De paseo por Disneylandia (Singapur)

Ya me habían avisado, pero hasta que no lo ves no lo crees: Singapur es como una isla aparte en el sureste asiático, que se rige por otras normas y leyes. Un paraíso del orden, la limpieza y lo artificial para quien le guste. Personalmente, y aunque yo prefiero la locura de Yakarta dónde todo es imprevisible, creo que hay que verlo. Un fin de semana es sin duda suficiente, y fue una buena ocasión para reunirme con Jorge y airearnos un poco.

Lo único que nos costó un poco fue encontrar un hotel barato (menos de 50 euros por persona y día ni existe), así que por primera vez en mi vida me metí en un albergue de backpackers, con otras 10 personas en la habitación. Todo por un módico precio de 25 euros la noche. Eso sí, incluyendo desayuno. La mayoría de estos lugares se encuentran en Lavender street (noreste de la ciudad) o por China Town. El nuestro, The Green Kiwi Backpackers, no estaba mal.

Llegamos el viernes noche, y nos fuimos a dar una vuelta por el centro, a tomarnos una mítica cerveza del Seven Eleven en el puente que lleva a Clarke Quay, un recinto cerrado dónde se encuentran infinidad de bares y restaurantes:

Interior de Clarke Quay
Vistas del río que rodea la zona

Tras tomarnos alguna cerveza en uno de los locales a nada menos que 10 euros unidad (no muchas), nos fuimos a dormir, ya que al día siguiente habíamos quedado con Allison, una chica singapuriense que pasó por Yakarta hace un tiempo.

Jorge muy contento (a saber porqué)

Arte urbano
Pidiendo comida coreana en un Food Court

Extraños postres (por la cara de él incluso para ellos)

Le pedimos a Allison que nos hiciera una ruta de visita para el día, y la verdad quedamos muy satisfechos. Primero nos dejamos caer por el jardín botánico:

Hay quien nace un payaso
y no se molesta en ocultarlo

Igual hacía 6 meses que no veía un jardín:

Lo que vale más la pena del jardín botánico, es el jardín de orquídeas en el que hay que pagar 5 SGD, menos para estudiantes de universidad como nosotros que es gratis. No se miran el carnet así que enseñadles cualquier cosa si vais. A jorge le valió el carnet del colegio de abogados.

Patri, ¡faltabas tú!

The 3 wise monkeys
Aquí Jorge muy desfavorecido

Luego nos fuimos a otra de las visitas obligadas de Singapur: Marina Bay Sands, dónde se encuentra el famoso edificio con un barco en la cima:

Decidimos subir a lo alto del edificio. Cuesta 20 SGD pero vale la pena por las vistas de la ciudad.

Las asiáticas posando como siempre
Hasta en Singapur se pelean por hacerse fotos con nosotros
Celebrando el día de san Patricio

Al día siguiente nos dispusimos a realizar otro de los recorridos obligatorios de la ciudad: visitar los templos y los mercados de Little India y China town.

Joje con su mapa
Templo hindú

Caminando hacia China Town

Al entrar hay que prender un incienso
Así rezan: le dan la vuelta a la traca esta
Plato estrella del fin de semana: ¡Wantan Noodles!

Finalmente, la última parada iba a ser Sentosa Beach,y la última aberración de Singapur, y lo que fue en su día una fortaleza británica ahora convertida en parque de atracciones. Si pensábamos que el resto de la ciudad era artificial, Santosa se llevaba la palma. Sus playas, importadas de Malasia e Indonesia, y sus parques de atracciones son muy curiosos.

Se llega a través de un barato y cómodo monorail (esta en otra isla pero muy cerca).

En la “playa” de Singapur 

Como dice la Lonely Planet, sus playas invitan al descanso pero no al baño. Teniendo en cuenta que se se encuentra al lado de uno de los mayores puertos de Asia, se entiende.

Se puso a diluviar así que nos refugiamos en una de sus atracciones:

Al acabar la lluvia nos dimos un paseo por la playa, dónde pudimos observar las extrañas infraestructuras turísticas que tienen los singapurienses:

Aquí adjunto un vídeo de un chico con un doble backlip: DSCN3689

Lo siento, pero lo tenía que hacer. A continuación la cara de Jorge cuando se dio cuenta de que el vuelo no era para el domingo, sino para el lunes (sí, se equivocó):

¿He sido yo?

Anda que….

Y aquí acaba el viaje (al menos para mí, a Jorge le esperaba toda la noche en un bus para llegar a tiempo al trabajo).