“Spanish Commercial Office, what can I help you?”

Seguimos con las consultitas, a día 23 de octubre, día en que se cumple un mes exacto desde que puse los pies de nuevo en el Reino Unido. Pues nada, para celebrarlo hemos tenido en la ofecomes una de esas maravillosas llamadas modelo “11811”.

 

Suena el teléfono, lo coge Bea, y al otro lado de la línea telefónica, la voz de un británico de unos 65 años pregunta “I have a little question for you”. Aja, hasta ahí todo normal, para eso estamos aquí, para responder preguntas. Y ahora viene lo bueno. “How do you say in Spanish “What a marvellous name!”?”. (para los que no hablen ingles, el hombre preguntó “¿Cómo se dice en español ¡Qué nombre tan bonito!”.

 

 Mmmmm, a ver, ¿no es esto la Oficina Económico Comercial del Reino de España en Londres? ¿no estamos aquí para resolver las dudas de las empresas españolas que quieran exportar al Reino Unido y de las británicas que quieran invertir en España?. Pero como ya habéis podido leer en entradas anteriores, eso no detiene a cualquier británico con dudas sobre Spain en general. Así que Bea, muy eficientemente, le deletreó al británico la frase que reclamaba. “¡Q-U-E N-O-M-B-R-E T-A-N B-O-N-I-TO!”. Colgó el teléfono después de que el hombre, británicamente le agradeciese su rauda respuesta, y nos miró al resto del pool de industriales con cara de “puzzled” (una mezcla de perplejidad y risa) y nos contó lo que le acababa de ocurrir.

 

A todo esto, llegaron las sugerencias por parte de los compañeros. Y la mejor es que la próxima vez que llame este hombre (u otro por el estilo) se le pida que haga como todas las empresas que hacen una consulta pidiéndote un listado de proveedores o de distribuidores en el Reino Unido. Es decir, que se vayan a www.icex.es y que rellenen el formulario de mercados exteriores. Después se procesará la consulta, que la de esta vez, por su grado de dificultad, yo diría que era de nivel 1, y esas las procesan en Madrid. Se meterá la consulta en Remedy, y ya le podremos hacer una nota sectorial sobre los nombres más bonitos de España.

 

Algo huele a chamusquina en la oficina.

13.30. las tripas de los becarios que quedan en el pool de industriales podrían confundirse con el motor de cualquier formula 1 en pleno arranque. Así que vuelve Charo a su mesa, eso quiere decir que ya nos podemos ir pitando a calentar el tuper, que previsoramente hemos llenado con comidina en casa. Bien, como el pool ya queda vigilado por si llama el rey para hacer una consulta de estado, y resulta que no lo coge nadie porque los becarios han desatendido la posición, pues nos vamos con la conciencia tranquila y mucha hambre a la cocina-cantina-comedor del tercer piso del 66 de Chiltern Street.

Pero al abrir la puerta del departamento de en frente un tremendo olor a chamusquina invade nuestras pituitarias, seguido por una bocanada de humo, que parecía que más que en una ofecomes estuviésemos en el pasaje del terror del parque de atracciones de Madrid. “¡Fer, pero que has hecho!”. El pobre de Fer, becario de vinos, (y ahora entenderéis porque de vinos y no de vinos y alimentos) había metido un inocente pan de pita en el microondas para calentarlo, pero o se pasó con el temporizador o la pita decidió inmolarse por alguna extraña razón. El caso es que carbonizada yacía la pita en el plato del microondas mientras que toda la cocina estaba completamente llena de humo. Yo me hice la valiente y me metí a calentar mi tuper, pero ete aquí que tuve que salir pitando porque me empezaban a llorar los ojos.

