Archivo para la Categoría ‘Viajes’

17
Mar

Año Nuevo, Isla nueva

   Publicado por: admin

Con dos meses de retraso, acabaré la crónica de nuestro viaje a Panamá con la estancia en Bocas del Toro por Año Nuevo. El 29 de diciembre salimos del hotel en Panamá rumbo a Colón, concretamente a la Zona Libre. Colón es una de las ciudades más peligrosas de Panamá, sin embargo nosotros no fuimos a la ciudad en sí, sino a la Zona Libre. La Zona Libre es una especie de mini ciudad en la que todos los edificios son tiendas y en donde se venden productos libres de impuestos. Pensábamos, por lo que nos habían dicho, que iba a ser una ganga, pero los precios no eran tan baratos y al final nos fuimos con pocas compras de allí, rumbo al aeropuerto para alquilar otro carro con el que ir hasta el archipiélago de Bocas del Toro. 

Allí alquilamos un Nissan Almera, y partimos rumbo al Valle Escondido de Boquete, donde planeábamos hacer tirolina y pasar de unos árboles a otros a lo Tarzán. En el viaje nos pasó de todo, principalmente se rompió la goma de una de las ruedas y estuvimos parados en la carretera intentando descubrir la causa del ruido que se había empezado a oír. Unos amables hombres (ganaderos, camioneros, qué sé yo…) que había por allí a la salida de una fábrica pusieron el toque de solidaridad en un país que comparado con lo amable que es Perú, resulta borde, y nos Ayudaron A cambiar la rueda por la de repuesto (que resultó ser mejor que las que teníamos puestas…). 

Llegamos a Boquete, al hotel Oasis (muy recomendable) ya de noche, y nuestros planes de tirolina quedaron chafados. Al día siguiente temprano salimos rumbo a Bocas Town, y tras perdernos un par de veces y a 15 por hora (teníamos un poco de miedo de reventar otra rueda y el camino no era muy bueno) conseguimos llegar a eso de las 15 h. al embarcadero donde cogeríamos la lancha hacia la isla de Bocas Town. 

Una vez llegamos nos estaban esperando para coger otra lancha que nos llevaría a nuestro destino final, una cabaña encima del mar a unos 50 minutos de la isla principal, en Isla Bastimento, rodeados de tres o cuatro casas más con turistas y una comunidad indígena dentro en la selva. Otra vez sin teléfono, Tv, internet…pero en una cabaña preciosa, que daba la sensación de ser la envidia de cualquier Robinson Crusoe que se dejara caer por allí.

La verdad es que la cabaña estaba totalmente acondicionada, tenía luz, baño, ducha, cocina de gas…y aun así, teníamos la misma sensación de estar aislados del mundo que en Isla Aguja (aun más, si cabe, ya que estábamos prácticamente solos, y en isla Aguja, aunque pocos, teníamos más contacto con otros turistas…). Allí nos atendía una familia de indígenas. La mujer nos limpiaba la casa, el marido nos cocinaba langosta, las hijas le intentaban regalar a Marta al bebé de la familia…lo típico. 

Como ya llegamos anocheciendo, la primera toma de contacto con la cabaña fue la de cenar (tuvimos que hacer acopio de provisiones en la isla principal para los dos días, ya que volver salía caro y era algo difícil…) y simpatizar con las 10.397 lagartijas que compartían casa con nosotros. La verdad es que eran graciosas y atrapamos un par de ellas en vasos.

Al día siguiente, una vez que el sol y el suave arrullo del mar caribeño nos despertó (bueno, más bien la lluvia, porque estuvo lloviendo todo el día  intermitentemente) fuimos en lancha a La Playa de las Ranas Rojas o red Frogs Beach. Allí nos juntamos con Antonio, el malaguita, otro compañero de clase del CECO que está destinado en Caracas, y estuvimos dando un paseo por la playa entre olas impresionantes, compartiendo las experiencias de cada país. Esta playa tiene su nombre, aunque parezca mentira, no por las arañotas que hay donde empieza la selva (es decir, donde acaba la arena), sino por las ranas rojas que unos niños allí insistían en que tocáramos (no lo hicimos, en un alarde de precaución, y menos mal, luego me enteré de que eran venenosas, aunque no mucho). Más tarde nos fuimos a Cayo Coral a comer, en un restaurante sobre el mar y donde nos despedimos de Antonio. Una vez terminamos de comer, a hacer snorkle. 

Y así, tranquilamente, volvimos a la cabaña para prepararnos a celebrar el Año Nuevo. El escenario inolvidable: en una cabaña encima del caribe, lloviendo a ratos, con tan solo la luz del porche, una hoguera en la playa y unos fuegos artificiales en la punta de la isla. Intentaría describirlo más, pero nunca llegaré a transmitir lo que fue. Así, acordándonos de todos los que había celebrado ya en casa el Año Nuevo (teníamos unas 6 horas de diferencia) pasamos el Año Nuevo Marta, Leti, Josep y yo. 

Al día siguiente, nos lo tomamos con calma. Salió el sol y tuvimos invasión indígena. Vino toda la familia a pasar la mañana con nosotros, a seguir ofreciéndonos al bebé, Marta duchó (en realidad casi saca una lija del ocho para frotar al niño) al bebé y a la niña pequeña, que no había sonreído nunca hasta que le metimos una sobredosis de azúcar a base de cereales de colores y la cría no pudo parar de reír en toda la mañana), e hicimos una incursión a la comunidad indígena a través de un camino pantanoso que consistía en tablones de madera tirados malamente sobre un terreno fangoso en medio de la selva. Allí conocimos un par de tiendas de artesanía, pagamos un peaje, saludamos al borracho del pueblo y vimos cómo practican los perros salvajes indígenas sus artes amatorias. Yo hice una incursión guiada por la selva, donde vi algún que otro árbol curativo,  anduve encima de un hormiguero tan grande como nuestro salón (las hormigas eran como el dedo gordo de mi pie), observamos un bebé caimán y atrajimos a un caimán adulto y acabé con barro hasta en las pestañas. 

