El paraíso a dos horas del centro de Hong Kong

Autor: Warni  |  Categoría: General

Mi amigo Vicente, becario en Pekin, se me ha adelantado. Ha escrito un post de su visita a Hong Kong de hace un par de findes, en concreto de la excursión que hicimos a las playas de los Nuevos Territorios. El post y las fotos están tan bien, que aunque quisiera no podría hacer un post mejor, con lo que os invito a que visiteis el suyo:

http://www.blogsicex.com/estoschinos/el-paraiso-a-dos-horas-del-centro-de-hong-kong/

Si, lo sé, es el colmo de la vaguería, no solo no escribo, sino que pongo posts escritos por otro. Como penitencia voy a escribir un blog sobre mi último fin de semana, mi viaje express a Tailandia a la Full Moon Party, prometo que os va a gustar. Entretanto saludad a Vicente de mis partes. Ah! Y de paso os animo a que consulteis los blogs que están en el recuadro de la derecha. Algunos son muy interesantes!

El viaje que iba a organizar otro

Autor: Warni  |  Categoría: General

Es increíble como pasa el tiempo. Me da hasta vergüenza postear después de más de un mes de silencio, pero hoy tengo tiempo, así que vamos allá. Este viaje también es de archivo, concretamente del primer fin de semana de Mayo.

Una cosa que me gusta mucho de Hong Kong es que la temperatura es cojonuda todo el año. Desde hace varios meses hace calorcito y se está muy a gusto y aunque es verdad que a veces hay demasiada humedad, para eso existen la cerveza y los pantalones cortos no? Sin embargo el sol si que se echa de menos. Hace ya tiempo que en Hong Kong no tenemos días soleados de los de ni-una-nube. Alguna vez si, pero es relativamente raro. Otras veces por la mañana amanece un día que te cagas y se va deteriorando hasta que a las 12 el cielo vuelve a tener su gris habitual.

A finales de Abril me harté, y decidí que el primer finde de mayo me iba a la playa. Simultáneamente mi compañera María llegó a la misma conclusión. El día 28 vimos vuelos y concluimos que lo mejor era ir a Sanya, una playa del Mar del Sur de China. Yo cogí los vuelos, María cogió el hostal, y todos tan contentos.

Os cuento un poco sobre Sanya, porque es curioso. Sanya está al sur de la isla de Hainan, y es el punto más al sur de toda China. Tiene playas cojonudas, por eso decidimos ir para allá. Los rusos están desarrollando una infraestructura turística de primera, y han conectado Moscú y Sanya con un vuelo directo. Es el benidorm de los moscovitas. Como resultado es muy curioso ver que muchos carteles de la isla están en ruso, además de en chino, y al parecer en octubre se llena de rusas la isla. Habrá que ir a comprobarlo!

En fin, el caso es que ya teníamos billete y hotel. Estábamos con ganas de playa y de vacaciones, así que nos desentendimos del resto de la organización del viaje. Es un milagro que todo saliera lo bien que salió. El lío empezó ya en Hong Kong. El vuelo salía de Shenzhen, así que cogimos el autobús que te lleva al aeropuerto. Es de lo más sencillo, y lo hemos hecho infinidad de veces, pero ese día íbamos con prisas. Llegamos a la terminal casi cuando salía el bus, y una de las dependientas nos medio empujó adentro. Total, que María y yo suponíamos que era el nuestro, pero no lo sabíamos seguro, decidimos preguntar al tipo que teníamos al lado. Se trataba de un tipo de Nuevo México, que enseñaba inglés en China. De verdad que era un tipo siniestro, raro raro.

- Oye, sabes a donde va este autobús

[Nos mira]

- No

Y se queda tan ancho! Claro, si el no se preocupa, pues nosotros tampoco, a ver qué va a pasar aquí! Al rato le preguntó a las chinas que teníamos delante

- Disculpen, saben a donde va este autobús?

- A todos lados

Ah! mucho mejor! En fin, como se dice en la oficina, aquí que no se preocupe nadie! Al final todo salió bien, llegamos al aeropuerto, cenamos y cogimos el avión. Al llegar al aeropuerto de Sanya le pido a María la dirección del hotel, para dársela al taxista

- Ah! Pero no la tienes tu?

El hotel se llamaba four seasons (si, como EL Four Seasons, pero solo se parecían en el nombre) y nada, yo explicándole al taxista “Si hombre si, cuatro estaciones, ya sabes, Primavera, Verano…” Al final María encontró el teléfono del hotel y pudimos llamarles. La habitación la verdad es que estaba genial

Ver tanta amplitud viniendo de Hong Kong, a mi me da hasta vértigo

Ver tanta amplitud viniendo de Hong Kong, a mi me da hasta vértigo

Vistas por la noche

Vistas por la noche

Vistas por el día

Vistas por el día

Nada más dejar la maleta, a María se le ocurrió que (leer con voz de niña) “porqué no íbamos a dar una vuelta?” Pues porque son las dos de la mañana! En fin, chicas, echó unas lagrimillas de cocodrilo y así se ablanda incluso un tipo duro como yo. Dimos una vuelta por la playa, y al volver nos damos cuenta de una cosa

“Uy, pues en la llave no viene el número de habitación, tu sabes cual era?”

