentablemente aprendí que gran parte del turismo sexual con menores se ha trasladado a Camboya, puesto que en Tailandia han decidio que les daba muy mala imagen. La verdad, fue el único punto flaco del viaje. No vayáis al club HIP HOP. 

Al día siguiente nos recogió el padre del guía anterior (con un Tuk Tuk más grande por suerte) y se nos unió Pablo, un figura que se esta pasando 6 meses recorriendo el sudeste asiático. La mayoría de fotos de este día son suyas por que se me olvidó traer el cargador de la cámara… Es mucho mejor fotógrafo que yo, ¡así que mucho mejor! Cómo visitamos un número indecente de templos, simplemente voy a poner un recopilatorio de fotos. Intenté seguir de alguna manera cuál era el nombre de cada templo, pero fue imposible:

A esto me refería cuando decía que había plena libertad de movimientos:

Finalmente nos fuimos a ver la puesta de sol a Angkor Wat.

Para los que os lo estáis pensando, es un viaje perfecto para hacer en 3 o 4 días. En Phnom Penh igual me faltó un poco de tiempo para explorar más la ciudad, y en Siem Reap dos días viendo templos es mas que suficiente.

Es un viaje relativamente barato, aunque caro para lo que es habitual en el sudeste asiático. Recordad traer dólares, zapatos cómodos para andar y ¡el cargador de la cámara de fotos!