Caminando bajo las estrellas, con la luz de las velas iluminando mi camino y con la cara helada de frío, así es como la ví la primera vez….era increíble, enorme, mucho más grande de lo que parecía en las miles de fotografías que hay de ella en todas partes….allí nos sentamos a escuchar el sonido de un instrumento beduíno, tomando té. Es una sensación única, imposible de describir. Al día siguiente, ya de día, descubres todos los detalles que hacen de esta ciudad un lugar de ensueño. Nos pasamos horas haciendo fotos, y mirando los colores de las rocas que parecen haber sido pintados!!!! Sentí lo mismo que debió sentir Indiana cuando vió aparecer de la nada el Tesoro de Petra. Dicen que el monasterio es lo más bonito, por ahora no lo puedo confirmar…..solo puedo decir que Petra te hace sentir cosas que pensaste que nunca sentirías.

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