“Pues no, pero creo que sé que piso es”

“Bueno, si aciertas con el piso yo creo que me acuerdo de dónde está la habitación con respecto al ascensor”

Hay que mencionar que el edificio no era un hotel en realidad. Era un bloque de apartamentos, con muchos pisos (30?) y varios apartamentos por piso (10?). Es casi milagroso que acertáramos a la primera. Yo ya me veía en chirona intentando explicarle al poli chino que no es que intentase robar, sino que no sabía cual era mi apartamento de entre los 300 del edificio y había decidido probar suerte.

Al día siguiente, tras buscar un cajero durante casi una hora, y hacernos amigos de El Señor Que Grita (un chino muy majete, pero con un desajuste del volumen de su voz tal, que hay días yendo al trabajo que creo que le oigo desde Hong Kong), cogimos un autobus y nos fuimos al Sheraton, a hacer uso de sus hamacas y de su estupenda playa privada, mucho mejor que la playa rancia que había frente a nuestro apartamento. Pasamos allí la mañana y la tarde tomando cócteles como si no hubiera un mañana, y en general haciendo lo que haría Paris Hilton. Allí nadie nos llamó la atención porque todo eran occidentales, casi no había ningún chino (sin contar el servicio, claro) y las chinas que había en las tumbonas (todas de escándalo) estaban todas acompañando a señores viejos y gordos. De vuelta en nuestro apartamento, estuvimos un rato en la piscina. Yo leyendo y María nadando en la sopa esa en la que los chinos no dejaban de hacer guarreridas. Eso si, bendita piscina, porque normalmante, si se te ocurre abrir un libro, María se transforma en el talibán de las letras, se aburre y ya la has liado. Sin embargo, como estaba entretenida chapoteando como un Alfred J. Kwak cualquiera, pues se lo pasó bien.

Salpica, chapotea...

Salpica, chapotea...

Por la noche fuimos a cenar cerca de casa, nos quisimos dar un homenaje, y fuimos a un restaurante con buena pinta. Gran error! Ni el vino estaba bueno. Tuvimos que echarle hielo para poder tragarlo porque eso si (acento catalán on) “El yuan es el yuan”. Para salvar la noche compramos una botella de vodka y algo de zumo de naranja y todo quedó con un final feliz.

El domingo hicimos una excursión a la isla de Wu Zhi Zou. Esta fue otra dura tarea para nuestro ángel de la guarda. No sabíamos prácticamente nada de la isla. A juzgar por lo que creíamos que eran fotos de ese sitio tenía buena pinta, y El Señor Que Grita nos recomendó encarecidamente que fuéramos. Claro que El Señor Que Grita todo lo decía muy alto y enfatizando mucho, así que tampoco estábamos seguros de que fuese tan buena idea.

Llegar a la isla fue una odisea en toda regla. A las 8 de la mañana nos despertó el teléfono. En 10 minutos teníamos que estar abajo para que una furgoneta nos recogiera. Este mensaje tan sencillo tardé en recibirlo casi 10 minutos, porque no lo he mencionado todavía, pero en Hainan no hablamos ni una sola palabra de inglés, todo en chino. A la hora que yo había entendido, bajamos al lugar que yo había entendido a esperar a la furgoneta cuyo número yo había entendido. No teníamos ninguna garantía de que yo hubiera entendido bien el mensaje. Por suerte o por fortuna, acertamos, y a la hora indicada se acercó una furgo con unos chinos dentro. María y yo íbamos más perdidos que Papá Noel en mayo. La furgoneta se paraba y el conductor decía algo.

“Que dice este?”

“Pues no sé, yo le he entendido algo así como 5 minutos y bajar”

Ahí no se movía nadie. Al final resulta que el bueno del chino nos había parado en un super de la calle porque todo es más barato allí que en la isla, para que comprasemos víveres y nos salieran más baratos.

En el muelle hubo otro lío con los billetes de ferry. No sabíamos si la furgoneta nos estaría esperando a la vuelta o no, porque eso es lo que entendimos cuando nos lo explicaron, pero teniendo en cuenta que en chino billete de ferry y reloj de muñeca se dicen prácticamente igual, pues figúrate. Eso si, cuando llegamos a la isla se nos quitaron todas las preocupaciones.

Sol, agua cristalina, pescado y marisco fresco a la parrilla…

Calamar, que rico!

Calamar, que rico!

¿qué más se le puede pedir a la vida?

Pues un coco recién sacado de la nevera!

Ese día lo pasamos genial. No solo por lo estupenda que era la playa, sino por los propios chinos, que siempre logran sorprenderte. Resulta que solo se pueden bañar en un área muy pequeña,que está cerrada con boyas. Se meten en el agua con flotador…y muchos también con gorro de piscina!

Mira mamá! Sin manos!

Mira mamá! Sin manos!

Además cuando están fuera del agua llevan una especie de pijama con demasiados colores, corto. Las familias llevaban todas el mismo diseño, y ningún diseño estaba repetido

Unos cachondos estos chinos. En fin, por la tarde estuvimos tomando más cócteles esperando a la hora de coger el avión, y la vuelta fue de lo más normal, sin sobresaltos.

Quiero volver a Sanya, no es muy caro, no está muy lejos, y es un paraíso.

¿Quién se viene?

¿Quién se viene?

Las fotos me las sirve Imgur
π