A la vuelta, la familia Von Trapp nativa nos prestó un par de cayucos y nos adentramos en el mar (algunos más que otros, yo fui de los rajados) y agotamos las pocas fuerzas que nos quedaban. Conseguimos echar a la familia de casa (nos costó varios “bueeeeeeno, vamos a cenaaaaaar, los cuatro solossssss……”, pero al final pillaron la directa) hasta las doce de la noche, cuando en un momento de acojono de “aquí puede entrar cualquiera por la noche” salimos hacia la playa en el preciso momento en el que el niño pequeño de la familia venía a traernos una olla totalmente a oscuras. La gente de allí todavía oye por las noches el eco del grito de Josep…Los pelos como escarpias, oiga. 

Y después de esos incidentes y de contemplar una especie de luciérnagas marinas que había alrededor de la casa (no había visto algo así nunca) fuimos a descansar para prepararnos para la vuelta, que ya transcurrió sin incidentes dignos de mención salvo la cola de 45 minutos que tuve que esperar en el único cajero de la isla para sacar dinero, que nos querían cobrar de más y el fantástico ataque de hipo que tuve (y como consecuencia el ataque de risa de Marta y el contagio de los demás) durante dos horas en el coche de regreso a Panamá City. Pero el que quiera más detalles, que los pida.

Sólo un consejo, el que vaya al aeropuerto de Panamá, que se lleve su libro/revista, porque es el primer aeropuerto internacional que veo que lo más parecido que tiene a cosas para leer son los ingredientes de las colonias duty free.

Próxima entrega, El Salvador!!

21
Ene

Panamá City

   Publicado por: admin

Llegamos a Panamá contentos por la experiencia de Kuna Yala, pero también deseando una buena cama, y tras una pequeña búsqueda encontramos un hotel económico pero muy agradable, el Hotel Milán.

Tras descansar, ir de compras y devolver el coche, al día siguiente nos dedicamos a ver Panamá City. Llamamos a Hermes y nos vino a recoger al hotel, llevándonos primero al Canal de Panamá.

Para entrar al Canal y acceder a las terrazas que hay para ver el paso de los barcos, hay que pasar por un museo, que honestamente pensé que sería un poco por justificar el pago de la entrada. Pero estaba muy equivocado. El museo del Canal de Panamá te explica muy bien con vídeos, fotos y maquetas, la construcción del Canal. La principal mano de obra la componían jamaicanos (hasta 20.000) y muchos murieron por el camino, por accidentes y enfermedades. La construcción del Canal fue iniciada por los franceses, que terminaron dándose por vencidos y dejaron que los americanos se hicieran cargo. Es impresionante ver las maquetas y fotografías de las compuertas antes de que se llenaran de agua, todas las voladuras que se hicieron, la cantidad de gente y maquinaria trabajando en aquellos años (se inauguró en 1914) y hace que finalmente, cuando sales al exterior a ver el paso de los barcos (lo hacen por horas, cortan la circulación en distintos momentos del día y tienen programado el paso de los barcos a horas concretas) sientas que estás en un lugar realmente importante y no sólo mirando un río por el que pasa un barco… Los barcos pasan muy justos, a veces parece que van a chocar con los muelles (están haciendo una ampliación, dado que cuando lo construyeron no se pensaba que fuera a haber barcos de la envergadura de hoy en día), y es curioso ver cómo se llena el agua en un tramo y cómo se vacía en otro para que el barco pueda pasar…En las fotos, el barco que pasa viene del Atlántico y se dirige hacia el Pacífico.

De allí fuimos a tres islas que están conectadas por viaductos y desde las que se observa perfectamente el skyline de la ciudad. Son unas islas que se han utilizado como zona de restaurantes y bares, centros de convenciones y atraque de cruceros.

Luego Hermes nos llevó a ver la Panamá Antigua, son las ruinas de la primera ciudad de Panamá, que destruyó el Pirata Morgan, simplemente porque le dio por ahí. Luego mandó empezar a construir una nueva Panamá a unos kilómetros de allí (la actual Panamá), pero todavía quedan importantes restos de la antigua ciudad española original. Los restos están tan bien conservados que te puedes imaginar desde la torre los barcos piratas bombardeando la ciudad, y provoca un gran contraste cuando ves desde allí el viaducto y todo el skyline de la ciudad nueva. Cuando fuimos era lunes y en realidad no abrían al público, pero con un pequeño “soborno” (nos cobraron menos que una entrada normal y encima estábamos solos, así que podíamos ver todo tranquilamente) pudimos pasar.

Y así pasó todo nuestro día en Panamá, previo a nuestra partida hacia Boquete y Bocas del Toro a pasar el Año Nuevo. Estoy seguro que me he dejado cosas, pero para eso tenéis los comentarios los que vinisteis!!!!

13
Ene

Navidades en Kuna Yala

   Publicado por: admin

Tras un excelente desayuno (daban a elegir entre goffres o huevos revueltos!!!) volando todo panchos en la Salida de Emergencia de un avión de Copa, llegamos a Panamá el día 24 de diciembre, víspera de Navidad. Pensábamos que en Perú el ritmo de las cosas era lento, pero nada más llegar a Panamá ya nos dimos cuenta de que aquello sí que iba con calma caribeña. Tenemos la sospecha de que en vez de sangre tienen horchata. Aun así, nos hizo mucha ilusión bajar del avión, sobre todo cunado nos recibió una oleada de calor húmedo, al estilo tropical, y un sol que tras padecer la tarifa plana de cielo gris de Lima, nos anticipó lo bien que nos iba a venir este viaje.