A todo esto, no podíamos abrir las ventanas, porque estos edificios modernos e inteligentes tienen unas ventanas maravillosas que nadie puede abrir. Será para que no se suiciden los trabajadores, porque sino, no lo entiendo. El caso es que había que buscar una fórmula para sacar aquel humo de allí antes de que nuestros propios jugos gástricos acabasen creándonos una úlcera. Con lo cual el comité de becarios decidió abrir la puerta de emergencia, la salida de incendios, que total, para eso está, ¿no?. Y mientras tanto una duda comenzaba a aparecer, mmmm, “pero los ingleses no eran tan pesados con lo de la seguridad y lo de los incendios, mmmm, ¿cómo es que no han saltado las alarmas antiincendios con semejante humareda?” . Como diría Papuchi (que gran sabio) esto es “raro, raro, raro“.

Bueno, pues Fer tiró la difunta pita a la basura y nos dispusimos a comer. Y unos 20 minutos después de haber comenzado con la ventilación aparece un operario del edificio a echarnos la bronca, porque resulta que le había llamado de otras plantas quejándose del tufo a quemao. Tendrán morro, nosotros si que nos tendríamos que haber quejado que estábamos allí comiendo con el tufazo a chamusquina,  versionando nuestros tupers en versión “auhmada”, y es que sopa ahumada y salteado de pollo ahumado no molan ehhh, nop. El único que salió bien parado fue Beni, que disfrutó de su salmón, eso si, ahumado.

Tras aguantar la regañina y prometer que “oh, sorry, sorry, no lo volveremos a hacer, ohh, sorry, sorry” y sorryear un rato, que es al parecer el deporte nacional de este país, le preguntamos al opererario-segurata-controller, que por qué no había saltado la alarma antiincendios si es que había habido una humareda tan bestial. Y el nos contestó que primero tenían que comprobar que hubiera fuego, y luego ya le daban a la alarma. Y hombre, yo no soy experta en alarmas, pero vamos creo que las alarmas están para alarmar y alertar a la gente del peligro de incendio, en este caso, y claro si de verdad hubiese habido un incendio en la cocina, y el paisano hubiese aparecido 20 minutos después de comenzar el fuego (como el hombre hizo), que, nos habría encontrado a todos los becarios más chamuscados que la pita de Fernando. Así creo que el misterio del edificio Windsor sería algo parecido, unos becarios de Garriges que se pasaron calentando un bocata de jamón y la liaron parda

De como aprendió Andrés a decir “grúa” en inglés.

Hay gente que se apunta a una academia, gente que se compra los cursos de inglés por fascículos de Planeta de Agostini, gente que como está empezando se pone con “Muzzy, big Muzzy”, o los que se dedican a hacer ejercicios en el ordenador con programas de reconocimiento de voz. Todo eso está muy bien, cada persona es un mundo y ha de buscar la mejor forma de aprender. Pues en el mundo de Andrés (que junto con Ms Andrea Marten constituyen la entidad “flatmates”), se aprende preguntando, que es gerundio.

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Total, que la grúa seguía ahí, mirándonos, en plan chula y desafiante, porque no sabíamos su nombre. Así que Andrés declaró que le iba a preguntar a alguno de los viandantes cómo se decía grúa en inglés. Y ni corto

Así que, de repente Mr Andrés nos pregunta. “ey, gente, ¿cómo se dice grúa en inglés?” mientras señala a una bonita grúa inglesa que sobresalía por encima de los edificios de tres plantas londinenses. Pues que se le va a hacer, después de pasar tardes y tardes de mi vida en la academia de inglés, más los cuatro años de carrera de traducción e interpretación, yo, yo no sabía decir grúa en inglés. Así que, sorry, Andrés, pero no hay respuesta.

Mientras tanto y no, los cuatro becarios comentaban sobre la grúa inglesa, más chata y recogida que las típicas grúas españolas. En fin, trabajando en una Ofecomes conseguimos sacar tema de conversación de un klinex, su textura y composición si hace falta.

Así que, ni corto ni perezoso, Andrés cogió carrerilla y se acercó a su primers víctima. Un hombrecillo negro con pinta de rastafari, con su gorro, y que andaba fumando tan contento él. Y va Andrés con su aire campechano y solo se le ocurre que decirle “Excuse me…” y hacer el amago de tocarle el hombro, en señal de “buen rollito” y ante semejante acercamiento el sujeto experimental número 1 reaccionó mal, muy mal. “What r u doing man!” a grito pelao. Pero Andrés no se amedrentaba “Do you speak English?” a lo que el furibundo sujeto cotestó “¡No man, no!”. El resto de los becarios temían por momentos por la integridad física de Andrés. Pero oye, al menos la pérdida de Andrés haría feliz a algún reserva.

