It’s more fun in El Nido!

Nos disponíamos a poner la bandera en un nuevo país: ¡Filipinas!

Si bien es cierto lo que dicen, “it’s more fun in the Philippines”, también es todo bastante más lento. Os recomiendo altas dosis de paciencia antes de viajar a este país. Aunque para mi, acostumbrado a Indonesia, tampoco resultó muy complicado. 

El viaje empezó con un retraso de más de 3 horas por parte de la famosa “Cebu Pacific”, la compañía aérea filipina más barata del sudeste asiático (ahora entiendo porqué). Como el vuelo salía originalmente a las 12 de la noche del viernes, nos quedamos con poco más que hacer en el aeropuerto de Yakarta:

Llegamos finalmente a las 8 de la mañana, listos para coger nuestro vuelo de conexión a Puerto Princesa. Ahí nos encontramos con nuestro anfitrión: Kino, compañero y germá de clase del máster. Bueno con él, y sus 10 amigos que también venían.

Una vez en Puerto Princesa, buscamos una furgoneta para meternos todos, por un precio total creo recordar de 10.000 PHP. Una barbaridad de dinero para un vehículo en el que íbamos como ratas:

Aunque quien iba a quejarse viendo como van los locales:

Tras unas interminables 6 horas de viaje, llegamos a El Nido, un pueblecito que se encuentra al norte de la isla de Palawan. Aquí es dónde se concentra el 95% de la oferta hotelera y gastronómica de la zona, y con una playa que no prometía demasiado. Afortunadamente solo es el punto de salida de todos los tours que recorren la zona, que esta sí, es impresionante.

Poniendo “pié” en Filipinas por primera vez:

Los taxis locales son parecidos al resto de países del sudeste asiático:

En la playa, de la cual salen los barcos de los tours, se encuentran la mayoría de restaurantes del pueblo, y fue dónde cenamos todas las noches. La oferta era amplia, predominando el pescado, la fritanga, y las copas de ron a menos de 2 euros…

Una foto para el álbum ”Children of the World”, que parece estar de moda entre las mujeres de hoy en día.

Los tours, se contratan en pequeñas tiendas a lo largo del pueblo, y tienen precios fijos que pueden regatearse muy poco. Cada uno va a una zona distinta del archipiélago. Los precios suelen ser los siguientes:

- Tour A: 600P/700P x persona
- Tour B: 700P/700P x persona
- Tour C: 800P/900P x persona
- Tour D: 800P/900P x persona

Los tours empiezan sobre las 9 de la mañana y finalizan entre las 4 y 5 de la tarde, incluyen la comida y el material para hacer snorkel. En nuestro caso hicimos el Tour C el primer día (dicen que es el mejor), y un mix del D con algo de buceo para 4 de nosotros el segundo día.

Los dos tours los hicimos en el mismo barco, que no estaba nada mal la verdad. Era suficientemente ancho para todos nosotros. El personal fue muy discreto y atento.

La zona, me recordó a Tailandia, concretamente a la provincia de Krabi, con sus espectaculares rocas saliendo del medio del mar.

Estos somos yo y Kino dirigiéndonos a la primera parada:

Foto de la comunidad ICEX: Shanghai, Malasia, Indonesia y Filipinas:

Las paradas que tuvieron lugar a continuación, ya no recuerdo en que orden iban. Los nombres todos parecidos: secret lagoon, hidden lagoon, secret beach, big lagoon, small lagoon, paradise beach, helicopter beach, etc… Muy original.

Las fotos están pues en un orden algo aleatorio:

Para las comidas, nos dejaban en una playa, dónde la tripulación improvisaba una barbacoa y nos daban: arroz, verduras, plátanos, carne (con cuentagotas) y poco más… Suerte que por las noches cenábamos bien.

Tras la comida, una pequeña siesta…

Aquí uno que no pierde el tiempo:

Jorge, con la energía que le caracteriza:

La geología de la zona, era lo que más me llamó la atención, con sus rocas negras y afiladas:

Para que os hagáis a la idea de lo afiladas que estaban las rocas:

Kino se hizo el valiente y quiso hacerse una foto desde abajo (creo que no pasó de ese punto):

¡Becarios de Yakarta en Filipinas!

El buceo, fue un escándalo de barato. 20 euros por inmersión. Eso sí, uno se quedó sin aire, a otro casi lo perdemos por atropello de barco por subir demasiado deprisa, y casi tengo que sacar al Dive Master del agua porqué se mareó a 20 metros bajo el mar…

Todo eso siguió valiendo la pena por una razón: la transparencia del agua era tal, que nos faltaban ojos para ver el final del mar. Como submarinista veterano después de 10 años buceando por todo el mundo, he de reconocer que en rara ocasión he visto nada igual. Quizás ni el fondo ni la biodiversidad eran los más espectaculares, pero la visibilidad realmente impresionaba. Vimos tortugas, mantas, morenas, barracudas, e incluso un banco de peces amarillo tan grande que al atravesarlo no vimos nada más.

Popeye el marino:

Los buceadores:

La parada que más me impresionó fue el Big Lagoon, sin duda imprescindible en todo viaje a El Nido:

Un bañito todos en el Big Lagoon:Y por la noche a disfrutar de las puestas de sol entre pescaditos, copas, y amigos:

Muy a nuestro pesar, abandonamos El Nido para pasar un día en Manila, de la cual no teníamos grandes expectativas. Nos habían prometido que el cementerio del norte era un lugar místico e imprescindible, dónde viven cientos de personas como si aquello fuera su casa (y de hecho lo es). Aunque salimos algo decepcionados, no sabemos si porque aquel día estaría todo el mundo de vacaciones o simplemente no le encontramos “el qué”.

 Tras repetirle 4 veces al taxista que realmente queríamos ir a un cementerio (lógicamente no lo creía), y mentir al guarda de la entrada diciendo que nuestra familia estaba enterrada dentro, nos dimos un paseo por el recinto.Nos tardamos demasiado en salir de ahí.

La gente por Manila, muy maja:

Empezó a diluviar, así que nos refugiamos en el interior de una cadena Fast food local, dónde comprobamos que la obesidad infantil esta bien vista en Filipinas. Parece mentira, pero en Indonesia pasa lo mismo, ya que significa que se tiene dinero para alimentar a los niños…Una pena.

Al terminar nos dimos una vuelta rápida por Intramuros, una de las zonas turísticas de Manila, y poco más de lo que ofrecía la ciudad…

Es extraño reencontrarse con una catedral después de pasar un año rodeado de mezquitas. Algo que despertó mi curiosidad en Filipinas, es la enorme cantidad de iglesias llamadas: “Iglesia ni Cristo”, y la gran devoción de sus habitantes.

La vuelta fue muy dura, con escala en Kuala Lumpur, y tuviendo que dormir en el suelo del aeropuerto por unas horas antes de ir directamente al trabajo:

Una cama algo mejor apañada:

Y aquí termina este viaje de 4 días. Sin duda recomiendo este viaje a todo aquel que pase por el sudeste asiático, principalmente por las impresionantes playas, el agua cristalina, la autenticidad del pueblo filipino y las bebidas baratas. Eso sí, es un viaje duro y más vale de rodearse de buena compañía para no aburrirse en la enorme cantidad de horas muertas que aparecerán por el camino…

¡Hasta la próxima!