Tras coger nuestras maletas (yo iba de mochilero como buen aventurero y Marta a lo Paris Hilton con maletita de ruedas incluidas), nos dirigimos a buscar el autobús que nos llevaba al centro de la ciudad. De camino conocimos a Hermes, un colombiano residente en Panamá desde hace unos cuantos años, al que le entusiasma hacer de guía turístico y que además lo hace muy bien (el Jorge Espejo de Panamá, ver el viaje a Paracas…). Al final Hermes nos llevó por un módico precio a Panamá City, al hostal donde nos íbamos a alojar. Allí teníamos que quedar con Isaac Brenes, quien se había encargado de reservarnos la estancia en San Blas (un archipiélago que cuenta con 365 islas, una para cada día del año, de donde son naturales los indios Kunas, tribu a la que pertenecía Isaac), y que nos tenía que dar las indicaciones oportunas para llegar a las islas.

Se suponía que en ese hostal, el Mamallena, íbamos a alojarnos esa noche y a encontrarnos allí con Josep, el becario de Guatemala, y Leticia (ver viaje a Cusco), becaria de Bolivia. Lamenteblemente, hubo algún tipo de malentendido con los tipos del albergue y no había habitaciones disponibles, así que tras despedirnos de Hermes nos fuimos con Isaac a buscar alojamiento. Fue una mañana que se preveía tranquila y resultó agotadora, pero nos permitió a Marta y a mí conocer el casco antiguo de Panamá, y andar por calles que se acercaban bastante, salvando las distancias, a lo que yo he conocido de la India: mucha gente, muchos puestecitos y mucho ambiente.

Tras ir de hotel en hotel, viendo desde medio puticlubs hasta hoteles de película, con la pintura desconchada, los baños oxidados y techos altos con ventilador, al final encontramos una zona de hoteles de nivel medio-bajo que resumían media geografía española: el Benidorm, el Compostela, y el Covadonga. Y cómo no, acabamos en el Covadonga, que para eso Marta tiene raíces asturianas, y que encima estaba ubicado en la Avenida del Perú. El hotel ruidoso y en una zona de seguridad media, pero suficiente para esa noche. Como preguntamos por el plato típico de Panamá y nos dijeron que el arroz con pollo (mi respuesta fue: como los domingos en mi casa), pues decidimos ir al McDonalds hasta obtener una mejor información (la zona tampoco invitaba mucho a experimentos el primer día de las vacaciones…). Por la tarde noche fuimos al aeropuerto a recoger a Josep, y fuimos a alquilar un carro. Nos dijeron que necesitábamos un 4×4 para llegar a San Blas, así que alquilamos una Tucson. Por fin a eso de las 10 de la noche llegó Leti y nos fuimos todos a cenar al lado del hotel. Para nuestra sorpresa, aunque fuimos a una especie de cafetería cutre, tenían en un expositor sobres de salchichón y chorizo de El Pozo, que fue nuestro máximo acierto de la noche (tras pedir platos como pavo con salsa de navidad, que básicamente era pavo chapoteando en salsa de chupachups) y, por cierto, nuestra cena de Nochebuena!!!!

Al día siguiente recogimos a Isaac, que al final se vino con nosotros, y salimos con rumbo a Kuna Yala (San Blas). Isaac resultó un tipo peculiar, pero de esos a los que se coge cariño: todo un personaje, indio Kuna (de nombre artístico Audri Yala), cantante con los Rabanes, músicos que ganaron los grammy el año pasado (toca la flauta y hace ruidos de pájaro en canciones protesta), hermano de las estrellas, hijo de la luna, primo de la tierra, sobrino del sol… y que tenía más peligro que bautizar a un gremlin (de hecho nos perdimos dos veces de camino a la isla). Y, efectivamente, necesitábamos un 4×4. Para nuestra diversión, nos habían dado un 4×2 y automático, lo cuál hizo que una vez que nos adentramos en la selva profunda (pero profunda profunda) nos quedáramos tirados en un par de cuestas y al final de un río que tuvimos que atravesar, a lo rally. Esta zona estaba totalmente empantanada, y desde mi posición de conductor era divertido ver cómo Marta y Leti chapoteaban en el barro (se hundían hasta las rodillas, perdían las sandalias por el camino, les atacaban hormigas rojas del tamaño de un elefante…) para que el coche tuviera menos peso y pudiera atravesar la zona sin atorarse. Costó, pero al final llegamos al embarcadero para las islas. Eso sí, de barro hasta las cejas.

Y por fin, a eso de media mañana del día de Navidad, llegamos a Isla Aguja, una isla de unos 150×150 metros, que tardabas en rodearla unos 5 minutos, a habitar allí durante dos días intensos de snorkle, playa caribeña, comida escasa pero buena (centollo, langosta, arroz blanco, patacones que es plátano frito, pollo, pescado…), noches estrelladas, peces, cangrejos, hamacas, palmeras y unas cabañas super chulas, típicas de los indios kuna, cuya luz por la noche eran velas, en las que el suelo era la arena, que estaba llena de agujeros en los que vivían cangrejos fantasma (transparentes) y cangrejos ermitaños que salían por las noches y que vivían aterrorizados de nosotros!!!  Al más puro estilo de Robinson Crusoe!!! De hecho, teníamos que abastecernos en el poblado indígena (a unos 20 minutos en lancha de la isla) de agua, cerveza, patatas fritas…Dos días increíbles en un paraíso muy económico y que ojalá aguante la visita de turistas y se mantenga como es!!! Y así pasamos la Navidad en Panamá, echando de menos la nieve y a la familia mientras veíamos peces tropicales en playas caribeñas tras habernos adentrado en la selva panameña!!!

