Birmania tercera parte: De Inle a Yangón, el final del viaje
Y así fue como sin comerlo ni beberlo nos plantamos en el tramo final de nuestro viaje. Ante nosotros teníamos 3 días, el jueves, el viernes y el sábado. El domingo teníamos el vuelo de vuelta a Hong Kong. El plan que habíamos trazado Dani y yo era coger un vuelo a Yangón, y una vez allí encaminarnos hacia Kyaiktiyo, hogar de la roca sagrada homónima, y uno de los lugares de peregrinación budista más sagrados del mundo. Sin embargo, hojeando la Lonely Planet leí la descripción de la playa de Ngwe Saung
“On the steamy shores of the bay of Bengal, there is a special kind of place where salty, seaborne breezes, drenched in the scent of jasmine, play among the twitching coconut palms of a beach that looks and feels like the stunning daughter of African, Indian and Caribbean lovers. It’s a place of sinking sunsets and tomorrows that never come”
A estas alturas ya debería haber aprendido que los escritores de la Lonely son amantes incondicionales de la hipérbole, pero la descripción era tan prometedora, que intenté convencer a Dani a toda costa para hacer ese viaje, a pesar de que iba a estar super justo de tiempo. Y lo conseguí.
Se trataba de llegar a Yangón, coger un bus hasta la playa de Chaung Tha que tardaba 9 horas. Tras hacer noche en Chaung Tha, nos despertabamos el viernes y cogíamos una moto que nos llevaría hasta Ngwe Saung, pero ese viaje también era parte de la aventura. Hablamos de un viaje de dos horas atravesando arrozales y selva, y cruzando tres ríos en barcaza para llegar antes de la hora de comer a la playa. A la noche cogeriamos un autobus nocturno que nos dejaría en Yangón, y teníamos el sábado entero para dedicarnos a ver la antigua capital, y hacer compras. El plan era perfecto salvo por un detalle. El autobus a Chaung Tha no existe, o mejor dicho, si existe pero sale a las 6 de la mañana. Tuvimos que descartar el plan de Ngwe Saung por lo tanto, y en su lugar nos encaminamos a la roca.
Quién crea sin embargo que el viaje a la roca iba a estar exento de aventura se equivoca de lleno. El vuelo Inle – Yangón fue de las experiencias más terrorificas de mi vida. Cuando llevabamos 20 minutos de vuelo, el avión empezó a dar sacudidas y a perder altura. Nunca antes había tenido una sensación tan cristalina de que el avión se iba a caer. Finalmente no pasó nada, pero Dani y yo pasamos un mal rato tremendo. Las aerolineas birmanas no son conocidas por su seguridad precisamente, y Dani no paraba de decir:
“Ala, un avión lleno de turistas menos! Nunca nadie sabrá lo que nos ha ocurrido! Ocultarán el incidente, nuestros padres se verán obligados a formar una asociación de ayuda a las victimas del accidente y reclamarán justicia durante años!”
Bueno, está bien, lo dijo solo una o dos veces. El caso es que no pasó nada, llegamos a Yangón y confirmamos que no había bus a Chaung Tha, así que cogimos el bus a Kyaiktiyo. Fue un viaje muy agradable, solo 4 horitas, y casi todo el tiempo de día. Una vez más hicimos migas con los birmanos, que compartieron su comida con nosotros y nos sonrieron todo el tiempo. Llegamos a Kyaiktiyo por la noche, y a la mañana siguiente empezamos la peregrinación.


En Kyaiktiyo había muy pocos turistas, aunque el sitio en si es bastante turístico, está fuera del circuito habitual. Es imposible verlo en menos de dos días, entre que vas y vuelves y lo ves, sobretodo teniendo en cuenta los horarios de subida y bajada. No pilla de camino de ningún sitio, y por lo tanto mucha gente se lo salta. Yo creo que es un error. Aunque es verdad que se trata de una excursión “Tocado!” (es decir, de verlo, tocarlo, hacer un fotito, y fuera) la roca es impresionante. Tiene una componente mística importante el hecho de que haya que subir a pie hasta la roca. Es una subida de media hora larga con una pendiente muy muy pronunciada

