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23
Nov

Paracas-Ica

   Publicado por: admin

La región de Pisco está al sur de Lima, a unas 3 horas en autobús. Es una zona de casitas bajas, pueblos de pescadores, playas paradisiacas, desiertos y frecuentes movimientos sísmicos.

Hace unos dos años se produjo un gran terremoto en la zona, de 8,1 en la escala Richter, que dejó asolados varios pueblos. Y por si acaso, 40 minutos después, tsunami. Lo de siempre: ayuda internacional al día siguiente, 519 muertos, 1,291 heridos, 76.000 viviendas totalmente destruidas e inhabitables, 431.ooo personas afectadas, más de 500 réplicas en esa semana, y un Gobierno que dos años después lo único que ha hecho es poner paredes en las calles que ocultan que detrás de ellas todo sigue derruido y la gente vive en casas sin techo, bajo la esperanza de que ninguna desgracia parecida se vuelva a cebar con ellos.

Una de las personas que sobrevivieron, Jorge Espejo, fue el encargado de recogernos en el cruce de Pisco cuando llegamos allí. Nos gustó tanto cómo explicaba las cosas, todo lo que sabía, su experiencia, su honradez, su sencillez, que lo adoptamos para el resto del viaje, y lo recomendaremos (y casi obligaremos) para que los que vengáis por aquí lo contratéis.

De camino al hotel nos dio una vuelta por Pisco: no hay nada para ver, restos de edificios que fueron espectaculares, un montón de gente por una plaza de armas muy animada, que parece no darse cuenta de las ruinas, y costa. Pasada la ciudad de Pisco, todo pueblecitos de pescadores. Jorge nos explicaba que una vez había llevado a un grupo de franceses a la Reserva Natural y allí les habían dado un panfleto que le regalaron y que él tradujo, sobre la extinción de los dinosaurios, sobre que toda la región estaba bajo el mar y sobre que tras un terremoto, se suele formar un tsunami en un periodo de 40 minutos. Su inquietud por leer, por saber, le salvó la vida.

El vivía en la zona de San Andrés, en primera línea de la costa, justo en frente de la zona donde el tsunami tuvo más impacto. Volvía de andar en bicicleta y a apenas dos cuadras de su casa, empezó el terremoto. Primer la tierra se movió en horizontal, movimientos muy bruscos que luego fueron verticales. Nos contaba lo duro que es ver a gente pidiendo socorro, saber que se les puede caer la casa encima y no poder ir a socorrerles porque la tierra se mueve tanto que es imposible andar. Sólo te queda rezar y esperar, y ver cómo todo se destruye. Una vez pasado el terremoto, Jorge se acordó del panfleto y de lo de los tsunamis, así que intentó convencer a su familia y vecinos para huir de la costa. Se metieron hasta 18 personas en su furgoneta y salieron a escape. Algunos no le creyeron y se quedaron. Otros se impactaron por el retroceso del mar y se acercaron a la playa para verlo. Todos murieron.

Él te cuenta su experiencia como algo lejano, como aquél que ha vivido tanto que ya poco le impacta. Pero te impacta.

Así que al llegar al hotel, le preguntamos si podía ser nuestro guía y dijo que sí.

El Hotel el Mirador es un hotel ya viejito, a la salida de paracas, pero con unos precios muy cómodos y en el que se cena bien, y la gente es muy atenta. Además, tiene piscina, futbolín y ping-pong, y a Jorge Espejo, así que lo tiene todo.

A la mañana siguiente, nos fuimos temprano al Tour de Islas Ballestas. Son unas islas que reúnen a más de 10.000 aves marinas, un gran centro productor de guano (excrementos de ave que valen más que el oro por su valor energético y como fertilizante). También se puede encontrar en ellas a un montón de leones marinos. Pero primero, para llegar, hay que salir de la bahía de Paracas, y por supuesto, ver el candelabro. Es una figura enorme con forma de su nombre, pre inca, que guarda relación con las líneas de Nazca. Así como las líneas de Nazca tienen apenas unos 20 centímetros de profundidad, el candelabro tiene 3 metros de profundidad (no se sabe cómo se pudo hacer tan profundo y con tanta precisión en aquella época), y no tiene ningún mantenimiento, se mantiene exactamente igual sin verse afectado por las tormentas de arena que se suelen formar en la zona y no se sabe porqué (en las líneas de Nazca se forman pequeños remolinos que las recorren y mantienen limpias). Además, existía la teoría de que el candelabro apuntaba exactamente hacia las líneas de Nazca, así que se contrató un avión que tomó el rumbo hacia el que apuntaba el candelabro y efectivamente dirigía exactamente a las líneas. Todo un misterio en el que hace unos años se perdió el mismísimo JJ Benítez, de quien curiosamente Jorge Espejo era guía y a quien tuvo que ir a rescatar cuando se hizo de noche.