22
Dic

Puente de Diciembre: Cusco

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En el puente de diciembre aprovechamos a ir a Cusco junto con María, amiga de Marta de Inglaterra (de cuando Marta estudió en Inglaterra, no de la reina Marta de Inglaterra, que ni siquiera existió…) y su marido, Nacho, y con Nuria y Leti, becarias ICEX en La Paz, Bolivia, y su compañera Miriam, del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales también en La Paz. 

Esto es lo que dice la wikipedia sobre Cuzco, o Cusco como se la conoce aquí en Perú:

El Cuzco[] (quechua: Qusqu, Qosqo ), o Cusco (grafía oficial en el Perú), es una ciudad del sureste del Perú, país del cual es su capital histórica, es también capital del Departamento del Cuzco, ubicado en la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes, en la cuenca del río Huatanay, afluente del Vilcanota.

Antiguamente, fue la capital del Imperio Inca y una de las ciudades más importantes del Virreinato del Perú. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1983 por la Unesco, llegando a ser comparada, debido a la gran cantidad de monumentos que posee, como la “Roma de América”[2] ; actualmente es el mayor destino turístico en el Perú, con una afluencia anual de cerca de un millón de visitantes anuales en el 2008.[]

Cuenta con una población aproximada de 390 mil habitantes, lo que la ubica entre las ciudades más pobladas del país.

Pero lo que ponen en letra pequeña es que se encuentra a 3.400 metros de altura, con lo que se tiene bastantes probabilidades de tener mal de altura, o Soroche. Y como lo que más recomiendan para evitar el Soroche es reposar unas horas nada más llegar para que el cuerpo se habitúe a la presión, pues nosotros decidimos hacer caso omiso, y tras un alegre reencuentro con la gente en el hostal Casa Elena, nos fuimos a montar a caballo.

Y allí íbamos todos en fila, atravesando barrizales y visitando ruinas, cual intrépidos aventureros, a 2 kilómetros por hora, un poco menos tal vez, y con los gritos de pánico de Marta y Miriam que se querían bajar del caballo. Resultados: unas cuantas fotos chulas y Marta con Soroche, insolación, la cara roja como un tomate y tomando oxígeno en el hotel (no de urgencia, como demuestra la foto) y dándose una crema que se usa para las radiaciones nucleares. Un show. Eso sin contar con los innumerables mates de coca que nos metimos (nada más llegar, cuatro vasos).

Luego hicimos el famoso city tour de Cusco, que de City no tiene nada. Consiste en ver un monasterio en la ciudad y una serie de ruinas que la rodean, con bloques de piedra espectaculares. Un tour basado sobre todo en los sistemas de construcción incas, con obras espectaculares, pero para las que lamentablemente no contamos con un buen guía, ya que el que teníamos se limitaba a insistir que nos sacáramos fotos con las piedras más pequeñas del Imperio Inca, sin explicar mucho más.

EL día siguiente se presentó bastante mejor. Tras un amago de quedarnos todo el día en el hotel, ya que Marta se encontraba mal, al final se animó y nos fuimos con todos a hacer el tour del Valle Sagrado. El Valle Sagrado es un Valle que debido a sus condiciones climatológicas permitía producir dos cosechas al año en lugar de una, por lo que se le consideraba un valle muy fértil y por tanto bendecido por los dioses. Por tanto, toda la producción se destinaba a las arcas del Inca. El valle está repleto de ruinas incas. Visitamos en primer lugar (nos perdimos la primera visita, Chincheros) Moray, una especie de anfiteatro de círculos concéntricos formados por terrazas en cada nivel de círculos, que en realidad era una especie de campo de ensayos de cultivos, de tal manera que al plantar maíz en cada círculo a distinta altura obtenían distintas variedades de maíz (lo mismo para las papas). En la zona se cultivan hasta 2.000 variedades distintas de maíz.

Posteriormente fuimos a las Salinas de Maras, una zona de “cultivo” de sal de la época preinca. Antiguamente la zona estaba sumergida en el mar. Por eso el valle cuenta con numerosos ríos subterráneos con agua salada, que si se canaliza bien da lugar a Salinas como ésta, ordenada en pequeñas terracitas. Cada 10 o 12 terracitas pertenecen a una familia distinta.

Tras visitar las salinas fuimos a Ollantaytambo, donde comimos y fuimos a las ruinas, que algunos consideran, como ruinas, más espectaculares que Machu Picchu (salvo, claro está, por el entorno en el que se ubican, ya que aunque la posición de Ollantaytambo es increíble, en medio del Valle y entre montañas gigantescas, Machu Picchu se encuentra en un entorno todavía más espectacular). El conjunto de las ruinas son un juego meteorológico, con zonas donde se señalan los equinoccios, mapas de la región y de Machu Picchu, figuras escarbadas en la montaña…y hechas también de bloques de piedra enormes.

Y de allí vuelta a Cuzco. Al día siguiente aprovechamos a descansar y ver Cuzco con más calma. La Plaza de Armas, el Barrio de San Blas, que es la zona bohemia de la ciudad…y nos despedimos de Nacho y María, que volvían a Lima para coger un vuelo al día siguiente de vuelta a casa. Mientras tanto, Leti, Nuria y Miriam fueron a ver Machu Picchu, que les encantó. Nosotros lo dejamos para la siguiente vez…

Y el martes, día de la Inmaculada Concepción, tuvimos la suerte de encontrarnos la Catedral abierta y con entrada gratuita, por lo que pudimos ver el magnífico altar de plata que hay dentro.