Pero cuando de repente doblas una cresta de la montaña y ves esto

Te vuelven las fuerzas. De todas maneras por el camino tienes la inspiración de los birmanos. Si te parece que cuando tu madre te pide que pongas el lavavajillas es una negrera, imagínate si tuvieras alguno de estos trabajos


Y aún así los tíos, con el chino cargado a cuestas, te sonreían cuando tu les saludabas a ellos
Y también coges fuerza de algunos peregrinos. No quise hacer fotos porque es claramente inmoral, pero por muy cansado que estés, cuando ves a un tipo que está subiendo la misma pendiente que tu, pero arrastrándose con los brazos porque no tiene piernas, se te quitan todas las ganas de quejarte.Los Birmanos son increíbles.
En fin. La roca es una cosa espectacular

Parece que se va a caer!
En lo alto se puede ver que tiene una estupa. La leyenda dice que dentro de la estupa se haya un pelo de Buda, colocado con tal precisión, que es lo único que impide que la roca se precipite pendiente abajo. Leyendas aparte, los budistas lo consideran uno de sus iconos más sagrados, y como en el resto de ellos, se dedican a pegar láminas de oro a la roca. Este es el motivo de que sea dorada.



Los peregrinos, una vez arriba pasan un buen rato meditando. Cerca de la roca la verdad es que se está muy en paz. Está bastante elevado, en medio de las montañas, y hay unas campanas que cuando sopla algo de viento, repican suavemente


Ese mismo día volvimos a Yangón, y cenamos cerca del hotel. Por fin tomamos cerveza de barril en Myanmar (estaba tan buena como nos habían dicho otros viajeros), y nos preparamos para nuestro asalto a la Shwedagon Pagoda, el mayor monumento de Yangón, una pagoda de oro tan grande, que se cree que tiene más oro que las reservas del Banco de Inglaterra. Aparte de eso, en la cúspide tiene más de 2000 rubíes y más de 5000 diamantes. Y en lo más alto del todo, un diamante de 76 quilates (unos 15g).
Pero no nos precipitemos! Según nos habían dicho la Shwedagon pagoda había que ir a verla por la tarde, para presenciar el atardecer, así que la dejamos para el final. Por la mañana fuimos a ver un buda tumbado más, a voluntad de Dani

y allí conocimos a Julio

Hola de nuevo, Julio
Julio podria haber sido la guinda del pastel, lo más de lo más de nuestro viaje a Birmania. Se acercó a mi mientras yo descansaba a la sombra en el templo del buda reclinado, y se puso a hablar conmigo en español. Julio era un estudiante, a tiempo parcial, la otra parte de su tiempo era monje. Nos estuvo contando un montón de cosas, su inglés no estaba nada mal, aunque su español era bastante mejorable. Como era monje a tiempo parcial, nos llevó a su monasterio, donde nos presentó a sus compañeros y superiores. Entre otros nos presentó a un monje, que en sus tiempos mozos había sido marinero. Cuando Julio le dijo que éramos españoles, al anciano se le iluminaron los ojos. Se acercó al oído de Julio y le susurró algo:
“Me pregunta si conoceis la ciudad ‘Bilbao’”
Cuando le dijimos que sí, el monje se puso a hablar con Julio muy emocionado. Parece ser que en uno de sus viajes atracaron en el puerto de Bilbao, y estuvo allí unos días. La ciudad se le quedó grabada. Cuando Julio terminó de explicarnos esto, el anciano se acercó a nosotros, y con los ojos brillantes nos estrechó la mano con solemnidad, volvió a sentarse donde estaba, y con la mirada lejana se puso a recordar viejos tiempos, cuando no estaba preso en su propio país.
Después Julio nos llevó por el monasterio, nos estuvo explicando como allí iban niños de toda Birmania a estudiar budismo, y un poco como era el proceso, los exámenes al final y en general su vida allí. Como ya era hora de comer, las monjas y monjes nos invitaron a comer con ellos, y luego estuvimos bebiendo té. Al cabo de un rato llegó un monje más mayor, y Julio nos explicó que iba a tener lugar una especie de celebración, y que si queríamos participar.

