Tras Mandalay, nuestra siguiente parada era Bagán, antigua capital del reino, y bastante importante en su día. Es conocida por la gran cantidad de templos (pagodas) que se hayan repartidos en medio de una llanura. La historia a mi me parece de lo más divertida. Corrían los felices años 1050. El joven rey Anawrahta, aún un ingenuo gobernante, y no la bestia sangrienta en que se convertiría, recibió la visita de un monje ermitaño.
Se trataba de un enviado del rey Manuha para convertir al rey Anawrahta al budismo Theravada. El pobre Manuha no sabía lo que se le venía encima. Resulta que a nuestro amigo Anawrahta el budismo le pareció una idea cojonuda, y se volvió un entusiasta. Tanto le gustó, que tras convertirlo en una religión oficial (para lo cual tuvo que enfrentar el poder de los temibles Nat, a los que finalmente subyugó más o menos, pero esa es otra historia) decidió que no era suficiente, y escribió al bueno de Manuha para que le enviara el Tripitaka Pali.
Igual alguno recuerda de qué se trata. Son las escrituras sagradas del budismo Theravada, y están inscritas en la “Kuthodaw Pagoda”, el libro más grande del mundo, que visitamos en Mandalay. Pues bien, se trataba de unos documentos muy sagrados, y el prudente rey Manuha le dijo a Anawrahta que siguiera rascando. Esto no le sentó nada bien a nuestro querido Anawrahta, que bajó hasta Thaton, la capital del reino de Manuha, la conquistó, y se trajo a Manuha de la oreja (junto a un montón de artesanos de Thaton). Estos artesanos construirían todos los templos que el devoto Anawratha erigió en Bagan para practicar el budismo.
Para ir hasta allí cogimos un vuelo. Cualquier otra alternativa implicaba un día entero de viaje, y no teníamos tanto tiempo

Para Bagán habíamos dejado muy poco tiempo. Es una lástima por un lado, pero por otro estabamos ya un poco cansados de templos, y no teníamos suficientes días. El plan era llegar por la mañana, visitar los templos todo el día, y pillar el bus que nos llevaría al lago Inle de madrugada. La idea era dormir en la estación, pero en Birmania, al parecer, si no tienes hotel no te dejan comprar billetes de autobus. Al final contratamos un guía, Cole. Nos consiguió un hotel barato, nos ayudó a conseguir los billetes de bus, y nos llevó en coche de caballos todo el día. Hasta que conocimos a Julio fue el Birmano que nos sacó mayor tajada, pero bueno, nos lo pasamos en grande

Cole, eres un listillo
De Bagán no hay mucho más que contar. Estuvimos todo el día en el coche de caballos que nos fue parando en cada templo. Como estuvimos tan poco tiempo, y tampoco teníamos un interés desbordante, nos quedaron muchas cosas sin ver. Es una lástima, pero de todos modos creo que salvo que te guste mucho la arqueología tampoco pasa nada por no ver todos los templos. A mi me parecían todos más o menos iguales. Eso si, el paisaje es precioso, y merece la pena ir aunque solo sea por eso:


Visita Bagán!

Dani provocando...

y Cole ganándose el pan...

Atardecer en Bagán
Cogimos el autobus para Inle a las 4 de la mañana. A esa hora no se oía ni un ruido, nada. El autobús fue bastante incómodo, y el viaje largo, pero finalmente llegamos a Inle. Tuvimos la ocasión de ver un montón de escenas de vida cotidiana desde el autobus, y merece con mucho la pena hacer parte del viaje por tierra, aunque sea algo más incómodo

Además se pueden ver algunas cosas impresionantes e inesperadas
El plan por excelencia del lago Inle, es coger un barco que te lleve a todos los pueblitos y sitios de interés que hay a las orillas. Al llegar a Inle nos hicimos rápidamente colegas de un grupo de gente que también había viajado en el autobus con nosotros, y nos pusimos de acuerdo para alquilar el barquito para todo el día siguiente.

El grupo al completo
Por la noche nos dimos un pequeño homenaje. Paseando por Inle habíamos visto un restaurante italiano muy cuco, aunque un poco caro, y decidimos probarlo. Se trataba de un restaurante familiar. Un cierto “maestro” italiano les había enseñado como hacer pizza en un horno de pizza, y les había ayudado a construir uno. Los tipos cultivaban su propia albahaca, y se las ingeniaban para conseguir mozarella y parmesano. Nos enseñaron el horno, y en definitiva nos dieron un trato que yo solo he recibido igual en el Four Seasons, con la diferencia de que esta gente realmente estaba así de contenta de que comieramos en su restaurante.

Please! Come to see my forno!
Fue una de las mejores experiencias del viaje. La comida estaba buena, aunque tampoco era una maravilla, pero los dueños del restaurante estaban entusiasmados y su felicidad era contagiosa! Momentos como este son lo que guardo con más cariño de este viaje

Si vais por Inle, pasaos por el Starcafe!
Al día siguiente nos embarcamos con Moke, otra de las grandes adquisiciones del viaje

Era nuestro guía capitán, y era un cachondo.

Moke, tócala otra vez!
El viaje por el lago es también muy recomendable. Una de las características del lago son los pescadores de la tribu local, los Intha, y su peculiar forma de remar, enroscando una pierna en el remo

Durante el día vimos algunas cosas curiosas. La primera parada fue un mercado flotante, que ya está más explotado que los pokemon, pero que aún así guardaba cierto encanto

Visitamos algunos templos interesantes, vimos más pagodas (como no podía ser de otro modo)

Una fábrica de cigarillos

Cuando Dani quiere puede ser muy duro
Y bastantes pueblos construidos sobre el agua, que eran muy bonitos, en cierto modo muy veneciano, pero en cierto modo no veneciano en absoluto.

Y si miran a su derecha, podrán ver el Gran Canal...

Casitas sobre el agua

Algunas con su jardincito y todo!
También nos llevaron a ver un taller de barcos


Y un taller de seda, donde tenían máquinas de coser manuales, y las birmanas tejían mientras los birmanos jugaban y se emborrachaban (despertando la indignación de Dani)


Es un trabajo duro

Otra de las cosas curiosas del lago Inle, son los huertos flotantes, donde cultivan tomates y hortalizas varias


Para despedirnos de Inle, presenciamos el atardecer desde la barquita. Otro espectáculo que nos dejó fascinados.


Y es que Birmania es sin duda un sitio que no te deja indiferente
































