Pero no, no murió Andrés. Andrés volvió al nido de becarios, tan contento  y campechano como siempre. Y nos comentó lo que ya habíamos oído a gritos. Pero no nos vayamos por los cerros de Úbeda, centrémonos en el tema. Andrés seguía queriendo saber como se decía grúa en inglés. Así que para ello eligió a su segunda víctima. Perdón, sujeto experimental número 2. Una abuelita inglesa, no demasiado ancia, con pinta de persona afable y correcta. Y se acercó y le preguntó “Excuse me, how do you say that in English?” y le señaló con el dedo, a modo de niño colón, la grúa. “Ah, you mean the machine?“, dijo la señora. “Yes, yes, the machine” y la señorá contestó “It is a crane“. “Ahhhhhhh, crane” dijeron los becarios a coro. “Yes, it is a Crane, it is used to lift heavy things” aclaró la señora, pensando quizás, que le preguntábamos porque en el país de donde veníamos no tenían ese tipo de artilugios tan sofisticados. Así que para rematar la jugada, le pregunté a la buena mujer que como se deletreaba esa palabra, puesto que en la lengua inglesa el spelling es fundamental. Así que ella, muy dispuesta lo deletreó “CRANE, C-R-A-N-E”. Así que nos deshicimos en un millón de thankyous  y la mujer se fue para su casa contentísima por su aportación al mundo de la enseñanza del inglés, y Andrés y el resto de becarios siguieron su camino buscando un lugar para cenar con más hambre pero menos incultura.

De perdidos a Ladbroke Grove.

Si, porque al parecer no hay mejor lugar en todo Londres para perderse, sobre todo si eres español.

Ayer martes, a eso de las 7 y media de la tarde tenía una servidora un “appointment” en el number 70 de Ladbroke Grove. El caso es que cuando parecía que estaba a punto de llegar porque había pasado el número 75, el 73 y el 71 y me dispongo a cruzar la calle me encuentro con el 44. ¿Eins?. Bueno, vale a todo el mundo le puede pasar, pusieron las casas como les vino en gana y quedó descompensado. Pues ponte a bajar la cuesta mientras el panorama meteorológico amenazaba con “pea-soup” que aunque se podría traducir como sopa de guisantes, se trata también de la niebla meona londinense.  Total que por fin, tras caminar un rato llego al númeor 70 de Ladbroke Grove, pero tate, que no me han dicho el piso. Así que llamo al número de teléfono para ver que piso es y me informan de que no estoy en la dirección adecuada, porque debería estar en el número 70 de Ladbroke Road (que no veáis por teléfono lo que se parecen Grove y Road). Arggggggg

Total, que vuelta colina arriba hasta que encontré la dirección adecuada.

Volvía yo hablando por el móvil y al cortar veo a una chica rubia que se dirige hacia mí con un callejero de Londres A-Z de 4.99 pounds en la mano (el mismito que tengo yo en casa, oye) y que me dice “Perdona, te he oído hablar, eres española, mira que me he perdido”. Y es que la chica majísima, pero perdidísima estaba un rato. Total que como íbamos en la misma dirección pues empezamos a hablar. La pobre, asturiana, de Gijón, que estaba, pues como todo el mundo, buscando piso y curro en Londres para aprender inglés. En fin, sabía exactamente el tipo de desesperación que estaba sufriendo, porque no hace tanto estaba yo tb ahí sufriendo porque en esta ciudad encontrar piso es una tortura.