Tras orar un poco, el monje nos empezó a decir cosas con un tono imperativo. Julio nos explicaba en inglés

“Son los mandamientos para hoy, son nueve”

“No robar, no cometer adulterio, no bailar…”
“No bailar???”
Cada día varían un poco, los básicos son los de siempre, no matar, no robar etc, y luego el monje superior introduce alguna novedad cada día. Me imagino que tienen algo que ver con las oraciones que cuenta antes de empezar a mandarnos cosas, que debe ser como algún tipo de homilía.
Julio nos enseñó más cosas, incluso nos llevó a un templo con Nat, donde nos contó algunas leyendas sobre ellos. Todo iba genial, ya nos íbamos a despedir cuando nos dijo que si le podíamos dar algo de dinero para comprarse libros. Ahora que lo estoy escribiendo no me parece para tanto, pero por algún motivo, cuando nos lo dijo en ese momento nos cortó el rollo por completo. Y no porque no quisieramos ayudarle, sino porque nos dió la sensación de que todo lo que había hecho antes lo había hecho esperando una propina al final, no porque realmente nos lo quisiera enseñar, y de alguna manera eso le quitó toda la magia al suceso.
Un poco abatidos por el encuentro con Julio, nos encaminamos hacia el mercado de Yangón. Intentamos comprar souvenirs, pero no tenían nada de interés. Al final Dani compró unos imanes de nevera, y ambos nos compramos camisetas de turista. En el mercado nos volvimos a encontrar con Felix, uno de nuestros compañeros del Lago Inle. El día que nosotros cogimos el avión, Felix se encaminó a la capital de Myanmar, Naypyidaw, o como el la llamaba, Royal Capital (con un acento fuertemente alemán). Felix había leído que se estaba produciendo un desarrollo impresionante en la zona, y quiso ser testigo de este “Rapid Development”. Por supuesto era propaganda del gobierno. La capital de Birmania no tiene nada.
El caso es que entre unas cosas y otras, el sol se estaba poniendo, y no hablo figuradamente! Así que pusimos rumbo a la Shwedagon Pagoda

La verdad sea dicha, es bastante impresionante. La Lonely Planet la describe con uno de sus más cautivadores adjetivos, “heart-stopping”. Yo tampoco iría tan lejos, pero desde luego llama la atención. Alrededor de la pagoda además hay muchas cosas de interés

Según los birmanos, en función del día de la semana en que nacieras, te tocaba un animal u otro. En este calendario birmano hay 8 días, el miércoles cuenta doble, por la mañana es un día (cuando nació buda) y por la tarde es otro. En teoría a Dani le tocaba la rata, por haber nacido en jueves, pero debido a que no ve nada, y se ganó el mote de Lord Topira, decidió honrar a su verdadero benefactor

Topiraaaaa!!!
Otra cosa interesante es la campana Maha Gandha.

Esta campana la robaron los ingleses y se la intentaron llevar, pero por el camino se les cayó al río. Como era tan pesada, no fueron capaces de sacarla, y al cabo de varios inentos, ya frustrados, les dijeron a los birmanos que si eran capaces de sacarla del río se la podían quedar. Los birmanos no se cortaron un pelo. Empezaron a bucear y a colocar de poco en poco, trozos de bambú debajo de la campana, hasta que eventualmente flotó solita hasta la superficie. Chúpate esa George IV!
Cuando ya caía el sol, un montón de mujeres se pusieron a barrer de un lado a otro la plaza, y de alguna manera, todo se volvió un poco más místico

A una hora concreta, tal y como nos habían aconsejado, nos situamos en un punto determinado de la plaza, desde donde, según la leyenda. Sólo a esa hora exacta, y solo desde ese punto exacto se puede ver una luz verde en lo alto de la pagoda. A pesar de nuestro escepticismo, Dani y yo fuimos a verlo, no había mucha gente. De repente lo vimos “Es verde!” La foto no es muy clara. Estaba muy oscuro y tuve que hacerla con un tiempo de exposición muy alto. Como no tenía trípode está un poco movida, pero en el recorte se ve claramente un puntito verde, que un minuto antes no estaba allí

Nadie sabe bien a qué se debe. Hay quien dice que es simplemente la descomposición de un rayo de luz solar por el gigantesco diamante de la punta, que visto desde esa posición concreta se ve verde. Hay quien dice es que magia.
Lo cierto es que sabiendo que es en Myanmar, cualquier cosa es posible.




