Y así, a grandes rasgos, pasamos el puente de diciembre. Me olvido de las pizzas, de las visitas a fábricas de alpaca, del acoso y derribo de comerciantes…pero eso ya son detalles para los que vengan a visitarnos…

 

23
Nov

Paracas-Ica

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La región de Pisco está al sur de Lima, a unas 3 horas en autobús. Es una zona de casitas bajas, pueblos de pescadores, playas paradisiacas, desiertos y frecuentes movimientos sísmicos.

Hace unos dos años se produjo un gran terremoto en la zona, de 8,1 en la escala Richter, que dejó asolados varios pueblos. Y por si acaso, 40 minutos después, tsunami. Lo de siempre: ayuda internacional al día siguiente, 519 muertos, 1,291 heridos, 76.000 viviendas totalmente destruidas e inhabitables, 431.ooo personas afectadas, más de 500 réplicas en esa semana, y un Gobierno que dos años después lo único que ha hecho es poner paredes en las calles que ocultan que detrás de ellas todo sigue derruido y la gente vive en casas sin techo, bajo la esperanza de que ninguna desgracia parecida se vuelva a cebar con ellos.

Una de las personas que sobrevivieron, Jorge Espejo, fue el encargado de recogernos en el cruce de Pisco cuando llegamos allí. Nos gustó tanto cómo explicaba las cosas, todo lo que sabía, su experiencia, su honradez, su sencillez, que lo adoptamos para el resto del viaje, y lo recomendaremos (y casi obligaremos) para que los que vengáis por aquí lo contratéis.

De camino al hotel nos dio una vuelta por Pisco: no hay nada para ver, restos de edificios que fueron espectaculares, un montón de gente por una plaza de armas muy animada, que parece no darse cuenta de las ruinas, y costa. Pasada la ciudad de Pisco, todo pueblecitos de pescadores. Jorge nos explicaba que una vez había llevado a un grupo de franceses a la Reserva Natural y allí les habían dado un panfleto que le regalaron y que él tradujo, sobre la extinción de los dinosaurios, sobre que toda la región estaba bajo el mar y sobre que tras un terremoto, se suele formar un tsunami en un periodo de 40 minutos. Su inquietud por leer, por saber, le salvó la vida.

El vivía en la zona de San Andrés, en primera línea de la costa, justo en frente de la zona donde el tsunami tuvo más impacto. Volvía de andar en bicicleta y a apenas dos cuadras de su casa, empezó el terremoto. Primer la tierra se movió en horizontal, movimientos muy bruscos que luego fueron verticales. Nos contaba lo duro que es ver a gente pidiendo socorro, saber que se les puede caer la casa encima y no poder ir a socorrerles porque la tierra se mueve tanto que es imposible andar. Sólo te queda rezar y esperar, y ver cómo todo se destruye. Una vez pasado el terremoto, Jorge se acordó del panfleto y de lo de los tsunamis, así que intentó convencer a su familia y vecinos para huir de la costa. Se metieron hasta 18 personas en su furgoneta y salieron a escape. Algunos no le creyeron y se quedaron. Otros se impactaron por el retroceso del mar y se acercaron a la playa para verlo. Todos murieron.

Él te cuenta su experiencia como algo lejano, como aquél que ha vivido tanto que ya poco le impacta. Pero te impacta.

Así que al llegar al hotel, le preguntamos si podía ser nuestro guía y dijo que sí.

El Hotel el Mirador es un hotel ya viejito, a la salida de paracas, pero con unos precios muy cómodos y en el que se cena bien, y la gente es muy atenta. Además, tiene piscina, futbolín y ping-pong, y a Jorge Espejo, así que lo tiene todo.

A la mañana siguiente, nos fuimos temprano al Tour de Islas Ballestas. Son unas islas que reúnen a más de 10.000 aves marinas, un gran centro productor de guano (excrementos de ave que valen más que el oro por su valor energético y como fertilizante). También se puede encontrar en ellas a un montón de leones marinos. Pero primero, para llegar, hay que salir de la bahía de Paracas, y por supuesto, ver el candelabro. Es una figura enorme con forma de su nombre, pre inca, que guarda relación con las líneas de Nazca. Así como las líneas de Nazca tienen apenas unos 20 centímetros de profundidad, el candelabro tiene 3 metros de profundidad (no se sabe cómo se pudo hacer tan profundo y con tanta precisión en aquella época), y no tiene ningún mantenimiento, se mantiene exactamente igual sin verse afectado por las tormentas de arena que se suelen formar en la zona y no se sabe porqué (en las líneas de Nazca se forman pequeños remolinos que las recorren y mantienen limpias). Además, existía la teoría de que el candelabro apuntaba exactamente hacia las líneas de Nazca, así que se contrató un avión que tomó el rumbo hacia el que apuntaba el candelabro y efectivamente dirigía exactamente a las líneas. Todo un misterio en el que hace unos años se perdió el mismísimo JJ Benítez, de quien curiosamente Jorge Espejo era guía y a quien tuvo que ir a rescatar cuando se hizo de noche.

Tras ver el Candelabro llegamos a las islas Ballestas (tras ver también delfines nadando al lado del bote y pelícanos siguiéndonos). Son islas blancas por el efecto del guano, y negras por todas las aves que viven en ellas. Allí vimos todo tipo de pájaros, gaviotas, pingüinos, pelícanos (de hecho uno fue tan amable que nos bombardeó y nos cagó a todos) y los leones marinos (Marta quería llevarse uno a casa, lo que no sé es por qué no le vale conmigo…).

