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Yunnan: Shangri-La, Lijiang y Dali

29 ago

Después de haber pasado casi 8 horas en un autobús nocturno llegamos a Kunming, allí cogimos otro autobús que nos llevó hasta la ciudad de Shangri-La durante un largo, incómodo y pesado viaje de 12 horas.

Shangri-La, originalmente llamada Zhongdian, se encuentra a 3380 metros de altitud situada en el noroeste de la provincia de Yunnan, es la puerta de entrada al mundo tibetano. Debido a su altitud me habían hablado que podíamos sufrir el llamado “mal de altura”, pero no experimentamos ningún síntoma durante nuestra estancia. A nuestra llegada a Shangri-La, cogimos un taxi que nos dejó en la parte antigua de la ciudad donde se situaba nuestro hostel. Después de hacer el check-in y dejar las maletas, recorrimos todo el casco antiguo buscando un restaurante donde poder disfrutar de la carne de yak (animal sagrado de las montañas domesticado por los pueblos del Tíbet hace 5.000 años)

Después de una exquisita cena en la que no faltó la carne de yak a modo de estofado, regresamos al hostel para descansar.

Al día siguiente a primera hora, visitamos un templo situado en lo alto de una colina, donde todos acudían a rezar sus oraciones. Como el acceso al enorme cilindro dorado que gira sobre sí mismo estaba cerrado, pudimos observar cómo la gente daba vueltas alrededor del templo mientas rezaban sus oraciones.

Desde lo alto de la colina obtuvimos unas espectaculares vistas de la ciudad.

El ambiente tibetano estaba presente en todo momento, calles repletas de plegarias de colores, estupas, mujeres rezando sus oraciones,…

A medio día nos dirigimos al monasterio de Songzanlin, para ello cogimos una especie de bus desde la parte nueva de la ciudad que nos condujo hasta la entrada del monasterio.

Allí compramos las entradas y de nuevo nos montamos en un bus que nos llevó hasta la colina donde se encontraba el complejo monástico.

Durante alrededor de un par de horas visitamos el complejo en su totalidad.

Dentro de los templos se encontraban estatuas de budas y cuadros de todos los tamaños.

 

A la vuelta, ya casi de noche, volvimos a visitar la parte antigua de la ciudad y el templo de la colina, esta vez las luces le daban un toque único.

A la mañana siguiente, después de un duro regateo con varios chinos, conseguimos a uno que accedió llevarnos a Lijiang por el módico precio de 350 yuanes (unos 35 euros), un largo camino de 400 kms y con parada incluida para ver la Garganta del salto del Tigre. Nos quedamos con las ganas de hacer un trekking debido a la falta de tiempo.

Por la tarde llegamos a Lijiang, la parte antigua está formada por un entramado de calles empedradas, atravesadas por puentes y canales rodeados de sauces llorones e hileras de linternas rojas. Gracias a que es Patrimonio de la Humanidad ha mantenido el estilo arquitectónico antiguo de las casas.

Durante toda la tarde-noche nos perdimos por el laberinto de callejuelas serpenteantes repletas de tiendas, en las que se vendían todo tipo de souvenirs. Antiguamente estas tiendas eran puestos naxi (grupo étnico que habita las laderas tibetanas).

A la mañana siguiente, gracias al madrugón disfrutamos de sus bonitas y solitarias callejuelas.

A media mañana decidimos visitar  Baisha, un pueblecito muy pequeño que bajo mi punto de vista no tenía ningún encanto. A nuestro regreso decidimos visitar el Parque del Estanque del Dragón Negro, ya que nos lo habían recomendado y aparecía en multitud de postales. Cual fue nuestra sorpresa que cuando fuimos a entrar nos pedían 120 yuanes por persona y no admitían ningún tipo de descuento por carnet de estudiante. Hartos de tener que pagar por todo, decidimos verlo en postal y aprovechamos la visita para dar un paseo por los alrededores del parque.

Cuando regresamos al hostel, hablamos con la recepcionista para que nos reservara los billetes de autobús Dali. Dimos una vuelta y cenamos en uno de los restaurantes cercanos al hotel.

Llegamos a Dali alrededor de las 14.00 horas después de tres de horas de trayecto, dejamos las maletas, y después de unas cuantas recomendaciones por parte del personal del hostel, decidimos dar una vuelta por la zona amurallada visitando cada una de las diferentes puertas de acceso al casco viejo, lleno de calles adoquinadas y tiendas de souvenirs similares a las de Lijiang, pero algo más dispersas. Cenamos en una zona de restaurantes de comida local bai (minoría étnica), donde había gran variedad de setas.

A la mañana siguiente con las pilas cargadas después de un buen desayuno, decidimos hacer un trekking por el Zhonghe Shan (monte Zhonghe), después de subir en funicular recorrimos una maravillosa caminata de unos 14 kms desde el templo de Gantong hasta llegar hasta el templo de Zhonghe, por el camino disfrutamos de unas espectaculares vistas a pesar del mal tiempo.

A la vuelta recogimos nuestras maletas y pusimos rumbo a Kunming, donde teníamos el vuelo de vuelta a Pekín.

A continuación os dejo mi opinión de estas tres ciudades, para que en el caso de falta de tiempo, tengáis algún referente.

Shangri-La, es una ciudad en la que se respira una impresionante tranquilidad y un maravilloso ambiente tibetano. Muy recomendable, en algunos momentos parecía como si el tiempo se detuviese.

Lijiang, se trata de una ciudad increíble para disfrutar un par de días y desintoxicarse de las grandes y contaminadas ciudades chinas, siempre que evites las temporadas en las que hay agobiantes multitudes.

Dali, tiene algo menos de encanto que Lijiang, aunque también es bastante menos turística, los alrededores de Dali son un emplazamiento impresionantes puesto que se sitúa entre el lago Erhai y las montañas.

Yunnan es una de las provincias con los paisajes más heterogeneos y mágicos de China, además de contar con gran cantidad de minorías.

 
 

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  1. Robert

    20/01/2012 at 23:55

    Que pinta! Me parece que ya se donde planificaré mi siguiente viaje largo! Por cierto, vaya fotazas! Eres un genio!

     
 

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