Y pati pati pati, le iba comentando a Laura que en este barrio, en la parte menos pija hay muchísimos españoles, y ella me dice que genial, que entonces ahí se quiere venir ella con la colonia. Y total que en esto que se nos acerca un chico y nos dice “Perdonad, os he oído hablar, sois españolas, ¿no?. Es que estoy perdido. Estoy buscando el número 47 de Ladbroke Road, y no lo encuentro”. En fin, mi empatía iba en aumento. “pues creo que si vas colina arriba lo encontrarás, que no debería estar ahí, pero por ahí anda el 44. “

Y seguimos Paula y yo de camino para el metro pati, pati, pati. Y de repente, un chico y una chica se nos acercan. “Perdonad, os hemos oído hablar, sois españolas, ¿no? es que nos hemos perdido, ¿sabéis donde está el 47 de Ladbroke Grove”. Casi les suelto “Y vosotros sois poco originales, que eso ya es la tercera vez que me lo dicen hoy”. En fin, aquello comenzaba a parecer la película de “La cabina” en versión “Ladbroke Grove: la calle donde todos los españoles se pierden” (Rosalía incluída ehhh). Así que me ví el panorama, y ellos me lo confirmaron, erán amigos del español perdido de antes. Y me dijeron que estaba cerca de una iglesia, así que al menos les pude dar la satisfacción de saber que estaba la casa siguiendo la cuesta (que mira que no hay cuestas en Londres, pero aquí si) para arriba, donde había mandado a su amigo.

Pues nada, llegue a Lancaster Road para ir a casa y allí me despedí de mi nueva amiga Paula, a la que deseé mucha suerte y paciencia con la búsqueda de piso en Londres. Y es que estoy pensando en crear un asociación para las víctimas de la búsqueda de piso en Londres porque tienes que aguantar cada cosa…..

Os dejo con una foto de Ladbroke Grove, pero de día eh, je je je.

The Safety and Security Act

Por si ustedes no lo sabían gente más fanática que los británicos de la seguridad, la prevención de incendios, accidentes, o cualquier evento similar no debe de  haber en ningún lugar del mundo (no se si en la avanzada península escandinava + jutlandia). En fin, que aquí nos hacen simulacros de emergencia dos veces al año y son sorpresa, que todos los lunes cuando estás a las 9.30 intentando despertarte del fin de semana un timbrazo del demonio te devuelve a la realidad y te das cuenta de que, “aja, si, son las 9.30, ya están probando la alarma de los incendios”.  En los baños no hay enchufes, solo unos especiales para las maquinillas de afeitar (las mujeres el secador nos lo metemos…. en el cuarto). Los enchufes además de ser mastodónticos debido a su maravillosa idea de tener una toma de tierra, suelen tener un interruptor para encender o apagar la corriente del enchufe. Vamos, que tras lo aquí escrito pueden ustedes confiar en que “safety and security” en Gran Bretaña la que quieran y más.

La “Spanish Commercial Office” (Ofcomes para los amigos y demás becarios precarios) se encuentra situada en el número 66 de Chiltern Street, muy cerquita de Baker Street, donde Sherlock Holmes todavía recibe cartas de sus admiradores en su domicilio.

Total que el mismo Sherlok se podría pasar por aquí porque nuestro edificio se está poniendo un poco agresivo, y en dos días no sabemos como (o si que lo sabemos pero no nos puede caber en la cabeza que sea por eso) 4 personas inocentes, trabajadores del edificio, se  han estampado contra el cristal de las nuevas puertas giratorias que le han puesto a la fachada. Esas “revolving doors” se han convertido en las puertas más revolucionadoras de todo Londres, consiguiendo que de esas 4 personas, una tuviese que ser trasladada al hospital en ambulancia. Nuestra corresponsal Bea, la administrativa nos proporcionó datos de última hora que habrían hecho las delicias de cualquier corresponsal de “Está pasando”. Al parecer el último individuo en empotrarse contra el cristal de la puerta giratoria dejó tras de sí en el cristal un rastro de ……. (de sangre eh ja ja ja, pues va a ser que no) un rastro de grasilla de la epidermis, o como dice mi madre “de la crema hidratante que llevaba puesto”. Lo mires por donde lo mires, el tortazo tuvo que ser de dimensiones dantescas. Yo, al salir del trabajo me acerqué para ver si lo de las marcas en el cristal era una leyenda urbana mas, y me temo que no, que las marcas estaban allí y yo sin cámara, crap.