Y después fuimos a la Reserva Natural de Paracas. Es un desierto de dunas de arena enorme, que acaba bruscamente en acantilados y largas playas de muchos colores. La carretera parece asfáltica, pero en realidad son caminos de sal, para no dañar la zona, que se han ido ennegreciendo con el paso de los vehículos. Es uno de esos lugares en los que te olvidas de la civilización y te podrías hacer hippy y vivir de hacer pulseritas y de pescar el resto de tu vida.

Después de eso y de caminar descalzos por una de las playas (el agua no estaba tan caliente como puede parecer…) nos fuimos a comer a Paracas, marisquito, arroz, pescado…todo excelente (las conchas=vieiras aquí son excepcionales y muy baratas y estamos enganchadísimos). Después,  al hotel a disfrutar de la piscina y del ping-pong antes de irnos a Paracas a dar una vuelta y volver al hotel a cenar con un festival de música criolla y una loca histérica berreando canciones que daban por la tele (nos puso muuuuy nerviosos…).

Al día siguiente, quedamos con el Sr. Espejo para ir a Ica, donde queríamos ir al desierto a hacer boogey o tubular, que es básicamente montar en un coche tipo Mad Max, hecho de tubos, y subir y bajar dunas de arena a lo montaña rusa sin raíles, y sandboard, tirarse de dunas muy verticales en tabla de snowboard (sólo nos dejaron tirarnos a lo Superman, ya han tenido demasiadas clavículas rotas…).

De camino nos contó la historia de Sarah Ellen, una de las amantes del Conde Drácula (según la leyenda, claro), que estaba enterrada en el cementerio de Pisco. Llegó su ataúd por barco a Lima, donde no lo dejaron desembarcar y tuvo que ser bajado y enterrado en Pisco. El ataúd venía acompañado por un señor inglés. Nadie sabía que la lápida estaba allí hasta que un programa de televisión colombiano de fenómenos sobrenaturales lo dio a conocer. Entonces, dado que se pensaba que iba a resucitar, se hizo un ritual por el que todos los brujos importantes de Perú (hace apenas unos años, no hablo de hace un siglo…) se reunieron en el cementerio para hacer un ritual y matar definitivamente a Sarah Ellen. Lo retransmitieron por TV y todo. El santero principal que le iba a clavar una estaca en el corazón a Sara Ellen sufrió un desmayo cuando lo hizo y dijo que la había visto. Un montón de historias entretenidas de las que no se sabrá la verdad.

Llegamos a Ica y fuimos a una bodega de Pisco, donde nos explicaron todo su proceso de destilación. El Pisco viene de la uva, como el vino. Pero lo guardan en unas urnas de arcilla con forma de picos de ave. Pisco es una palabra quechua que significa eso, pico de ave, por eso le dan ese nombre. Y en vez de vino se obtiene el pisco, del que hay varias variantes, hasta 7 tipos dependiendo de la uva que se use y luego también se puede obtener pisco hecho de combinaciones de las mismas, crema de pisco, pisco sour preparado…

Después de una buena cata de piscos nos fuimos al desierto. Era un desierto espectacular, ninguno de nosotros habíamos estado nunca en un desierto de dunas de arena y nos gustó mucho. La ruta empezaba en la laguna de Huacachina, un oasis que aparece en los billetes de 50 soles. Allí cogimos el boogey, hicimos sandboard a mitad de camino (nos tiramos de 4 dunas) y volvimos para bañarnos en la piscina de un hotel. Todavía tengo arena en los vaqueros, pero lo pasamos genial y va a ser un viaje a recomendar.

Nos faltó ver el museo de Ica y las líneas de Nazca, pero eso será otro fin de semana…

6
Nov

Viaje a Paracas – Ica (Preliminar, sólo fotos)

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20
Oct

Los Andes: El Callejón de Huaylas

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Y el fin de semana del Día de la Hispanidad, aprovechamos la fiesta del 12 de octubre para hacer el primer viaje: Huaraz, en los Andes.

Cogimos billetes de autobús para ir allí, 9 horas y por la noche, en autobús cama, que viene a ser un autobús con los asientos un poco más anchos de lo normal y bastante reclinables. Hubo quien durmió y a quien lo costó más. Al viaje fuimos Edu, Borja, Marta y yo. Salimos a las 9:30 de la noche de Lima y a las 6 de la mañana amanecimos en Huaraz, un pueblo en medio del Callejón de Huaylas. El Callejón de Huaylas es un valle de unos 180 km. que transcurre entre dos cordilleras: la Cordillera Blanca, que es la cadena montañosa tropical más elevada del planeta con cimas superiores a los 6.000 metros de altitud (wikipedia dixit), y la Cordillera Negra, con montañas de hasta 5.100 metros de altura, que se caracterizan por no presentar nieves (wikipedia también dixit).

Así que eso, medio adormilados, a unos 3000 metros de altitud, a las 6 de la mañana con un frío interesante, nos pusimos a buscar el albergue que habíamos reservado: el Churup, un garito tan interesante como el nombre y recomendable al 100%. Barato, con una terraza con vistas geniales, las habitaciones muy agradables y un restaurante/cafetería/sala de estar con sofás y chimenea muy apetecible.