Tras ver el Candelabro llegamos a las islas Ballestas (tras ver también delfines nadando al lado del bote y pelícanos siguiéndonos). Son islas blancas por el efecto del guano, y negras por todas las aves que viven en ellas. Allí vimos todo tipo de pájaros, gaviotas, pingüinos, pelícanos (de hecho uno fue tan amable que nos bombardeó y nos cagó a todos) y los leones marinos (Marta quería llevarse uno a casa, lo que no sé es por qué no le vale conmigo…).

Y después fuimos a la Reserva Natural de Paracas. Es un desierto de dunas de arena enorme, que acaba bruscamente en acantilados y largas playas de muchos colores. La carretera parece asfáltica, pero en realidad son caminos de sal, para no dañar la zona, que se han ido ennegreciendo con el paso de los vehículos. Es uno de esos lugares en los que te olvidas de la civilización y te podrías hacer hippy y vivir de hacer pulseritas y de pescar el resto de tu vida.

Después de eso y de caminar descalzos por una de las playas (el agua no estaba tan caliente como puede parecer…) nos fuimos a comer a Paracas, marisquito, arroz, pescado…todo excelente (las conchas=vieiras aquí son excepcionales y muy baratas y estamos enganchadísimos). Después,  al hotel a disfrutar de la piscina y del ping-pong antes de irnos a Paracas a dar una vuelta y volver al hotel a cenar con un festival de música criolla y una loca histérica berreando canciones que daban por la tele (nos puso muuuuy nerviosos…).

Al día siguiente, quedamos con el Sr. Espejo para ir a Ica, donde queríamos ir al desierto a hacer boogey o tubular, que es básicamente montar en un coche tipo Mad Max, hecho de tubos, y subir y bajar dunas de arena a lo montaña rusa sin raíles, y sandboard, tirarse de dunas muy verticales en tabla de snowboard (sólo nos dejaron tirarnos a lo Superman, ya han tenido demasiadas clavículas rotas…).

De camino nos contó la historia de Sarah Ellen, una de las amantes del Conde Drácula (según la leyenda, claro), que estaba enterrada en el cementerio de Pisco. Llegó su ataúd por barco a Lima, donde no lo dejaron desembarcar y tuvo que ser bajado y enterrado en Pisco. El ataúd venía acompañado por un señor inglés. Nadie sabía que la lápida estaba allí hasta que un programa de televisión colombiano de fenómenos sobrenaturales lo dio a conocer. Entonces, dado que se pensaba que iba a resucitar, se hizo un ritual por el que todos los brujos importantes de Perú (hace apenas unos años, no hablo de hace un siglo…) se reunieron en el cementerio para hacer un ritual y matar definitivamente a Sarah Ellen. Lo retransmitieron por TV y todo. El santero principal que le iba a clavar una estaca en el corazón a Sara Ellen sufrió un desmayo cuando lo hizo y dijo que la había visto. Un montón de historias entretenidas de las que no se sabrá la verdad.

Llegamos a Ica y fuimos a una bodega de Pisco, donde nos explicaron todo su proceso de destilación. El Pisco viene de la uva, como el vino. Pero lo guardan en unas urnas de arcilla con forma de picos de ave. Pisco es una palabra quechua que significa eso, pico de ave, por eso le dan ese nombre. Y en vez de vino se obtiene el pisco, del que hay varias variantes, hasta 7 tipos dependiendo de la uva que se use y luego también se puede obtener pisco hecho de combinaciones de las mismas, crema de pisco, pisco sour preparado…

Después de una buena cata de piscos nos fuimos al desierto. Era un desierto espectacular, ninguno de nosotros habíamos estado nunca en un desierto de dunas de arena y nos gustó mucho. La ruta empezaba en la laguna de Huacachina, un oasis que aparece en los billetes de 50 soles. Allí cogimos el boogey, hicimos sandboard a mitad de camino (nos tiramos de 4 dunas) y volvimos para bañarnos en la piscina de un hotel. Todavía tengo arena en los vaqueros, pero lo pasamos genial y va a ser un viaje a recomendar.

Nos faltó ver el museo de Ica y las líneas de Nazca, pero eso será otro fin de semana…

6
Nov

Viaje a Paracas – Ica (Preliminar, sólo fotos)

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