Pues eso que le vamos a pedir al ICEX que nos de un plus por peligrosidad, porque trabajar en esta Ofcomes te puede costar la vida, o al menos la cara. Otra opción es que nos faciliten un casco con una lucecita y una chichonera y unas rodilleras, para que en caso de producirse el choque con el casco al caer no nos hagamos daño en las piernas.

Por cierto, que los trompazos no son cosa de fenómenos paranormales, no. Más bien es que el listo del arquitecto pensó que no estaría mal que la salida de las puertas giratorias estuviese cerrada por dos paredes curvas de cristal, continuando así el círculo de las puertas, claro, que las paredes estaban tan limpias del primer día que la gente no las veía. Total que ayer las clausuraron, y hoy ya han amanecido con unas rayas blancas para llamar la atención de los currantes del 66 Chiltern Street. Pueden apreciar las rallas blancas en la foto que testifica que el diseñador mucho estilo mucho estilo pero de práctico leches.

Good Bye Curzon!

El viernes por la tarde nos conseguimos mudar. Tras casi 20 días viviendo Andrea y yo en el Curzon House Hotel, las ganas de salir de allí y decir “tengo casa” eran increibles. Lo logramos, dejamos atrás tantos momentazos por esas escaleras victorianas de pseudocaracol y moqueta en las que no matarte era un arte. Esos ratos en la cocina más estrecha del mundo quemándole la tortilla a la camerunense, y esas mañanitas en las que no oías otra cosa que a la de Camerún canta que te canta como una loca perdida. Esos italianos majetes, ese Luca y ese Gianluca que estaban ahí en lo bueno y en lo malo. El alemán quisquilloso que era super “friendly” y luego nos ponía a parir por escandalosos.

Esa alemana cuya voz de pito y estupidez alcanzaban cotas desconocidas para mí. El trio de sevillanos de los primeros días qu enos enseñaron que se pueden hacer cursos de autoestima por bulerias,  el calvo de Florida que se dedicaba a vender diamantes y a contar el fajo de pounds en el comedor, o el duo de franceses de la habitación número 7 que estaba todo el día jugando al poker por internet. Por no hablar de las recepcionistas polacas: Hana y Eva, la buena y la rancia, porque la Eva era un rato rancia la nena ehhh.

Tantos días conviviendo con esa fauna, con váteres que se estropean, duchas que no van, luces que se funden, goteras súbitas, enchufes recónditos. En fin, que en el fondo, tras sudar la gota gorda con el desplazamiento de maletas y colapsar la recepción del Curzon conseguimos mudarnos  a eso de las 5.

Para mudarnos necesitamos la ayuda de dos taxis británicos (si hubiese sido en España habríamos necesitado 5 taxis por lo menos), y la de Gianluca, que estuvo participando en la carga de dichos automóviles. Para que os hagáis una idea del maleterío que llevábamos aquí van un par de fotos.

Nos ha tocado el gordo.

Bueno, a nosotros los de la Ofecomes de Londres, tocar, no nos ha tocado más que aguantar el tema del gordo. Si, si, el de la lotería de Navidad. Ese mismo.

Al parecer un grupo de avispados nigerianos (ya podía el Toni Anikpe tomar nota) lleva unos años explotando un maravilloso filón que les está haciendo de oro, el de la lotería española. Esta gente se dedica a mandar cartas por todo el Reino Unido anunciando a sus habitantes que han ganado el “gordo” de la loteria española. Que el premio, de pongamos2 millones de libras, les está esperando en la aduana, y que lo único que tienen que hacer es pagar el 1% de impuestos, y que entonces ya se les trasferirá a sus cuentas bancarias. Algunos incautos, por desgracia, caen en semejante timo, y les transfieren 12.000 libras (que ya las quisiera yo) y se quedan esperando a ver el ingreso de los 2 milloncejos en su cuenta bancaria. Total, que el ingreso no llega, y que deciden, pues nada, llamar a la Commercial Office from Spain, que seguro que ellos saben por qué no me llegan los 2 millones de pounds.