7- Vistas de Huaraz desde la terraza del Churup 3 []

10- Iglesia en Huaraz []

15- Vistas de Huaraz desde la terraza del Churup []

Allí dormimos un poco (en un sofá, porque hasta las 11 no podíamos hacer el check-in y era perder medio día) y decidimos desayunar (café con pan con mantequilla y mermelada) y hacer alguna ruta. Y nos fuimos a lo más recomendado: Llanganuco, a los pies del Huascarán, el monte más alto de Perú, y si no me equivoco, el segundo más alto de América: 6000 y pico metros.

Error: en vez de coger un bus con guía, cogimos un taxista, que también ofertaba el hotel, y que esperábamos nos parara en sitios en  los que no parara el bus. Pues bien, Quintiliano, el taxista en cuestión, era un tipo grande de allí que hablaba poco más que qechua, que nos explicó poco más que nada y que paró en la meta, tocar y volver. Eso además del gran estado de las carreteras locales y los buenos amortiguadores del taxi…Una batidora gigante. Eso sí, los paisajes cuando llegamso merecieron la pena. Unos lagos muy bonitos, paseíto en barca y de vuelta a Huaraz. Para más, me remito a las fotos.

21- La garganta llegando a Llanganuco []

24- Dónde está Marta []

27- Álvaro, choclo con queso []

28- Marta, choclo con queso []

35- Mordor, de camino a Llanganuco []

41- Lagos de Llanganuco []

43- Lagos de Llanganuco []

47- Oh, capitán, mi capitán []

52- En barca []

61- La llama que llama y la marta que marta []

72- Iglesia []

77- Churupmarta []

Ese día fue el día en que Edu y yo comimos rata. Hay un plato muy típico de Perú que es el cuy. El cuy es el conocido conejillo de Indias o coballa. Pues lo pedimos en un restaurante, por probar. La secuencia fue: 1- Por favor, medio cuy para él y otro para mí. 2- (20 min, después) Disculpen, señores, pero se nos acabó el cuy, si quieren otra cosa… 3- Pues una pizza. 4- (1 minuto después) Disculpen, señores, pero llegó el proveedor de cuys y ya tenemos cuy, ¿todavía lo quieren?

Total, que dijimos que sí y nos sacaron pues eso, una rata sin cola, con las uñitas y todo (a mí me tocó un riñón, el corazón y los dos testículos!!!). Se me revuelven las tripas. Así que creo que nos dieron gato por liebre, o rata por cuy.

En fin, al día siguiente espabilamos y cogimos una excursión al Chavín de Huantar en bus con guía (resultó ser un minibus-batidora). El Chavín de Huantar es una zona de ruinas pre-incas en las que se rodó parte de Indiana Jones 4. El viaje transcurrió bastante mejor que el día anterior (decir que ambos viajes duraban más de 3 horas para ir y lo mismo para volver), hicimos una parada en la laguna de Querococha, también de paisajes muy bonitos, superamos los 4.500 metros de altura (nos tuvimos que meter un mate de coca y Marta varios caramelos de coca a los que se ha hecho medio adicta), atravesamos la cordillera blanca, bajamos por un valle muy profundo y llegamos al Chavín de Huantar, las ruinas, que tienen historias bastante interesantes con las que no os voy a aburrir.

79 - Carretera Perú []

81 - La cordillera blanca []

88 - Laguna de Querococha - 3980 metros []

92 - Laguna de Querococha - 3980 metros []

93 - Laguna de Querococha - 3980 metros []

99 - Laguna de Querococha - 3980 metros []

129 - Colibrí Parada para comer en Chavín []

136 - El templo de Chavín de Huántar []

150 - Desde las galerías de Chavín de Huantar []

156 - Un guardián del templo []

Y así pasó nuestro fin de semana, contado con bastante brevedad. Las fotos os darán una idea de lo que nos gustó el viaje. Volvimos del Chavín, cena y autobús de vuelta. Paliza, cansancio, dolores de cabeza por el mal de altura, gastroenteritis…pero merecio mucho la pena!!! Volveremos en mayo a hacer trekking!!!

163 - En el bus []

164 - Atardecer []

157 - Niños corriendo por el puente de madera []

158 - Autóctona []

161 - Señoras []

165 - Despedida del Churup []

166 - Cenando, con música en directo []

18
Oct

Pachamanca

   Publicado por: admin

El jueves pasado, 8 de octubre, fue fiesta en Perú. Se conmemoraba la batalla de Angamos, de 1879. Fue una batalla naval entre Perú y Chile, parte de la Guerra del Pacífico, en la que murió el almirante Grau, marino peruano conocido como el caballero de los mares por la extraordinaria educación de la que hacía gala en todo momento.

Nosotros aprovechamos la celebración del día festivo, que aquí se llaman feriados, para salir de Lima a ver el sol. Quedamos con Alejandro e Inma, nuestros compañeros (creo que ya he hablado de ellos, becarios por Murcia y Andalucía, que llevan ya unos 9 meses y se van en diciembre y enero respectivamente) y amigos suyos. Conocimos a Juanjo y Óscar, pamplonicas que tienen aquí una empresa de ropa estilo Kukuxumuxu a lo peruano, llamada Cuy Arts, Alfonso, que trabaja para Cobra, y algunas chicas peruanas, novias y amigas del resto.

Fuimos en sus coches a Chaclacayo, una zona a unos 30 km. de Lima a la que se tarda, entre el tráfico y la velocidad a que se circula aquí, unas 2 horas en llegar. Paramos a tomar una cervecita y a comprobar que en Perú hay sol fuera de Lima, y seguimos la ruta hasta Santa Eulalia, donde el plan era comer Pachamanca, comida típica peruana, que básicamente es carne y tubérculos hechos con piedras calientes. Una vez que llegamos a la zona, vimos que era toda de restaurantes campestres, que vienen a ser restaurantes merenderos con musiquilla, al más puro estilo de las películas. Nos recomendaron por el camino ir al Paraíso, así que allí nos dirigimos.