Y llega ese momento trágico la mayoría de veces, tragicómico de vez en cuando, en el que el británico realiza la llamada a la Ofecomes para preguntar por sus 2 millones de pounds. En esos momentos el teléfonos lo suele coger una de las administrativas, que ya por desgracia están curtidas en atender a las víctimas del timo, y les comunican que les han timado. Por lo general no quieren creérselo, y como ya se sabe que no hay peor ciergo que el que no quiere ver, pues se procede a realizar un breve formulario de preguntas para devolver al británico a la realidad:

A/ “¿Ha comprado usted alguna vez un billete de loteria en España?” La respuesta más normal es NO. Pero algunos son verdaderos ases del autoengaño y contestan con un “pues realmente no me acuerdo“.

B/ “¿Tiene usted el billete de loteria?” Respuesta más normal “No, lo he perdido” Vaya por dios, lo ha perdido, y cómo se pensaba que iba a cobrar el premio sin el billete. Es que la administración de Loterias del Estado Español utiliza la ciencia infusa para saber quien compró el billete y mandarle los dos millones. Pero que majos son los de la lotería ehhhh.

c/ “¿no sabe usted que el Gordo de la lotería se juega en Navidad y ahora estamos en octubre?” Ainsssss, pequeño detalle sin importancia, en fin, aquí ya no cuela ni el autoengaño.

Pero a veces hay casos graves, muy graves, los de nivel 10 en la escala del timo nigeriano, y suelen ser aquellos que todavía no han pagado ese “1% de impuestos aduaneros” (esto ya nos lo podía haber explicado Gerardo Burgos en Fiscalidad Internacional eh) y que se están planteandose el pagar. Total que ayer llamó uno de esos, y aunque se le informó de que esto no era más que un monumental fraude que llevaba años en vigor, el hombre seguía diciendo “ya , pero ¿y si es verdad?” “es que es mucho dinero” “es que pagas 11.000 pounds y te llevas dos millones”. En fin, estos son casos de juzgado de guardia.

11811

Si, es que a veces eso es en lo que se torna la Ofecomes, en el 11811. Ayer fue el día de las consultas raras, bien fuese por teléfono o por e-mail, pero vamos que por teléfono siempre son más pintorescas.

No se si pasará igual en el resto de Ofecomes, pero aquí parece que cuando los británicos se aburren en su casa porque ya se han acabado el sudoku de The sun, y ya se han leído los últimos cotilleos sobre los tacones de la spice pija se dedican a llamar a la Ofecomes con las dudas existenciales que se les han acumulado en la cabeza durante los últimos 40 años, y que al menos  contienen la palabra Spanish o Spain de algún modo.

Number 1: e-mail escrito en un castellano un tanto macarrónico, una mezcla de “yo solicitar ayuda” procedente de Vietnam solicitándo info sobre temas que están en España. Cómo el vietnamita decidió que para preguntar algo sobre España lo mejor era escribir a la Ofecomes de Londres, eso nunca lo sabremos.

Number 2: llamada solicitando contactar con la Commercial Office. bueno, pues nada, ahí yo tan contenta “you are indeed contacting the commercial Office”, je je je, “¿con qué departamento en concreto quiere que le pase?” “business” me dice la señora. “bueno, pero más concreto: y le suelto la retaila de departamentos” y la mujer que no, que es un business inglés. “mmmm, a ver que quiere ésta”. total que tras mucho divagar me suelta que quiere contactar con la commercial office, pero la del Reino Unido en España. Así que le encasqueté el número de la embajada británica en Madrid, y ahí que informen a la buena señora. Por qué dedidió llamar a la Ofecomes Española en Londres y buscar el número en vez de a la Ofecomes británica en Madrid, mmm, tampoco lo sabremos nunca.

Así son ellos de pizpiretos los ingleses cuando cogen el teléfono.