Nos recibió la “melodiosa” música de una chica a la que decidimos llamar Daisy Chávez, por algún motivo que se me escapa. Esta era una chica un tanto rechoncha a la cabeza de un grupo de personas en estado catatónico que aporreaba instumentos musicales mientras Daisy emitía sonidos estridentes a lo “me acabo de levantar y canto en la ducha pero con micrófono”. Por supuesto, este grandioso espectáculo alteró las hormonas de Marta, y en un visto y no visto (de verdad, ni me di cuenta de que se había ido) apareció en medio del escenario abrazando a Daisy.

En fin, corrimos a sentarnos en una mesa antes de que la “animadísima” músicota de Daisy entrara por nuestras venas y nos hiciera bailar como fans de los beattles en pleno apogeo de los 60 y pedimos pachamanca. Y la pachamanca llegó, tras unos 40 minutos de espera, pero llegó. Carne de chancho (cerdo), pollo, res, con patata, camote (boniato), tamal, vainas…hechas en piedras calientes. Estaba bueno, aunque lo mejor era el pollo. Días más tarde volvimos a comer pachamanca de camino a Chavín de Huantar (esa es otra historia: Andes, ruinas pre-incas, Indiana Jones…) y para mi gusto estaba bastante mejor, pero como primera experiencia, ni tan mal. De postre, picarones, una mezcla entre churros y boniato (sé que no suena bien, pero se deja comer…) con caramelo.

Volvimos cansados, pero agradecidos por el sol, el día de fiesta, y el salir de Lima (aunque estamos muy bien aquí, vinimos todos con muchas ganas de comernos Perú…), y nos empezamos a mentalizar de lo que venía al día siguiente: los Andes.

5
Oct

Despedidas

   Publicado por: admin

Con tanta despedida, viaje, maleteo, desmaleteo, no dormir, descubrir Miraflores, etc. no he podido actualizar el blog, pero a partir de ahora seré más constante.

Así que empezaré esta entrada con las despedidas. El sábado pasado, 26, tuvimos una mega fiesta sorpresa (pero sorpresa sorpresa, estuvimos a punto de asesinar al pobre Txus por cambiar nuestros planes, cuando Jaime y él habían estado organizándolo todo desde hacía semanas, MUUUCHAS GRACIAAASSSSS) en el Estrómboli en Bilbao, allí estuvieron casi todos, los del taller, mis amigos, los de Marta y Jaime, los primos de Marta, el padre Fer…casi todo el que pudo. Y como ya habíamos estado más días de despedidas con otros grupos (Caye y todos estos, Gorka y cía…), fue un broche de oro perfecto para Bilbao, a falta de la despedida final de las familias.

01-Despedida sorpresa Bilbao Taller

02-Despedida Sorpresa Bilbao Amigos

03-Despedida sorpresa Bilbao primos Marta

04-Despedida sorpresa Bilbao Jaime

Por fin, el jueves llegó el gran día y salimos a las 19:40 de Bilbao a Madrid. Allí estuvieron nuestros padres y nos dio pena la despedida. No nos vamos a engañar, que es solo un año pero siempre da penuca irse.

El vuelo era con Iberia, y en la revista estaba recomendado el álbum de Jaula de Grillos. ¡¡ESE ALBERTO!! Te esperamos por Lima, que te estamos haciendo publicidad gratis!!!

1-Revista de Iberia, Jaula de Grillos

5-Primer vuelo Marta y Alvaro

3-Salimos de Bilbao

Llegamos a Madrid a eso de las 20:40, maletas y autobús al Tryp Diana. Allí estaba Sarita, destino Lagos, Nigeria. Nos hizo mucha ilusión verla. Y nada más dejar las maletas. Empezó a llegar todo GP13, nuestros vecinos en Madrid, y nos regalaron unas camisetas de despedida muy chulas y nos invitaron a una buena cena (para eso estuvimos ensayando todo el año con las cenas en Río Rosas). También estuvo Luisete, que hacía un montón que no le veía

7-Despedida GP13

8-Despedida GP13

6-Despedida GP13

9-Despedida GP13

Así que después de tanta despedida, cenas, fiestas, etc. Estábamos agotados, y encima el jueves no dormimos nada, a las 2 de la mañana volvimos al hotel y a las 3:30 teníamos que estar ya en la ducha para coger el autobús al aeropuerto a las 4, y nos fuimos de gaupasa. Cansancio horrible.

En Barajas nos esperaba Borja, el becario de informática. Un tío muy majo con el que distribuimos pesos de maleta (principalmente de la mía) y facturamso sin problemas, salvo que todos tuvimos asientos separados de Madrid a Amsterdam y de Amsterdam a Lima. Pero además no estaban separados por dos o tres filas, es que no nos veíamos. La cola para facturar era grande, así que nos tuvimos que ir corriendo al embarque y uando llegamos a Amsterdam tuvimos que ir corriendo al embarque para Lima (en la otra punta del aeropuerto), pero hicimos todo sin problemas, y nos juntamos con Edu, el becario de Inversiones (http://acondorpasado.blogspot.com/), otro tío de 10.

El vuelo no estuvo tan mal como esperábamos. 12 horas 45 minutos exactos, sin muchas turbulencias y con pantallita de televisión en cada asiento, con un montón de pelis y series que hacen que el tiempo pase mejor. Además, con el sueño que llevábamos todos echamos un par de cabezaditas. Y a eso de las 11 de la noche hora española, por fin, llegamos a Lima.


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