Blancanieves y los siete enanitos

En ese plan dormimos la comuna de becarias del Curzon House Hotel. Debido a un late booking, la nueva remesa de becarios se ha quedado sin habitación cuádruple y se ha tenido que dividir girls al Dorm de girls y boys al Dorm de boys. Y Andrea, Andrés y Rouse, en su cuadrúple para 3 de chicas, en la que Andrés a los ojos de todo el mundo es “una chica más”.

Total que como nos sobraba una cama decidimos unirla con la mía y ponernos a dormir las tres como hiciera Blancanieves en la casa de los siete enanitos. Y así pasamos la noche Jone, Ana y Rouse, un tanto cagadas porque las camas tienen ruedas y se movían. Y claro una posibilidad es que se separasen en medio de la noche y desapareciésemos por la apertura. Así que está mañana hemos amanecido a al ritmo de una nueva canción “Por la raja de tu cama yo me pegué un peñazo y me quedé sin sábanas” (cántese con la música de Estopa).

Hoy nuestros chicos venían ya un poco más espabiladillos y no llegamos tarde a la Ofecomes, porque ayer, a pesar de ser primer día y fijar la hora de salida de casa a las 8.15 para llegar a las 9 tranquilamente a la Ofecomes, los chicos subieron a dejar los portátiles y mientras que the women+Andrés ya estábamos dando los últimos retoques a la capa de chapa y pintura, el sector “boys” seguía en pijama, y alguno todavía en el sobre.  Total, que salimos a las 8.45 y llegamos un poco tarde, pero bueno, como vamos en plan tropa, arrasando por la vida pues se nos perdona.

Primer día, ayer, segundo día, hoy, ya más metida en harina con el funcionamiento del escaner, la fotocopiadora, la impresora, el buzón de correos, las carpetas de la intranet, etc etc etc.

En fin, que a pesar de la increible congestión nasal que amenaza con colapsarme en estos momentos estoy happy. Y es que todo va mejor con un buen pastillazo (chicos, en la farmacia me he encontrado a Sudafed y a Benylin, en serio, me acordé de vosotros…. :) ), un tanque de sopa de dumplings japoneses y unos klinex.

Bueno, a ver como va el finde. Esperemos que estupendamente.

Rouse

La comuna

De momento en ese plan estamos, en el de la vida comunal que comenzamos los becarios con nuestros primeros encuentros en la T4 de Barajas. De hecho, debe existir un lazo invisible, un link, algún tipo que gambuza que nos une y hace que estuviésemos todos sentados en los asientos de las filas 7 y 8 del avión de British Airways, que tras un penoso aterrizaje en Gatwick que me dejo medio sorda durante un par de horas nos deposito en Gatwick, que no en Londres. Los becarios de la T4(Marta, Fer, JJ, Beni, Andrés y Rouse) se encontraron con la becaria de Barna (Andreita) y se fueron a buscar al chofer que había enviado la embajada para llevarles al hotel que les había reservado la Ofcomes en Londres.  ja ja ja ja. Os lo habéis creído, que pardos sois.

No, mas bien nos cogimos el Gatwick express, y después en Victoria un par de cabs y de allí al hostel. Nuestro hogar comunal se llama Curzon House Hotel y es una maravillosa casa victoriana situada en el aristocrático barrio de Kensington. El problemilla es que nos han puesto en un tercer piso sin ascensor al que hay que acceder trepando por una escalera pindia donde las haya. Menos mal que tenemos mocetones que nos han echado una manita, porque con cuatro maletas como íbamos Ms. Marten y una servidora pues en fin, que las ganas de aprender a teletransportar objetos crecían por momentos.

Tras eso nos fuimos todos en amor y compañía al Sainsbury’s a comprar la cena. Unos optaron por comida italiana precocinada y la mayoría por la india ( yeah, I was the real head of delegation moment). Total que invadimos la cocina del hostel, le dimos caña al microhondas, y luego nos fuimos a tomarnos unas pints al pub de la esquina porque “allí donde fueres haz lo que vieres” o como dicen por aquí ” When in Rome, do as Romans do”. Y de ahí a la camita y a dormir que al día siguiente nos tocaba Ofecomes.